20.7.24

La canción de Annie

 


Tuve un profesor de inglés en el instituto que venía de vez en cuando con una canción bajo el brazo. Repartía las fotocopias y la escuchábamos hasta que la letra nos salía por las mismas orejas. Curiosamente ése es el recuerdo que tengo de él. El de atinar en la canción, en hacer que algunas de ellas se guardaran y todavía me emocionen y hagan que aquellos años regresen con una claridad pasmosa. Recuerdo Message in a bottle de The Police, Bridge over troubled waters de Simon and Garfunkel, The partisan de Leonard Cohen, We've only just begun de The Carpenters y esta maravilla de John Denver. Hoy soy yo el que reparte las fotocopias. Son The Rolling Stones (Angie), Phil Collins (Yoy can´t hurry love), Elton John (Your song), Bob Dylan (Man gave name to all the animals), The Beatles (Yesterday) o incluso (a petición popular, no mía) Katy Perry (Rour). En cierta ocasión, un alumno (ya metido en doctorados y en cosas que no sé ni nombrar) me dijo que fui yo el que le enseñó quiénes fueron los Rolling. Hasta les puse un video de sus satánicas majestades en Hyde Park. No eran tiempos de banda ancha ni de youtube así que tiré del VHS que tenía en casa y de la tele gigantesca que iba de clase en clase en una mesa con ruedas que chirriaba pasillo abajo como si la estuviesen matando. Una vez, en una barra de un bar, algunos años después, hablamos de este bucle. Le dije que el círculo se había cerrado. En lo demás, Pepe (nunca fue Don José), el maestro del Instituto, en Córdoba, se ha difuminado. Quizá otros maestros permanecen con más afecto o hicieron que yo fuese mejor alumno o mejor persona.  Lo que no se han borrado son esas diez o quince canciones, no debieron ser más. Ojalá un día él pueda cerrar el círculo conmigo en alguna ocasión en que me encuentre. Le diría que una parte de la razón por la que yo haya sido maestro vendría de esta canción de John Denver, que el buen hombre (le recuerdo grande y de una paciencia sobrehumana) escogió para que nos animáramos en el aprendizaje del idioma. No sé si lo reconocería. Hasta he perdido el recuerdo de su voz. La memoria es un artefacto antojadizo, pero en ocasiones comparece limpia y nos hace sentir gratitud. Esta mañana, bien temprano, he buscado el disco de John Denver y he viajado a 1980. 

19.7.24

Espiritual décimo de los lamelibranquios

 


En el momento en que la luz fue un zapato que me apretaba insoportablemente el pie decidí que cerraría  los ojos. Así me manejo a veces cuando algún dolor del que desconozco el origen y su remedio decide contrariarme. Tienen vida propia los dolores. Una vez que han dado con una casa acogedora, los hay con ciega propensión a no moverse. Medran a conciencia, se vienen arriba con entusiasmo, perpetran un saqueo severo, se jalean entre ellos cuando uno se embravece y corona alguna cima heroica. Así actúan, a lo que he visto: encuentran un cuerpo, les da igual que sea viejo y esté abatido o lozano y todavía sin fatiga, lo colonizan, perpetran escaramuzas imperceptibles por toda su red de músculos, de arterias, de vasos que se comunican y de órganos que huelen a escombro o a niebla. Primero el escombro; después ella, la niebla. Conforme avanza, el aire es agua o es fango. Cualquier cosa que impida las normales maniobras respiratorias. Su prosperidad es mi derrumbamiento. Toda mi vida tomé precauciones contra el dolor. Me animé a desoírlo, hasta pagué unas sesiones de control mental de las que solo recuerdo el amarillo suicida del diván en el que me arrojaban. Cegarme fue una medida extrema, un desvanecer la luz, un túnel dentro de un túnel, pero las grandes aventuras del espíritu humano precisan intervenciones drásticas y admito que en ese momento no se me ocurrió ninguna que la reemplazara. Tampoco ahora, aunque sea tarde. De resultas de esa pesquisa moral que ocupaba toda mi cabeza de la mañana a la noche y que ni siquiera los sueños lograban interrumpir, decidí no levantarme de la cama hasta que el dolor en los pies remitiese y mis ojos pudiesen abrirse sin que la entereza promiscua de la luz los lastimase. La vigilia se ha convertido en un jardín negro, el sol es una máquina rota en el impensable cielo. Vivo en las ruinas de mi pereza. El cuerpo humano es una construcción arcana y compleja de la que apenas sabemos nada. Se le hace poco aprecio, lo ponemos insensatamente a prueba y él recuerda, él urde su venganza, va tomando nota de los atropellos y llega el día en que abdica, se retira: ya he hecho mi trabajo, no doy para más, ha sido hermoso, haré amena la noche de los gusanos, parece decir. Yo he descubierto conexiones entre mi pie derecho y mis ojos que no son las comunes, por lo que he podido indagar. También es posible que mi oreja izquierda comunique con el dedo pulgar de mi mano derecha, pero esa manifestación sensible duró poco y apenas pude recrearme en su recuerdo y hasta es posible que la haya fabulado o pertenezca a la trama de uno de esos sueños que con frecuencia suceden en mi cabeza sin que yo pueda manejarlos. Son de pura luz los sueños, son la memoria de la luz, son el depósito de la arcilla primaria del principio del caos, cuando el mundo se desdecía y mi corazón era un caballo loco en una tormenta futura. Mi vigilia es un sofisticado entramado de repositorios metafísicos. Investigo las taxonomías de los lamelibranquios, anhelo dar con la especie única en la que se proclama la permanencia de los primeros átomos del cosmos. Ahora me duele el dedo meñique, ahora el sol que me observa. 

