18.1.21

Dietario 18

 Sólo se consigue ternera hoy en día de forma deshonesta. Lo dice un personaje de El quinto sello, la película de Zoltan Fabri a la que volví anoche no sé cuántos años más tarde, por indirecta recomendación de alguien cercano y fiable o afín en gustos, también podemos decir vicios. Lo de la ternera, nada más abrir la cinta, me causó una impresión hondísima, de esas que no sabes razonar o que no debes razonar, pero te afectan, te hacen pensar en qué mundo vivimos y de qué mundo venimos, a pesar de las restricciones y de la pandemia, de las guerras invisibles y de la esclavitud de la redes sociales, con su penoso peaje moral, el que paga uno por estar en el baile y no perderse nada de lo que sucede, en fin, ustedes ya me entienden. Era una época terrible, imagino, la del final de la Segunda Guerra Mundial en la Budapest que traicionó a Hitler cuando comprobó en carnes propias (se dice así) que algunos países no eran buenos para continuar adelante y sacar cabeza o como se diga. Ser un déspota o ser un esclavo, vendría a ser la trama de la obra, aderezada con otras tramas de narrativa menos trascendente. Creo que la vi en el peor momento en que se puede ver una película difícil, tal vez el mejor, el menos trabado por la experiencia, pero la guardé hasta que (ah, grato azar) tuve la enorme alegría de recuperarla y disfrutarla mucho más que entonces. El cine oculto, el invisible a veces. No es, sin embargo, antiguo, en el sentido de gastado: se ve que está escrito con pulso actual. Tal vez no estemos sino repitiendo patrones, da igual cuánto tiempo pase, formulando en presente lo que ya fue contemplado en el pasado.


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