7.3.26

Breviario de vidas excéntricas / 7 / Los Argüelles


Padre

Mi padre ha tenido siempre gesto de gárgola. 


Padre 

A mi padre lo apresaron en la guerra por escribir pasquines, por llamar a la rebelión, por poeta comprometido, por heraldo de la luz cuando la sombra acude. Su voz era un aleteo de ángeles o de insurrectos. Las mozas bizqueaban al oírle declamar en juegos florales y en verbenas de barrio. Los rebeldes aprendían de memoria las soflamas de la revolución. 


Madre

Está la madre en el zaguán cosiendo unos calcetines. El dedo gordo de mi hermano ha ido por libre. Es un tomate, así le llaman. Por el dedo rojo estrangulado será. Tienes que cortarte las uñas, ya tienes edad. Una no puede gastar la mañana en tus cosas, bastante tengo por hacer. Está la casa manga por hombro. Nos va a comer la mierda. No doy abasto. Acabaréis conmigo. Ayer tu padre llegó con un siete en el pantalón, dice que no sabe cómo se lo hizo. Sería una pendencia en la taberna, qué sé yo, él no cuenta, no le conviene. Está siempre a lo suyo. En sus poemas. En arreglar el mundo. En faldas. En sietes. 


Nosotros

Una vecina se para en la puerta, la cruza, no es la primera vez, esas cosas pasan. Las puertas, si no están cerradas, dejan de ser puertas. Son entrometidas sin que se aprecie la intromisión. Ejercen su oficio con pulcritud. Llevan años practicándolo. Que ayer te echamos en falta, la Luisa ha dicho que hoy a las nueve sacamos las sillas, tenemos que pensar lo que vamos a hacer para el domingo. Sacar las sillas es tener palique hasta que vence el sueño en las noches de verano. Lola, la casa te va a comer, deberías arreglarte un poco. Hay hombres que te miran todavía con deseo. Haz que te miren. Que les duela mirarte. Qué poco os miráis los Argüelles. Todavía recuerdo a tu madre. Ni para morir pidió que le pusieran un vestido bonito. Los días corren como las nubes. La madre contesta con la cabeza, ni la mira siquiera. Sí, ha pensado. Irá sin ganas, nunca las tuvo. 


El cura

Hay que arreglar la iglesia. El cura se fija en esas cosas. No hay cuartos. Habrá que hacer algo, alguien tendrá que poner los suyos. Eso dirá, esos nos dice. Tendrá quien le zurza los calcetines cuando las uñas se pongan levantiscas y den trabajo. Dios descuida las uñas de sus apóstoles. Lleva el párroco un año en el pueblo y se le ve poco. Hace unas homilías preciosas. Qué voz, qué claro primor en el aire casto del templo. Eso dicen. Una vez llamó a casa. Huele toda la calle a gloria, señora. Tiene usted en la cocina la mano de mi santa madre. Le pusimos un plato, pidió otro, bebió sin descomponerse, hasta festejó la bondad de la tierra al dar el vino al hombre. Me miró como no creí que pudiera mirarme. Tras el postre, se encendió un buen puro y apestó la casa. Papá no es de iglesia y no abrió la boca. Lo miraba aviesamente, pude apreciar. Hacía gestos que lo delataban. Yo aporté los míos. Nos faltó cogerlo del brazo y ponerlo en la calle. 


Las vecinas 

Si no estuvieras con esas chismosas que tienes de vecinas, tendrías tiempo para arreglarte un poco. La Luisa es un veneno, acabará por enfermarte. Se le va la cabeza. Te ha elegido para el palique del verano. Les dan las tantas. Madre calla, otorga. Hoy me duele la cabeza, no estoy para pensar mucho. Ahora tiende arriba la ropa. Da el sol. La luz se enseñorea en el aire. Ella se queda como ida, está bonita con el resplandor de la tarde dorándole el pelo. Tarda siempre en bajar, creemos que abajo todo le cansa, creemos que ha encontrado un sentido al danzar loco de las nubes. Cualquier día me voy, dice a veces si él no está. 


La prima

Tengo una prima que me escribe. De pequeñas, soñábamos juntas. Era cerrar los ojos y cogernos las manos para que de pronto todo cobrara sentido. Las aguas con su secreto. Las montañas con su misterio. La preñó el boticario en un descuido, eso dijeron, no lo sé yo bien, no me entero casi nunca de las cosas, me las tienen que contar despacio y yo debo prestar la atención de la que a veces no tengo resuelto desempeño. Madre dijo que la criatura tendría gesto de gárgola. Ni la vimos irse, no ha vuelto. Tiene la letra bonita en las cartas. Hace las mayúsculas con una soltura parecida a la de la madre cuando tiende la ropa o cuando barre el patio. Juega con las palabras, las abraza. Parece que se incendia el pecho cuando se leen. Como si un aleteo de ángeles nos condujera hacia un lugar hermoso. Nosotros la recordamos como si fuese también un ángel. Ella hace que el mundo gire. 


Padre

El padre no mira el cielo, está ciego, está sordo. Huele a barro. A escombro. A humo rancio de tabaco. A mujer. A compadres de taberna. A sudor de animal cansado. 


La hermana

La hermana dice que saque a madre de paseo. Está arriba, le digo. Ha subido a tender la ropa. No bajará.

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