Días de asueto sencillo. La ocupación en las faenas de costumbre es mala, a la larga. Se complace uno tanto en la molicie que teme no saber retornar a la refriega. Como si cada día confiado a la pereza devengara más tarde su peaje y no supiéramos saldar la deuda sobrevenida. He prometido no caer en esa improductiva vagancia de la que sólo sería posible extraer pasiones útiles, pero no doy con qué extraer la luz de esta amable sombra. No querer medrar ni el vértigo ni en la fiebre. Perseverar en esta sustancia sin propósito. Entregarme con vago empeño a su limbo dulce. Comer, beber, dormir, amar, dármelas de príncipe de cuento. Escribir con alguna alharaca en el patio esta travesía inútil. No leerla al cerrarla. Pensar que no es indicio de algo responsable.
12.8.26
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