Parar a tiempo. Mejor ahora que más tarde, dijeron, eran dos los que dieron en coincidir en la sentencia. Esa música tenía: la de máxima, con su voz impostada y hasta su gesto cooperativo. Lo escuché ayer y de pronto me vi pensando en qué habría podido detener yo que, caso de que continuara, me afectara o me rebajara o peligrase cualquier otra consideración favorable de las circunstancias que lo cercan a uno (imprevistas o buscadas) y con las que se maneja para seguir avanzando. Alguna hay, razoné. Cosas que requieren ser censuradas o apartadas o reservadas para mejor ocasión, esto último en previsión de que decidamos volver a ellas, no creer que nos afectarán o rebajarán o harán que peligre algo a lo que no deseamos mal alguno, pero por otra parte, qué sensación de vida completa la que surge de esa zozobra, la de no saber, la de tantear, la de sentirse tentado y convidarse a la incertidumbre y seguir ahí hasta que algo a lo que no sabremos nombrar nos hace recapacitar (qué gris y qué triste a veces ese verbo) y no continuar o ni siquiera empezar algo. Es tan complicado vivir. Tan sencillo también.
19.6.21
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Una flecha de oro
Ser metafísico tendría que estar absolutamente de moda. Hay que postularse en la metafísica. Exhibir músculo metafísico. Escribir alejandr...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Tinto Brass , en cierto modo, es un viejo verde con una cámara: uno del tipo que cambia los Anales de Tácito o las Obras Completas de Giaco...
No hay comentarios:
Publicar un comentario