El árbol ya no era el árbol bajo el que se besaron hacía cincuenta años esa misma noche, pero permanecía erguido y había un corazón raspado en el tronco en el que no estaban sus iniciales.
Yo mismo, Teo Gas, antaño voraz lector, no leo ahora tanto. Rehuyo la literatura que se gusta a sí misma y encuentra con facilidad por donde...
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