19.3.23

Padre

 



Hoy habrías venido a casa. Ya sabrás que nos mudamos al comenzar el verano pasado. Dejamos Lucena tras treinta años. No fue fácil, qué te voy a contar yo de dificultades. Nos hemos hecho a esta mudanza brusca con lenta eficiencia. Estamos muy bien en Villafranca. Hay cosas que han costado trabajo, pero otras fueron de una facilidad asombrosa. Los que quedamos nos tenemos cerca, eso es lo que cuenta. Me habrías preguntado de nuevo cómo nos va. Te gustaba darte por no informado y así te contáramos las cosas dos veces. Primeros echamos de menos a los amigos, luego los bares, eso te contestaría. También el colegio, en el que estuve casi desde que empecé a ser maestro, mi casa en muchos sentidos. Los recuerdos están fabricados con el mismo material que los sueños. Hoy he sentido nostalgia de una calle. La he recorrido con pasmosa morosidad. Aquí no hay ninguna que se le parezca. Tampoco nadie se parece a ti. He aprendido a no verte a diario, he ido comprobando tu ausencia. A veces me da por pasear en mi cabeza el camino que llevaba de casa a tu residencia. Fueron años malos los últimos. A veces ni verme te consolaba, pero cuando lo hacía, en ese momento en que tu cabeza se despejaba y encontrabas las palabras que no podías decir, era el sol el que pujaba en el cielo y yo el que te miraba con todo el amor del que un hijo puede disponer. Sigues allí, en el sur, en donde te dejamos. Te visitamos cuando volvemos. No decimos nada, qué habría que decir. Festejo tu recuerdo sin pronunciar una palabra. Recuento con alguna frecuencia tu vida, me complace estar al tanto de las penurias y de las alegrías, toda ese trajín de hombre trabajador que vivió para su familia casi más que para sí mismo. Las contabas con entusiasmo unas y otras. Antes de irte, harán tres años pronto, se te fue la voz, se te volaron las palabras. Me da por pensarte ahora en Roma o en Tenerife, en Cantabria o en Mónaco. Eras de viajar como otros lo son de tabernas y de eternas partidas de cartas en la mesa camilla. Cuando paseo, paseo en ocasiones contigo. Te sé cerca, aunque no me hables. Es un diálogo precioso, callado y precioso. Hoy hemos celebrado el casa el día del padre, el de José, tu nombre, pero eras Pepe para todos. Vinieron tus nietos y madre. Comimos en el patio de la casa que no viste. Bueno, algo me quedará por decirte. Tú lo habrás escuchado  






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