La admiración proviene de la humildad. Quien mira con fascinación reconoce la grandeza de la belleza o de la inteligencia. Curiosamente la RAE da una acepción doble a la entrada fascinación. Una la promulga como engaño, como ilusión, como alucinación. La otra, de uso más extendido, fija el embeleso, la seducción, el encantamiento, términos que propician la participación de la magia, que no deja de ser engaño, ilusión, alucinación. El fascinado sin interrupción está probablemente enfermo de inocencia. Su gratitud es mecánica; su humildad, una debilidad del espíritu. El pobre Sócrates, enamoradizo, enardecido, convicto de los primores elementales de la realidad, confía a su mochuelo el deslumbramiento que lo ocupa. Él rebaja esa fogosidad. El frenesí es un artificio de los corazones sobreimpresionables. Likes de la Grecia Clásica.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Breviario de vidas excéntricas /41 / Petra Lafargue
Aquejada de terribles jaquecas, retirado el menstruo, dolida por un desengaño amoroso, a Petra Lafargue un facultativo de reconocidas incli...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Hay vida después de las novelas históricas, aunque las estanterías estén secuestradas por dinastías y pasillos secretos, por cetros perdidos...

No hay comentarios:
Publicar un comentario