El fragor del agua en su cauce es el vértigo de la tierra. El nudo en el corazón del que se echa en ella y escucha el discurrir del agua es su fiebre. Un desorden pautado, un ritmo sin censar. La música extravía su caudal de estrago y de dulzura “como un farol de papel que flota locamente en la noche” y ahí estaremos los dos para que la melodía no se pierda en el aire y la engulla el tiempo.
25.11.22
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Jazz / 1 / Joe Pass
La idea de que este excepcional hombre no hubiese existido (eso entra en lo normal, no requiere excesivas maquinaciones del azar) me afect...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Yo siempre tuve la idea de que La noche de los muertos vivientes no era únicamente la película de zombies en blanco y negro que tozudamente...

No hay comentarios:
Publicar un comentario