8.12.23

Los pájaros de luz, la música del fuego

 



Llevaba media vida sin volver a la Mahavishnu Orchestra. Hoy me puse Birds of fire, el disco del 73. Lo tenía un amigo que iba de los boleros a la canción protesta, sin desatender el pop insulso de los ochenta (hubo, a pesar de la mitificación reciente) o la música de cámara de Brahms. Me parecía admirable que su abanico de géneros fuera tan amplio. Yo en esos años era de rock progresivo y algunas incursiones primerizas en el jazz. Era la edad más agradecida de todas de las que uno pueda disponer. Cualquier novedad era recibida con el entusiasmo propio de quien ha comprendido que sin abrir muchos los ojos y las orejas el mundo es un asunto gris al que no hay que prestar otra atención que la de la costumbre. La juventud, aparte de un divino tesoro, es un pozo sin fondo, una habitación vacía a la que se arriman muebles sin concierto. No cuenta ordenarlos, darles el sitio en el que permanecerán hasta que el operario inspirado decida retirarlos o darles otra residencia estable. Tantos años después, tantos discos de John McLaughlin escuchados, me entusiasma esa época novicia en la que el jazz y el rock se ensamblaron. No sé si crearon un monstruo o un ángel. Hay piezas de su repertorio que duelen: sientes que se te está violentando, obligándote a sufrir una especie de tortura sonora, pero una vez que has aceptado la aventura melódica ( a veces tan costosa), uno sale absolutamente reconfortado. La buena música no requiere adiestramiento, cumple su cometido a poco que quien la escucha encuentra un vínculo entre lo escuchado y lo anhelado, entre la nada y la luz. Hoy he celebrado la mañana del día de la Inmaculada Concepción con el señor McLaughlin y el señor Cobham (qué batería más cumplidor, qué prodigio). Debe ser una anomalía de mi ubicación en el mundo. Hay quien sale a pasear o va a misa o está de puente en alguna ciudad nórdica, pero este sensible y obsequiado obrero de sus vicios se ha dedicado a escribir (unos poemas, un cuento, un no sé qué es que me ha gustado muchísimo) mientras los pájaros de fuego han izado el vuelo y se han marcado una coreografía extraña en el aire. 

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