3.3.18

HiFi



Hubo un tiempo en que no existían los formatos mp3 o Flac ni streaming ni nubes en donde volcar la discografía entera de Bowie. Eran buenos tiempos. Reinaba el HiFi. Hoy vivimos una anarquía. Mandan reyes bastardos, todo se ha jibarizado, se ha reducido a una expresión minúscula, aunque esté al alcance cualquier disco y podamos escuchar en el móvil el que se nos ocurra, no dudo que con buena calidad, pero todo lo demás no está, ha muerto. No hay alta fidelidad, no hay buenos amplificadores, no hay altavoces decentes. La restitución de la música está en entredicho, no se la da aprecio, ha quedado en un plano secundario, importa más la cantidad que la calidad, no ha habido una educación en ese aspecto. Yo sí la tuve, a mí me tocó vivir una época en la que un amplificador Technics o Pioneer o Marantz en un salón lo hacía distinguido. Yo sé lo que digo. En casa mantengo el mismo equipo que compré, sacrificadamente, hace 25 años. Quien me lo vendió apostó a que mis nietos (no han llegado todavía) se asombrarían de su sonido. Era un profesional, sabía qué vendía, sabía qué decía. Hoy no hay casi nadie que sepa lo que vende. Si uno quiere ir un poco más allá, es obligatorio acudir a tiendas muy especializadas (y no hay muchas) o investigar por la red y comprar ahí. Otro de los obstáculos es que no puedes escuchar lo que compras. Antes hacías un test como Dios manda: probabas unas cajas con un ampli o con unas cables. Son otros tiempos, no diré que malos. Aquéllos, los de entonces, era más románticos. Es muy difícil ahora escuchar con rotundidad (he dicho rotundidad) el disco con el que yo probé mi primer equipo de música decente (Dark side of the moon, Pink Floyd). Todavía me emociono al recordarlo. Somos frikis, somos muy frikis.

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