16.7.24

Una tregua


 


Del que tenemos al otro lado del espejo sabemos poco porque no le permitimos entrar. Igual es él quien nos censura, el que no se atreve a dar el paso, el retraído, temeroso de que lo importunemos. A veces, en un gesto fugaz, miramos el espejo y advertimos que está ahí detrás, perplejo. La suya, su perplejidad, no difiere de la nuestra. O eso es lo que predecimos, a cuanto alcanzamos, todo lo que se nos ocurre idear para entablar un pequeño diálogo. Es la sombra, es la conciencia, es el que en los sueños hace lo que anhelamos. Incluso lo que ni nos atrevemos a anhelar. Es bueno pensar en los espejos, en los sueños, en lo que, a fuerza de oculto, parece que no existe. Esa es la verdadera línea roja. Toda la literatura es una tentativa de acceso a ese paraje oscuro, luminoso cuando irrumpe. Tampoco hay que desoír al que lo mira, el que afronta la verdad del espejo o su verosímil trama de engaño. Hasta dudo de que yo ahora esté escribiendo y no sea el otro quien hace escrutinio de lo que sabe y vuelva lo que más eficazmente me confunda. Le pediré hoy al espejo una tregua. Por ausentarme hasta que eche de menos al que desde su elocuencia limpia me cuestiona. Poco más que considerar: la perseverancia de la mirada, esa promesa de precursor futuro. 

15.7.24

Hay tribus ocultas cerca del río

 


Caerá el sol a plomo, sin un atisbo de piedad. Arderá la calle como si debajo pujara a conciencia el infierno mismo y todos los demonios del inframundo hablaran con sus lenguas de fuego. No habrá apenas transeúntes y los que fatigosamente se aventuren apremiarán el paso y buscarán la sombra propicia en el camino de vuelta a casa. El sol en el sur es un yunque en el aire. Regresar a casa para convencerse uno de que más valdría no haber salido. Entonces concederle al cuerpo un agasajo sencillo para que se resarza del castigo que se le impuso, convidarlo a la pereza, arrimarle el frescor que se encuentre, manumitirlo de la tiranía del sudor, pero el sopor está avanzando con codicia. Se está envalentonando. No es el placer lo que deseo, sino la certidumbre cartesiana de su expectativa. No es la reconfortante ducha, sino su promesa. No es la cerveza casi congelada, sino la seguridad de que está en el frigorífico y es más mía cuanto más pienso en ella. Esa sencilla presunción de que cualquier contratiempo podrá ser subsanado. A la realidad (tan determinada a contrariarnos a veces) se la puede vencer si no se piensa en ella. Todo queda en el pensar pesimista de las cosas. Hoy no hará calor, no será de zinc caliente el cielo, ni los pájaros volarán con el quebranto en el desparpajo lento de sus alas. 

