21.8.23

Elogio de la sinestesia



Oír la luz medrar en el silencio como quien ve cómo cruje el aire si lo abate el ruido. 

Tocar el alma cuando se enmohece o se recama de un huidizo fulgor que tímidamente la consuela. 

Oler los azules del mar al tocar en el horizonte los del cielo, su fugacidad sin alarde. 

Paladear la rota eclosión del musgo en la piel de la sangre. 

Ver el tiempo expandirse como una flecha loca por las palabras. 

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