Hay canciones de Neil Young que duran nueve minutos cuando podrían durar para siempre. Lo que sorprende es que haya un motivo que conmine a los músicos a cerrarlas. No tenemos ni idea de lo que hace que un canción ocupe el aire o lo que hace que se desvanezca en él. Hasta no importaría que nadie escuchase la melodía. Tampoco hemos puesto el pie en Júpiter y sabemos que ocupa un lugar en el infinito sideral y que, mientras nosotros paseamos una avenida al atardecer o recogemos la mesa después de almorzar, Júpiter gira. Neil Young sigue de gira también. Él es un planeta. Lleva una eternidad deambulando con su canción por el negro obcecado de la cabeza de algún dios del que todavía no sabemos nada. Lleva ochenta años con su canción en la cabeza.
28.3.24
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