14.7.24

Billy Wilder, las mujeres, el cine

 


De Testigo de cargo, aparte de las consideraciones cinéfilas, recuerdo el combate entre Elsa Lanchester y Charles Laughton por causa de un buen puro, y la altiva presencia de Marlene Dietricht, una especie de Alien con lápiz de labios y voz cascada que engulle a todo hombre que se le ponga al paso. Billy Wilder nunca manejó a las mujeres con brillantez. Sus féminas se limitan a ejecutar con el debido oficio el libreto, a intermediar entre el talento del director y la bondad de la obra, pero casi nunca son estimuladas al modo en el que George Cukor era un maestro o, más domésticamente, Pedro Almodóvar

“Marlene Dietrich es como la Madre Teresa pero con mejores piernas” confesó Wilder con ese tono cortado con cuchilla de afeitar"

 

Audrey Hepburn fue un capricho del galán oculto en su fachada de hombre menudo y no excesivo dotado de encantos. Tal fue el flechazo profesional que incluso privilegió la opinión de la actriz sobre la de Humphrey Bogart en Sabrina con riesgo de romper el muy delicado equilibrio de temperamentos que destilaba el elenco del film. De Bogart decía que era "un tipo terriblemente simpático hasta las once y media. Luego se cree Bogart" a lo que el actor, alcohólico a cierre de plató, recién oscarizado por La reina de África y en la cúspide de su divismo añadía: “Wilder es el tipo de director con el que no me gusta trabajar. Pertenece a esos alemanes prusianos, con un fuerte acento y el látigo en la mano. Sólo trabaja en equipo con el guionista y excluye a los actores. ¡Ni siquiera se me dijo cómo acababa la película y quién se quedaría con Sabrina!”. 

 

Shirley MacLaine fue la actriz favorita del director. Junto con el binomio Lemmon-Matthau, Wilder llevó al estrellato la pareja Lemmon-MacLaine ( Irma la dulce y, sobre todo, El apartamento ). De la hermana de Warren Beatty, Wilder llegó a declarar que era la mejor actriz que había estado a sus órdenes y lamentó no poder contar con ella en más proyectos. Por otra parte, es aquí en donde la actriz ha realizado sus mejores papeles. Y también los más laureados.

 

Marilyn Monroe era el infierno, pero valía la pena, dijo Wilder en una de sus muchas biografías. Precisaba únicamente disciplina, pero admitía que el gracejo para la comedia de la estrella era formidable. Otro asunto bien diferente era la profesionalidad, el tono dramático y la observancia de las directrices marcadas por su mano: ahí la Monroe desbarraba y daba la talla que los críticos sospechaban que podía dar, la de la rubia cañón que no tiene pudor con la cámara y que solventa las deficiencias actorales con irresistibles arranques de sex-appeal, morbo y simpatía. 

 

Más de dos millones de dólares fueron las pérdidas que la Fox tuvo por la informalidad de la actriz en La tentación vive arriba, el primer film de Wilder y Marilyn Monroe. "Sobre la impuntualidad de Marilyn debo decir que tengo una vieja tía en Viena que estaría en el plató cada mañana a las seis y sería capaz de recitar los diálogos incluso al revés. Pero, ¿quién querría verla?… Además, mientras esperamos a Marilyn Monroe todo el equipo, no perdemos totalmente el tiempo… Yo, sin ir más lejos, tuve la oportunidad de leer Guerra y Paz y Los miserables”. Con faldas y a lo loco fue la última batalla entre ambos. Marilyn Monroe cruzaba un momento difícil - cuándo no - con la sombra de Arthur Miller como marido Pigmalión. Los olvidos continuos en su diálogo y la negación a interpretar de la forma en que Wilder pedía hizo que el director fulminase toda relación futura con la actriz: "lo he discutido con mi médico, mi psiquiatra y mi contable, y todos me han dicho que soy demasiado viejo y demasiado rico para someterme de nuevo a una prueba semejante”





 

Nadie mejor que Wilder para hablar de Wilder, habla Wilder:

 

 

 

La censura

 

 

 

