Hay pocas alegrías que rivalicen con la de ver un libro tuyo por primera vez, salvo (se me ocurre) la de contemplar la cara de un hijo. Cada uno tendrá caprichosamente las suyas. No sé los demás que la han vivido, pero yo tomo el libro a peso, considero su volumen, escudriño la tipografía del texto, me embeleso (es el caso aquí) con las ilustraciones del interior o apreciando el tacto de su portada; hasta lo arrimo a la nariz y considero el olor de sus páginas. Hago todas estas cosas con deliberado cariño. De pronto, adquiero de él una propiedad absoluta, casi corpórea. Durante unos días, el libro ocupa conversaciones: suceden sin que sepamos si alguien lo cita con afecto o si tan sólo refiere que existe o, menos favorablemente, que le gustó poco o nada. Después de ese acto de amor, el libro obra un extraño prodigio: el de desprenderse de quien lo hizo. Es deseable que se aleje. Que tenga vida social. Que se lea. Este libro de aforismos sobre jazz nació por encargo y creció por amor a la literatura. Permitidme estos días que reitere mi Alegría. Gracias a los que se alegran por mí. Es del lector todo lo que ocurra.
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Alambique de ala rota
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1 comentario:
Felicitaciones de corazon por ese libro!!!!Que lindas palabras para definir ese sentimiento de tenerlo fisicamente, seguro es asi.. Exitos muchos!!!! Un abrazo grande Emilio y muy buena semana!!!
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