Por mero ejercicio inútil tañe el agua, cincela un soneto en el tumulto de la sangre, convoca el numen de los cuerpos celestes. Crees no dar con qué talar el aire cuando todo es bosque y la mano escudriña la sangre por si no prospera en su cauce, pero un heraldo de luz comparece. Así la poesía traza en lo invisible su tangible dibujo de esperanza.
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