"Teníamos que ser muy ingeniosos para burlar a la censura y esto nos obligaba a escribir con más sutileza. No estaba permitido que un personaje dijera ni siquiera una insignificante palabrota como cabrón o hijo de perra. Una vez, a Charlie Brackett y a mí se nos ocurrió este sustitutivo: "Si tuvieras madre, ella ladraría". No se podía ver en una película a un hombre follando con una mujer con la que no estaba casado. Ni siquiera se podía ver a una pareja en una cama al mismo tiempo. Por lo que se refería a la oficina Hays (la que se encargaba de aplicar el Código de Censura sobre las películas) todos los dormitorios del mundo tenían camas separadas. Así que el problema era cómo mostrar a ese hombre y a esa mujer haciendo el amor. Alguien lo resolvió con una parte en la que la criada hace la cama del hombre a la mañana siguiente y sobre la almohada encuentra una horquilla. Lubitsch era el genio de lo que yo llamo el truco de la horquilla en la almohada. Quiere mostrarte, digamos, a un hombre y una mujer que tienen una relación apasionada. Primero, una escena en la que se besan ardientemente la noche anterior. Después... fundido en negro, y a la mañana siguiente... los vemos desayunando. Ah, pero cómo sorben el café y cómo devoran las tostadas. No cabe duda de que han satisfecho otros apetitos. En aquel tiempo, la mantequilla se untaba en la tostada y no en el culo; pero había más erotismo en esa escena del desayuno que en todo El último tango en París (1.972). Lubitsch hacía caso omiso de si la censura era estricta o flexible. No recuerdo haber visto nunca un desnudo en una película suya, ni gente echando un polvo. Hoy en día vas a ver una película y ya hay un coito mientras aparece el título... ¡en el título de la película!. A Lubitsch nunca se le hubiera ocurrido hacer algo así. Su mente no funcionaba de esa manera. Te enseñaba lo justo para excitarte... Las películas de Lubitsch no eran censurables y, sin embargo, eran mucho más eróticas que las que se hacen ahora. A veces desearía que existiera la censura, porque se nos ha esfumado la diversión, el juego sagaz que manteníamos con ella"

 

 

 

Hitchcock

 

 

 

"Me aburro si hago siempre lo mismo. Admiro a Hitchcock; pero no podría trabajar como él, porque siempre hacía la misma película. Me dije: "Ahora voy a hacer una película mejor que Hitchcock" e hice Testigo de cargo , por ejemplo. Salto de un lado a otro, como una pieza de ajedrez, siempre con proyectos diferentes... Puedo hacer distintos tipos de películas. Spielberg hace lo mismo: después de rodar una película de dinosaurios, hace una de nazis. Es muy difícil copiar o parodiar una película mía, porque uno nunca sabe bien lo que va a ver"

 

 

 

Lo violento, lo soez

 

 

 

"Es muy difícil encontrar un proyecto que me interese y que a la vez tenga probabilidades en el mercado de hoy... Ahora el público mayoritario es menor de veinticinco años y carece de tradición literaria. Prefieren la violencia estúpida a una trama sólida; los tacos, a un diálogo inteligente; el desarrollo pectoral, al desarrollo de los personajes. Nadie escucha, sólo se sientan y esperan que les asalten una serie de sobresaltos y sensaciones fuertes... Son malos tiempos. Ernst Lubitsch, que con una puerta cerrada conseguía más de lo que la mayoría de los directores de hoy consiguen con una bragueta abierta, habría tenido graves problemas en este mercado. No encajo en ningún sitio. Puede que algunos directores digan: "Si quieren películas para el público joven, también sé hacerlas". Bueno, pues yo no sé. Si uno compone valses, no puede empezar a componer de repente música disco: sonará falsa"

 

 

 

Ser director

 

 

 

"Recuerdo perfectamente el día en el que dedicí ser director. Fue cuando vi una película cuyo guión yo había escrito para la UFA, en Alemania. En la película salía un club nocturno que tenía un gran cartel en el exterior: "Es obligatorio llevar zapatos y corbata". Había dos porteros, que miraban a las personas que entraban para ver si llevaban zapatos y corbata. En uno de los gags que escribí, un hombre llevaba una barba larga; el portero lo para y mira debajo de la barba para asegurarse de que lleva corbata. Cuando fui a ver la película, me encontré con que el director le había puesto a ese actor una perilla; ya no había una barba que levantar para mirar debajo. El director conservó el chiste porque creyó que seguiría siendo divertido; pero ya no tenía gracia. Así que dije: "hasta aquí hemos llegado". Uno debe recordar, como guionista, que nadie va a leer lo que escribe. Por eso me hice director, porque nadie leía mis guiones"

