Vastos y nocturnos,
fieros y secretos,
copulan invisibles jinetes
en el temblor del aire
y la luz fluye
desde la respiración primera,
leve pulso, signo animal,
único testigo fiable del tiempo.
El horizonte, mar adentro, es una hucha millonaria. El cielo, un testigo ciego. La moneda de oro se pierde en el hondo azul. Se lo contaba...
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