18.8.22

Construcción de la espuma

 


 Llueve ayer como si de verdad mentir fuese cosa de la lluvia. Llueve en mi memoria con menuda insistencia de barro. El cielo es una novela lenta. Las nubes se reservan una parte de la trama. Yo tengo la mirada perdida y Kim Novak baila una canción que no oigo con un discreto tumor en los ojos. Tengo la mirada turbia y Dios no ha venido a darme consuelo. Tengo la mirada rota y el aire quema como un salmo en la sangre. Tengo herrumbre en los ojos. Están abandonados los ojos. Dos páramos yertos. Ese fuego puro, mando, pálido y humilde no me consume ni hiere. Estoy frente al puro infinito y esta quietud no alienta prodigios. Es la plenitud o es el vacío y un ángel me invita a que lo abrace. Kim Novak bajo un cielo de números primos respira adentro mis palabras. Kim Novak cuando todavía no se teñía el pelo ni subía a campanarios. Dios respira Kim Novak y pronuncia a lo lejos el vértigo de mi carne. Estoy con Dios en los pulmones pero mi voz tiembla y se desquicia. Mi madre observa el insomnio y un cansancio dulce me invade. Los años acaban por delatarse y el amor tiene esta noche vocación de desagüe. Mi madre con un zapato en la boca y olor a gasolina. Mi madre tiene cien años y habla con endecasílabos. Contempla un cielo de altos anaqueles. Un cielo con hondura de libro. Habla como si la escuchara Dios. Jimi  Hendrix  suena desde unos Yamaha en el pub Tempo en 1991. Siempre que escucho a Jimi Hendrix me viene a la cabeza Charlie Parker. Los dos están en un antro. Beben con ternura. Conversan sin palabras. Se están montando un número para costearse los vicios. No hay quien se crea de verdad que Jimi Hendrix pudiera morirse. No hay quien se crea de verdad que Charlie Parker pudiera morirse. La muerte es una cosa que sucede siempre ayer. La vida dicta severas instrucciones de uso. La pasión escancia su lenta orfebrería, su palabrería oxidada  y sus febriles besos. La vida jadea en conciencia su libro de pétalos, su luz mordida, su eco trémulo. Un tren de algodón descarrila en un sueño. Nubes tocadas de tragedia cubren los ojos de los muertos. El aire es una voluta barroca de lágrimas. Al alma la astilla el tiempo. Solo se puede amar a Kim Novak cerrando los ojos. Queda noche para beber más bourbon. Detrás de las efemérides hay siempre un gota de sangre de pato. Mi madre la mira sin saber qué hacer. Si guardarla en un tarro y olvidarla en un cajón o bebérsela mientras yo acabo el texto. La espuma de los días. El oropel de las sombras. Llueve sin consideración ni ternura. Como si de pronto llover fuese un lamento que el cielo cursa en el aire para que sea posible el mundo. Es de hierro la lluvia. Pesa como un salmo. 

No hay comentarios:

Chomsky todavía

 Ayer, al saber que Noam Chomsky había muerto, sentí una punzada de tristeza. Recordé los años mozos (y bien mozos que eran) en los que la f...