 

 

 

Sueltos:

 

 

"Trabajar en el cine era vergonzoso, era lo más despreciable. Gracias a Dios se inventó la televisión"


"Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se pueden convertir los excrementos de gallina en chocolate"


"Lo único que me partiría el corazón sería que me quitaran la cámara y no me dejaran volver a hacer películas"


"He hecho películas que a mí me hubiera gustado ver. Y yo sólo quiero ver películas que me entretengan"


"Hay algo sorprendente: cuando reflexiono sobre todas mis películas, me llama la atención que, en las épocas en que estuve deprimido hice comedias. Y cuando me sentía feliz, rodé temas más bien trágicos. Quizás intente inconscientemente compensar cada uno de mis estados de ánimo"


"Normalmente, cuando te encuentras con una persona que parece insignificante y que no llama la atención se dice: detrás de esa fachada, hay más de lo que parece. En mi caso sucede lo contrario: detrás de mi apariencia hay menos de lo que parece"


"Para hacer una película hay una sóla regla: sólo hay que hacer aquello que sea de utilidad a la película"


"Un director tiene que ser policía, comadrona, psicoanalista, adulador y bastardo"


"La televisión es lo más maravilloso que podía habernos sucedido. Siempre hemos sido lo más bajo de lo bajo, pero ahora han inventado algo a lo que podemos mirar desde arriba."

"El exilio no fue idea mía, sino de Hitler"


"Si usted cree que tengo acento, debería haber conocido a Ernst Lubitsch (...) Pero tenía un oído estupendo para las expresiones y el argot americano y, como decía Van Gogh, o tienes oído o no lo tienes"


"Al público no hay que dárselo todo masticado, como si fuera tonto. A diferencia de otros directores que dicen que dos y dos son cuatro, Lubitsch dice dos y dos... y eso es todo. El público saca sus propias conclusiones"


"Una vez me preguntaron: ¿Es importante que un director sepa escribir?, y yo respondí: no, pero sí es útil que sepa leer"


"En mis películas no hay grande movimientos de cámara ni puntos de vista destinados a demostrar que soy un director de cine. [...] En Europa, un director puede tomarse todo el tiempo del mundo para crear una atmósfera, y meter un montón de escenas de nubes que se disuelven; pero el público de aquí, si les muestras las nubes por segunda vez, espera ver entre ellas un aeroplano"


"Me gustaría morir a los 104 años, completamente sano, asesinado por un marido que me acabara de pillar, in fraganti, con su joven esposa"


"No tengo tiempo para considerarme un inmortal del arte. Hago películas sólo para entretener a la gente y las hago tan honradamente como puedo"


"Marilyn no necesita lecciones de interpretación; lo que necesita es ir al colegio Omega, en Suiza, donde dan cursos de puntualidad superior"


"Me han preguntado si volveré a trabajar con M. M, y tengo una respuesta clara. Lo he discutido con mi médico, mi psiquiatra y mi contable, y todos me han dicho que soy demasiado viejo y demasiado rico para someterme de nuevo a una prueba semejante"


"Marilyn era un absoluto genio como actriz cómica, con un sentido extraordinario para los diálogos cómicos. Tenía ese don. Nunca después he vuelto a encontrar una actriz así."

"Existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la II Guerra Mundial. Hay una cierta semejanza entre las dos: era el infierno, pero valía la pena"


"El problema de Marilyn es que se enamoraba con mucha rapidez. No era la clase de mujer que se supone que debe ser un símbolo sexual, y eso la mató... Marilyn era una mezcla de pena, amor, soledad y confusión"


"Marilyn Monroe era de carne, y se fotografiaba de carne. Tenías la impresión de que bastaba con alargar la mano para poder tocarla"


"Si hay algo que odie más que el que no me tomen en serio es que me tomen demasiado en serio"


"Tengo diez mandamientos. Los nueve primeros dicen: ¡No debes aburrir!. El décimo dice: tienes que tener derecho al montaje final de la película"


"Es aburrido ver a alguien entrar en una casa por la puerta. Es mucho más interesante cuando alguien entra por la ventana"


"Los austríacos han conseguido el malabarismo de convertir a Beethoven en austríaco y a Hitler en alemán"


"Un húngaro es alguien que entra contigo en una puerta giratoria y sale antes que tú"


"Creen que la lentitud y la solemnidad son sinónimos de profundidad"


"Escribir un guión no es esperar a que llegue la musa y te bese en la frente; es un trabajo muy duro. He hecho ambos trabajos, y sé que dirigir es un placer y escribir un guión es un rollo."

