Vivir alude a lo que no nos concierne. Es de otros la trama fiable: lo nuestro es ardid, tentativa, muelle que no disipa la elocuencia del objeto al que obstinadamente encomienda su naturaleza disuasoria. No nos incumbe prácticamente casi nada: lo efímero tal vez, lo que espontáneamente acaece: el ruido de la lluvia cuando ha dejado de llover, la luz ocupada en desbaratar la sombra, las horas concedidas para volver al lugar desde donde partimos. Ese tiempo en el que uno disfruta con lo que no comprende es el único que merece ser salvado.
20.1.21
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