2.2.20

el poeta está en la terraza de un café en una gran ciudad, una concurrencia de curiosos se le arrima por ver cómo escribe el poema, por ver la naturaleza mística, por ver el esplendor epifánico en su rostro, pero el poeta se levanta, paga la consuimición, un té negro, y huye por las aceras perseguido por una invisible turbamulta de alucinados, luego relee el poema como si no fuese suyo y lo olvida

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