13.8.22

225/365 Franco Battiato

 



Para Francisco García Gasco. Una vez  (consta que en verano de 2012) me dijo que Franco Battiato era un dios italiano.


“Yo prefiero la ensalada / a Beethoven y Sinatra. / A Vivaldi, uvas pasas, que me dan más calorías”

F.B.

 


Fueron los cíngaros del desierto. Bailaban con candelabros encima. Los ángulos de la tranquilidad no siempre están al alcance. Ni en las nieblas del norte, ni en los tumultos civilizados. Los días que pasan no siempre traen paz. Ni siquiera puedes encontrar refugio en el crepúsculo. Tal vez sea al final del camino. Ahí ha llegado el gran Franco Battiato. Las almohadas de la tierra. La dimensión insondable. Las canciones egocéntricas. Un viento a treinta a grados bajo cero. La experiencia sensualísima de ver bailar flamenco. Los continentes perdidos. El animal que todos llevamos dentro. La espera al cónsul italiano en la casa antigua y noble. Hay quien se pone unas gafas de sol para tener más carisma y sintomático misterio. A veces un temporal no nos dejaba salir. La estación de los amores viene y va. En las calles era mayo y caminábamos juntos. Free jazz. Punkie inglés. Monserga africana. Over and over again. En la baja Padana, en verbenas de verano, la gente anciana danza viejos valses vieneses. Somos pasajeros anómalos en un viaje místico. Nos mira un monje birmano: tiene los ojos atravesados por una luz que no se va nunca. Pensar en cómo se ha malgastado el tiempo. Seguimos siempre en ruta en diagonal por la vía láctea. Un día por la perspectiva Nevski me encontré por azar a Igor Stravinski. Mi maestro me enseñó qué difícil es descubrir el alma dentro de las sombras. Se buscan por instinto las pistas de cometas como vanguardias de un nuevo sistema solar. . Había nieve en Berlín Este. Un viento a treinta grados bajo cero barría las desiertas avenidas y los campanarios. Los orinales bajo el lecho. Qué difícil es descubrir el alma dentro de las sombras. Over and over again. 


Battiato hablaba con los dioses griegos. Leía escritura cuneiforme. Soñaba imperios babilónicos. Amaba con ese afán de los primeros navegantes del Egeo, que es donde nació el primer aliento del hombre. Llevaba gafas de sol para tener más carisma y sintomático misterio. Componía versos sobre la pornografía grecorromana. Cuerpos que danzan al ritmo de siete octavas. El día en que murió el Etna llenó el cielo de Sicilia de una ceniza carmesí. Es de poetas hacer que la tierra se conmueva cuando parten. Battiato era de otro tiempo, aunque usara el pop para entonar su cántico universal. Pop sin las ataduras del pop. Pop hecho a la medida de un bardo eléctrico y tribal, religioso y clásico. Escribo a la vez que canto. Andará el gran Battiato buscando su centro de gravedad permanente. Hubo un tiempo en que mi banda sonora fueron sus canciones. Italiano y español. Español e italiano. El mal de África. La hermosura de perderse en un milagro. Qué más puedo recordar. Me vienen (atropelladas) las letras. Temo perderlas. Si las pierdo será cuando haya muerto definitivamente

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