"Del mismo modo que todo el mundo odia a Estados Unidos, todo Estados Unidos odia a Hollywood. Existe el profundo prejuicio de que todos nosotros somos tipos superficiales que ganamos diez mil dólares a la semana y que no pagamos impuestos; que nos tiramos a todas las chicas; que tenemos profesores en casa que dan clases a nuestros hijos de cómo subirse a los árboles; que cada uno de nosotros tiene dieciséis criados y que todos conducimos un Maserati. Pues sí, todo esto es verdad. ¡Aunque os muráis de envidia!"


"Todos los días miro las esquelas de los periódicos y me fijo sobre todo en la edad del muerto. La mayoría son más jovenes que yo. Me asusto y pienso: a lo mejor, lo único que sucede es que se han olvidado de mí"


"Si el Cine consigue que un individuo olvide por dos segundos que ha aparcado mal el coche, no ha pagado la factura del gas o ha tenido una discusión con su jefe, entonces el Cine ha alcanzado su objetivo"


"He vivido la época en que se temió que el cine se viera desplazado por la novedad de la televisión. Pero no he compartido ese miedo porque sé que la radio y los discos no pueden destruir la ópera. La televisión no ha podido acabar con el cine porque la gente quiere estar allí, quieren ser los primeros, quieren oir las risas de otras personas"


"Las mujeres más interesantes en una película son las putas"


"Esas cosas horribles que son tan necesarias y que hacen a la gente millonaria -me refiero a los efectos especiales- no las sé hacer, no sé rodar choques de coches... En esta época, por lo que respecta a los argumentos, creo que ya está todo inventado. Ahora se hacen remakes."

"Quizás El crepúsculo de los dioses es una película cínica, pero para mí esa película es Hollywood; el guionista, el agente, la estrella olvidada, todos eran retratos del natural."

"Antonioni seguro que es un gran director, un gran artista. Pero en lo que a mí se refiere, soy incapaz de mantenerme despierto"


"Sobre Ingmar Bergman debo decir que los críticos no tienen ni idea de lo que está diciendo, pero, pese a todo, les chifla... Existe una asociación internacional de ese tipo de críticos, capaces de extasiarse ante el asno muerto de Cocteau envuelto con telas encima de un piano"


"Comprendo sin dificultad por qué Godard ha podido por sí sólo exterminar varias empresas productoras"


Un epitafio


En su epitafio se puede leer: "... soy escrito, pero nadie es perfecto".

 

13.7.24

Rosa, Federico. Emilio

 

Mi entrada de hoy en Entreletras  

Fotografía de Marina Sogo
Retrato de Rosa Guardiola, Baronesa de Andilla, Federico de Madrazo, 1856 (Madrid, col. Particular)

