12.1.25
Historietas de Sócrates y Mochuelo / 10
Con tal de que tu libertad no malogre la mía, estoy dispuesto a defender ambas con idéntico empeño. Esa podría ser la sentencia que nos librara (no es un juego de palabras) de la injusticia o de la barbarie. De lo que no hay manera de zafarse es de la verdad encerrada en eso de creernos libres. Puede albergarse la esperanza de que actuemos libremente, sin que se nos coarte o censure, sin trabas a que el deseo que nos anima se manifieste y logremos algún tipo de satisfacción de índole moral con la que convivir con los demás. Y sí, pecamos de ingenuos, lo digo yo y lo dice Mochuelo, al que se le da hacer banal lo que no debería serlo y, sin embargo, él también peca de esa bondad del espíritu que es la inocencia. No está bregado, vive en otro mundo, desconoce la bendita virtud de probar y de equivocarse, de no saber qué es el atrevimiento que antecede al fracaso.
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