El dulce delirio que en tromba acude y con galante arrobo reclama que se le atienda y sublime se desvanece más tarde como rocío en el aire, como blonda de agua en invisible fulgor. Tañe la tímida lira su cortejo armonioso y atrae el vértigo del cosmos, fronda del tiempo, vasto dominio de la luz. Somos levedad sin interrupción, somos el vano destello de un incendio sin propósito, dijo K. en un sueño que tuve anoche. Para no perder el dictado de esa epifanía brumosa, concernido a transcribir cada sílaba, impelido el ánimo a la suma de ese prodigio, me desperté en un estado de entusiasmo métrico, pero no supe dar con las cesuras y los ritmos. Hoy, al contárselo, me confesó K. que fui yo quien le visitó y pronunció las frases. Pero no fue una lira la que era pulsada, sino un laúd, confesó. Ni hubo incendio declarado. Tal vez esta noche pueda recomponer las líneas y aclarar la confusión. Ya estoy deseando conciliar el sueño.
19.6.25
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Bautismo
Despréndase de todo lo que sabe, borre los registros del corazón, piense en usted como si acabara de ser invitado al mundo. Nadie le conoc...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Hay cosas que uno dice y no cree pero convencen a quien escucha. De cuanto se dice una parte no pertenece a nadie, no hay propiedad de lo di...
No hay comentarios:
Publicar un comentario