No he dejado de escuchar estas canciones. Van del 1978 a 1981. Puedo reconocerme en ellas, todavía me emocionan, no dejarán de punzar la parte de mí que su ausencia habría borrado. La música es lo contrario al olvido. Puedes creer haber perdido una melodía pero cuando suena, sin que una voluntad la haga emerger, el tiempo se comba, se iza, se encoge, ocupa lo más pequeño y lo más grande, da de sí lo que ni las disciplinas científicas razonan y embuten en teorías y en formulaciones. No hay con qué reemplazar esa súbita elasticidad con la que el tiempo se desentiende de la dirección a la que severamente se dirige y se resuelve caprichosamente tornadizo, flecha que avanza hacia sí misma.
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