La vida es un acróstico y a veces se resuelve a su retórica manera al reemplazar el significado del todo por la combinación de algunas partes que, leídas con la obediencia aprendida, respetada su consigna vertical, informan de un fragmento de lo real, no su compleja sustancia, sino un hilo tierno o brusco al que el azar nos empuja y que gobierna la línea entera. Hay días en que puede levantarse uno con el empeño torcido y de ahí provenir todos los males que concurran en su transcurso. También días espléndidos por haber sido iniciados con una dicha o un episodio alegre o pleno en bondad. Hay salmos bíblicos que cuentan con el acróstico para formular una palabra o una frase a la que, por ese procedimiento lúdico, se le da una relevancia mayor, si no toda la relevancia, como si el resto de la composición dependiese enteramente de la interpretación de ese mensaje velado o como si se transcribiera un saber oculto, ofrecido a quien sepa traducir su engaño.
12.8.23
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