He aprendido (o recordado, no sé) en este fin de semana que la poesía lo abarca todo y lo impregna todo. También, entre otros deleitosos asuntos, que el tocino vive en fango y muere en vino. Hemos sublimado la animalidad del cerdo, su gozosa y aprovechada (y no suficientemente prestigiada) presencia entre nosotros. Agradezco a José Puerto Cuenca la invitación, él es el perpetrador (que no ideólogo, ese honor es de Pascual Rovira, asnólogo cósmico, aparte de magnífico y divertido anfitrión) de estos recitales. Dejo el poema con el que he contribuido al marrano acto y unas cuantas fotos.
16.9.18
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
El cielo en Lucena hace once años
La tomó mi hijo hace once años. No sabemos el porqué de hacer fotos al cielo, ese registrar las nubes, guardarlas en un lugar al que acudi...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Yo tardo en descubrir los engaños. Soy de los que no los percibe hasta que están encima. Soy confiado hasta extremos preocupantes. Creo por...


1 comentario:
Gracias por la reseña y por tu brillante participación, Emilio. No te tengo que decir cómo me he alegrado de que vinieras y de que los problemas de salud menguaran para permitírtelo. Que sigan menguando. Un abrazo
Publicar un comentario