Qué delicia perderse en casa. No dar con los cubiertos, no saber dónde dejamos el ebook, si quedan licores en la despensa, si los cuentos de Cleever están en esa balda donde acabas de ver, en una distracción, el libro de haikus de un amigo. Esa fabulosa sensación de que nada nos pertenece y los objetos cumplen una secreta rebelión de la que tú eres el agasajado. La ocurrencia final, cuando el asombro ha dejado paso al pasmo, de que somos intrusos de nuestra propia vida. Que si hacemos escrutinio del corazón no sabremos reconocernos dentro. Que el mapa con el que a tientas avanzamos muta a cada travesía que emprendemos. Que todo es de una imprevisibilidad dulce y gozosa.
29.12.21
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