8.9.21

Dietario 188



En este mes hará 30 años que moría Miles Davis. El jazz de Miles Davis, no el primero, el de la etapa bebop o la cool, es a veces duro de roer. A veces la dureza anuncia un júbilo aplazado al que se accede a ciegas y en donde se irrumpe después con todas las luces prendidas. Hay escuchas de su periodo de fusión (no sé, desde finales de los sesenta a casi final de los setenta) que requieren un adiestramiento, una especie de disciplina que no siempre es fácil de acometer. A Miles se le perdonan todas las excentricidades que hizo. Cada uno es un hito creativo, un nuevo mapa de la belleza. Fue el verdadero embajador del jazz, quizá juntamente con Louis Armstrong, en otro ámbito del género. A mí en particular me hechizó con Kind of blue. Lo compré en una tienda de segunda mano  en Córdoba (y que lamento no saber si todavía existe, ojalá). Había allí cientos de vinilos y toneladas de cómics. Cogí Kind of blue, un disco de standards de Joe Venuti y Stephane Grappelli llamado Venupelli's blues y un tercero de standards de Barney Kessel. Ignoro qué me hizo fijarme en ésos y desechar otros. No conocía nada de lo que contenían, pero sospechaba (bendita esa especulación) que estaba todo a favor para que me llenaran. Lo hicieron. Fueron baratos. Tampoco disponía de mucho para abastecer mis novicios vicios, permitidme la aliteración. Unos han crecido mejor que otros o yo soy el que se  ha dejado algo por el camino y no soy aquel adolescente impresionable y ávido de novedades que entró fascinado, enamorado, lírico, perfecto, en una tienda de cosas de segunda mano, un templo para aquel feligrés precoz, que lampaba por encontrar la liturgia que lo engrandeciera e hiciera penetrar en un mundo nuevo. Hay tantos que todavía agradezco la voluntad que arrimé al deseo. Después de esos tres discos iniciáticos han venido mil más. No hay día en que un poco de jazz no acuda en mi auxilio. Lo llamo y viene. No falla nunca. Pero Miles era otra cosa. Todavía recuerdo mi sobrecogimiento cuando comenzaba So what. Perdura aún. El jazz fue un acontecimiento distinto. Aún lo es. No se parece a nada. Ninguna otra manifestación artística posee esa elocuencia y ese misterio, ese preludio de algo extraordinario.


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