Consternarse es sentirse humano. Hay quien no se consterna nunca, no consiente la fragilidad, todo lo que de la pena ajena nos concierne. Afligido, el corazón se sublima, da de sí lo que en la alharaca de la felicidad no alcanza. Tiene el dolor esa virtud, la de crecerse en el abatimiento, la de erguirse cuando se abate o se fractura. Toda esa pesadumbre a la que no se le ajusta casi nunca un lugar conviene a veces. Hoy mismo me ha perturbado el vuelo imposible de un pájaro pequeñito en la misma puerta de casa, apenas una criatura echada a la realidad, casi nacida horas antes de que mi atención la fijara y me produjera cierta tristeza. Tardé poco en hacer que se desvaneciera, quizá lo hice adrede, no deseé que la imagen me acompañara. Tal vez lo que de verdad me dolía era no saber si yo mismo estaré en alguna tentativa de vuelo que no se me ha concedido. Si alguien me mirara con la misma ternura y se consternará al verme desvalido.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Breviario de vidas excéntricas/ 9 / Azucena Novaferro
Perdí el virgo con un capitán del Tercio de Flandes en un descuido cuando iba a la fuente de mi pueblo a llenar un cántaro de agua. Era a...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Hay vida después de las novelas históricas, aunque las estanterías estén secuestradas por dinastías y pasillos secretos, por cetros perdidos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario