Cada cosa aspira a merecer su sitio. El árbol. La luz. El reloj de la mesita de noche. Las palabras de la tribu contadas por el poeta. Mi paso por el mundo. Imperturbablemente anhelan que nada importune su estancia, pero son las palabras con las que los nombramos las que fijan ese secreto afán por perseverar, por dar con algo parecido a una casa.
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