11.1.24

El invierno ruso


                                                                        





En la gran literatura rusa los trenes
descarrilan en lo más hondo del hondo invierno. 
Coges una novela rusa y se te hielan las manos. 
Primero notas el frío escalarte el brazo 
como una malla de agujas, como una lagartija infinita 
que anhelara comerte el alma. 
El frío es un pájaro ciego. 
La nieve, su vuelo muerto.
Todos esos personajes de la gran novela del frío ruso son fantasmas que el invierno
escogió para ocupar sin fatiga 
los anaqueles de su república de hielo. 
Los ves venir de lejos, tiritan, 
les castañetean los dientes, gimen, danzan 
con los pies desnudos, con la boca rota. 
Luego intimas con ellos, los conoces, 
asistes a la representación de su tragedia 
y buscas con ansia, con fervor, con fe
algún fuego que te repare el alma.

                    Ilustración / Nadja Kuznetsova

No hay comentarios:

El don de la tristeza / La utilidad de un cuenco vacío / Alfonso Brezmes

  I Debe haber una manera de que todo lo malo que nos suceda no prenda, no hiera, no rompa lo que antes fue alegría, esplendor, vida, en sum...