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6.9.20

Los caballos en Béjar



 

Mis caballos están en la mesa de trabajo y de lectura de mi amigo Luis Felipe Comendador. Me ha dicho que los lee "con hambre" y le gusta que haya un texto cortito con dedicatoria. Junto al Zippo (del que no se separa nunca) y el viejo Mac en el que habrá escrito algunos de los mejores poemas que este poeta pequeñito haya leído. Está bien mi libro entre esos objetos sentimentales: el Zippo, el Mac, el Winston, el cenicero ejerciendo de cenicero a destajo y los libros (Ezra Pound, qué bien, qué loco estaba, a la vera del mío). Vino desde Béjar a Lucena a leer poemas de su Galería de estrafalarios (al delicado cuidado de Jacob Lorenzo) y a contar cosas del orden del mundo, que está ahora un poco sin brújula. Habló de vida, aunque la trama que hila esa galería sea la de los poetas suicidas, cosas suyas. La poesía hará que todo acabe ensamblándose, una pieza con otra, una vez y otra, en una danza infinita, de eso hablamos en una terraza con un café, antes de que empezara el acto, o a lo mejor fue otra cosa, pero yo entendí eso, cosas mías. Además de escribir tan bien, qué bien recitó sus poemas. Me dijo que ojalá pudiera recordarlos, no contar con el libro en la mano, poder decirlos como el actor que ejecuta un parlamento. Que la memoria, serán los años, ya fallaba. Será lo único. Leyeron con magisterio José Manuel Pozo Herencia y Antonia Jim Rod, y presentó con soltura y emoción Jacob Lorenzo. Un clavinova y un violín (magníficos ejecutantes) hicieron que no faltara la alada música.




19.5.20

Reseña de "Caballos perdidos en la tormenta"

Hoy hablan de mi libro por aquí. Se siente uno azorado, turbado por las elogiosas palabras. Feliz porque mi criatura tome vuelo y se lea. Para eso se escribe. Gracias, José Luis.
Los caballos trotan. Clicar aquí para leer.




4.5.20

Mi nuevo libro / Caballos perdidos en la tormenta


La aventura de escribir se parece a veces muy poco con la de publicar. Son dos disciplinas hermanas que no siempre congenian. Hay más libros escritos e invisibles que publicados y tangibles. La amabilidad de José Luis Trullo, editor (y amigo en adelante), ha permitido que este humilde escribidor tenga una nueva criatura en las librerías. No son los mejores tiempos para traer libros al mundo, hay ahora muchos obstáculos en la publicación de cualquier libro, pero no podemos hacer otra cosa, salvo la acostumbrada, avanzar, pensar que volverá la normalidad, la que posibilite que pueda hacer una presentación en Lucena. La idea de juntar en mi Biblioteca, la de mi pueblo, a amigos e interesados en la cultura (en mis amigos coincide la segunda circunstancia alegremente) me produce una satisfacción enorme. Cuando suceda (pensemos que pueda celebrarse en un breve espacio de tiempo, pero no sabemos nada) haremos una pequeña fiesta. La cultura es una fiesta siempre.

Caballos perdidos en la tormenta es una especie de dietario, una recopilación de textos en los que me cuento. No sé si esa narración dispersa y entusiasta ha hecho que lo entienda mejor, pero me las voy ingeniando para no desquiciarme del todo. Escribir es un mecanismo de defensa. Ojalá leer mi libro lo sea también.Sus 144 páginas me hacen enormemente feliz.  Haremos su puesta de largo y se dará cumplida información del día y de la hora. Esa fecha debería estar al caer o haberse realizado a estas alturas, pero las circunstancias impiden que la realidad y el deseo matrimonien a conveniencia de quien escribe y de quienes (espero) tengan a bien adquirir la obra y llevársela a casa. No habría sido posible ese viaje (el de mis palabras hacia otro lugar, el de la literatura) sin la confianza de mi buen editor, que me ofreció la posibilidad de que el libro viese la luz. Él es el responsable de este desatino tan hermoso. Soy afortunado en gente que me aprecia y tengo cerca, en amigos siempre atentos a cualquier cosa buena que me pase (en las malas demostraron con colmo que estuvieron ahí, consolándome). A ellos les pido que guarden el deseo de compartir conmigo una tarde de afectos y de letras, de amistad y de literatura. Ahí tendremos libros que adquirir y que firmar. Ojalá pudiésemos darnos esos abrazos que echamos en falta, va a ser que no, pero quién sabe. Ojalá no se dilate mucho ese anhelado día. Ojalá os guste.

Para quienes viven fuera de Lucena y quieren adquirirlo, podéis haceros con él en la página web de la editorial Cypress  Para quienes sois de los familiares y cercanos, os espero en la Biblioteca, allí están vuestros libros esperando. Suena bien eso. María Teresa Ferrer hará de espléndida anfitriona y mi buen amigo Pedro del Espino hará de inmejorable presentador. Os mantendré informados para cuando se nos permita ese bonito dispendio sentimental.


Todas las mariposas

  Nabokov buscaba mariposas cuando no escribía. No hay nada en su literatura que haga pensar en mariposas. Nada cuando las cazaba que filtra...