3.6.21

Felones

 Tiene felón en su acuñación fonética un fajado aire de cosa contundente, de verdad por encima (paradójicamente) de la misma semántica de la palabra. Es felón el que omite o descuida la fidelidad a quien le encomienda un proceder y lo desobedece. Traer el vocablo traidor o, más inclinado a su acepción en inglés, criminal, el que comete un delito, es reducir su amplio campo de influencia. Felices felones hay por doquier: obran sin miramientos, pervierten el empeño que se les dio y, finalmente, prosperan en el mal y sacan de él cuantioso rédito. No se arredran cuando se exhibe su falta: hasta la airean con perplejo orgullo. Diría uno que han pensado en la bondad de sus actos, como si pudieran tener alguna. Dicen y se desdicen; maquinan y se retraen; actúan de incendiarios y más tarde de bomberos: he ahí la voluble materia del felón. No tienen ni conciencia de su delirio. Ofrecen una imagen nítida, pero en realidad esa imagen fluctúa, da borroso el trazo. También el felón que ignora su condición y medra en el oficio con ignorante eficacia. Desleales hemos sido todos alguna vez, pienso ahora. Adrede o sin propósito. Traidores a posta o a ciegas. Desleales a nosotros mismos, por qué no. Se levanta uno con un motivo firme y desoye ese aviso. Cuántas veces eso y con qué débiles tentaciones. Se cae con nada que nos tienten. La frágil voluntad acude y se retira. Vence el felón, su querencia a dejarse caer afuera de su lugar previsto. A ver en qué marro hoy y cómo me aparto.

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