El dulce delirio
que en tromba acude y con galante arrobo me reclama se desvanece como rocío en
el aire recamado en invisible fulgor. Tañe la tímida lira su cortejo armonioso
y atrae el vértigo del cosmos, fronda del tiempo, vasto dominio de la luz. Somos
levedad sin interrupción, somos el vano destello de un incendio sin propósito,
dijo K. en un sueño que tuve anoche. Hoy, al contárselo, me confesó que fui yo
quien le visitó y pronunció las frases. Pero no fue una lira la que era
pulsada, sino un laúd. Tal vez esta noche pueda recomponer las líneas y aclarar
la confusión
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
El cielo en Lucena hace once años
La tomó mi hijo hace once años. No sabemos el porqué de hacer fotos al cielo, ese registrar las nubes, guardarlas en un lugar al que acudi...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Yo tardo en descubrir los engaños. Soy de los que no los percibe hasta que están encima. Soy confiado hasta extremos preocupantes. Creo por...
No hay comentarios:
Publicar un comentario