No sé quién fue Rosa Guardiola, Baronesa de Andilla, ni estoy al tanto de las bondades pictóricas de Federico de Madrazo, pero creo firmemente en el milagro del arte, que hace que alguien se conmueva hasta las trancas ciento sesenta y ocho años después de que la modelo y el pintor se concedieran el tiempo suficiente para que ninguno de los dos fuera engullido por las fauces del olvido. Unas de las virtudes más admirables de la belleza es la elocuencia de su discurso: incurre en atrevimientos, se apresta a soliviantar a quien no pareciera que estuviese dispuesto a dejarse conmover por su influjo. Lo que viene después del asombro es la debilidad: uno se entenebrece, se hace pequeñito, no da con las palabras que vuelquen el desprendimiento de la sensibilidad, su absoluto reino en la tierra. A Rosa le abriría las puertas de casa, la invitaría a que se explayara en qué hizo para que alguien pudiera verla como la vio. Porque la mirada es a veces tornadiza y contradice la voluntad del que la convoca para entender mejor la realidad. No sé tampoco qué será eso de la realidad. En ocasiones, me acomodo en su simulacro, en ese territorio fértil en el que un pájaro en vuelo dice más del aire que toda la intendencia de la ciencia. De hecho, descreo de la rendición cartesiana de lo real, prefiero sancionarla, personarme en la adquisición de su parte escamoteada, servida sibilina o subrepticiamente, ofrecida con mimo y oficio infinitos por quien supo dar con el espíritu de la modelo. Se entra en un cuadro como quien cae a un pozo del que apenas se sabe su hondura. No importa lo que uno haya visto antes del descendimiento, ni lo que no verá tras adentrarse en lo profundo. Porque el arte es de honduras, de todo lo que tiembla en el alma cuando algo inesperado la roza, la lame, le busca el sexo anhelante y lo apura con la lengua antigua de la belleza. Tal vez la Baronesa de Andilla únicamente existiese en el posado moroso del que el pintor extrajo la inabarcable verdad de una vida. Que todo condujese a que guardase silencio y permitiera que alguien la mirara como nunca nadie la había mirado antes. También nosotros ejercemos ese recado: el de ocuparnos en la visión pura, el de cancelar el tráfago de la rutina y saber que durante unos instantes fuimos convocados al goce sencillo de lo eterno. No hay nadie más en la tierra ahora mismo. Rosa, Federico, Emilio únicamente.

Un fósforo prendido en la oscuridad



La cita de William Faulkner la da Javier Marias en una entrevista a propósito de la publicación de su (estupenda) novela Los enamoramientos. El periodista le cuestioma si escribir sobre el amor o sobre la muerte faculta para entender el amor o la muerte, a lo que Marías responde con argucias antiguas, con la ignorancia del que probablemente algo sí sepa, pero prefiera (he ahí el oficio) rendirlo, más que ven el vuelo de la charla, en el de la escritura, siempre más trabajado. No he dado con la veracidad de la cita de Faulkner, pero tampoco ese escrúpulo sobre la verosimilitud debe importar mucho, creo yo.  La cita en cuestión es admirable: "La literatura lo más que logra es lo mismo que un fósforo cuando se enciende en mitad de la noche, en mitad de un campo. Esa cerilla en realidad no ilumina nada, lo único que permite ver mejor es cuánta oscuridad hay alrededor"». El escrutinio de l verdad está a veces sobrevalorado.

12.7.24

Hoy

 Se descree por discrepar, por no aceptar la intendencia de lo que lo que no se comprende, un poco también por  la rigurosa evidencia de la realidad, que no condesciende a la magia y al efluvio místico del espíritu y cumple la cartesiana rendición de las estaciones y de la mecánica invisible de la vida. En cuanto uno cede y adquiere la facultad del asombro, todo fluye y se arroba la plenitud de lo oculto. A ciegas se ve más en ocasiones. Creer es ver con la mirada del corazón. Es otro el instrumento de conocimiento, más dotado de poesía, con mayor y más lúdico apresto estético. Es la imaginación la que administra esa porción secreta de gozo. Quien la desoye, al apartarla, no se perturba nunca, no conoce la fascinación, ni se alimenta de ella. No es únicamente la fe el sustento de esa nutrición emocional. Hay descreídos en ella que se abastecen de belleza. La belleza justamente con la inteligencia o con la sensibilidad. Una vez se impregna uno de asombro, en ese instante milagroso, la vida se expande como un cielo azul en una mañana rutilante de sol. Hoy hace un sol espléndido en mi pueblo. El calor será de nuevo implacable. También sorprende su rutina antigua. Como si no supiéramos. Como si nos acabaran de arrojar a sus brazos. Tengo conmigo la dicha, está a mi alcance, creo en todo lo visible y en lo invisible, nada me es ajeno, vivo en plenitud, hoy tengo el alma vestida de pura armonía. 

10.7.24

La vida en el aire

 La vida es siempre una acrobacia. El funambulismo debería ser la única disciplina moral. Lo difícil es no mirar al suelo, no saber urdir un mapa del aire, ceñir el cuerpo a su danza, que es antojadiza y cifra en azar su mecánica etérea. Hacer del vuelo la verdadera medida del pensamiento, conceder al corazón la facultad del perpetuo equilibrio.

Elogio interior del mar

  Los paseos marítimos son la representación que más me agrada del verano. Recorrerlos sin prisa, bajar luego a la orilla y ver el mar desde...