14.2.21

Una distracción dominical



 Se pregunta hoy Manuel Vilas en El País si Hegel, siendo tan inteligente, de verdad creía en Dios. Hace esa reflexión que de pronto piense yo si no sería al contrario y para ser creyente fuese reemplazable la inteligencia y pudiéramos sobornar a la razón con los primores del espíritu, que es una instancia más alta y no condesciende a enunciarse con parámetros estadísticos o con argumentos cartesianos. Tal vez Hegel usase la inteligencia para cualquier disciplina, salvo para ejercer de teólogo, que es un oficio de metáforas y de tentativos de infinito. Esa belleza en el error, insiste Vilas. La de considerar que hay asuntos a los que no podemos acceder con las herramientas de las que disponemos o que la palabra, el más perfeccionado, el que más alcanza y más ahonda, tampoco es válido y flaquea cuando le toca hurgar en la naturaleza de la divinidad y en los trajines de su etéreo influjo. Porque a Dios se llega a ciegas o no se llega y sabemos, tras siglos de Historia, que hay que abrir los ojos para avanzar o que, al cerrarse, nos trabamos, perdemos el norte, como se diga. Luego Vilas hace una de sus gracias y propone que, de tener una banda de rock, la llamaría Hegel. Yo, de tener un perro, le llamaría Kierkegaard. Barajaría Nietzsche, pero a ver si me sale nihilista y le da por negar cualquier autoridad. En fin, como no entra que me agencie un perro, una preocupación menos. 

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