Está todo limpio y una esperanza adorna la estancia. El vaso de leche está vacío y le han dado unos mordiscos a un polvorón. Al abrir las ventanas, el cielo ofrece un fulgor brevísimo. Lo he visto. Es un regalo ese fulgor.
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Hago a pie el camino que va de mi casa hasta el colegio en donde trabajo. Apenas me ocupa cinco minutos, diez si voy sin prisa, lo cual su...
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