Al ojo sólo le incumbe ver, ese anhelo es su único propósito. Lo que lo mirado ahonde no es cosa suya, hasta se declara inhábil para procesar las imágenes, que serán meras herramientas para que su oficio no caiga en el desánimo y todo se difumine o acabe cegado. También el corazón desoye las instrucciones de la razón y se encomienda únicamente el trasiego de la sangre, que es flujo lírico, un poema invisible, el cielo para quien lo sabe. No cae en ese desánimo el corazón: persevera con absoluto afán, se desautoriza a la desobediencia, tan sólo percute, percute y canta. Como un salmo en mitad de la noche.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Jazz / 12 / Robert Johnson
Al diablo no se le tutea, no se le ofrece posada, asiento en la casa, ni siquiera entra en lo prudente que intimemos con él, nombrándolo, ...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
El Circo del Sol es adictivo. Hoy al salir del Grand Chapiteau he pronunciado esa frase. La repito mientras escribo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario