9.2.07

Parecidos razonables


Malintencionado, hábil jugada de márketing, homenaje: todo vale en este cine de ahora para llamar la atención sobre sus hijos, que son los nuestros. The Good german ( El buen alemán ), la película de Steven Sodenberg que produce George Clooney, emula el diseño ( el artwork que dicen los americanos ) de la mítica Casablanca.
Falta ahora ver El buen alemán para ver si el homenaje se queda en el cartel o hurga más adentro.
Buenos tiempos para la imaginación.

King of California: todos buscamos algo


Producida por Alexander Payne ( Entre copas, About Schmidt ) y dirigida por un novato ( Michael Cahill ) cuenta la historia de un padre de familia obsesionado con la idea de que en algún lugar de California hay un tesoro enterrado. Su hija le ayudará en la búsqueda. Un Michael Douglas de la guisa que se aprecia en el cartel promete un entretenimiento para este 2.007 recién alumbrado.
Trailer en este clic.



TETSUO - THE IRON MAN : "... del cielo te caen los clavos"






Hay cosas que uno entiende, pero que le fascinan. La religión es lo inaprehensible razonado. Bertrand Russell decía que la fe era la inteligencia chantajeada o el sentido comun secuestrado. Bajo ese estricto contexto, Tetsuo es una rara avis dentro del cine que uno pueda ver y no se parece en nada a ninguna otra película, aunque comparta idénticos patrones y un bastante similar sentido del espectáculo grotesco y del guignol fascinante de todos los radicalismos.

Tetsuo es radical: o gusta mucho o repele bárbaramente. Yo zozobro entre la repulsión y esa extraña afinidad al consentir la idea de que, no siendo mala, la propuesta es alucinante, fantástica, tremebunda y grandilocuente como una montaña rusa en la cresta de un tsunami.

Los japoneses van un poco a contrapelo del cine occidental y es éste último, ya más cansado de buscar y no hallar modelos nuevos de explotación, el que busca en su iconografía particular tendencias novedosas que mostrar al público europeo o al americano. Ahí tenemos a Scorsese y su Infiltrados, que es una lectura neoyorkina y nicholsiana de un producto de Hong Kong del que no hubiésemos tenido excesivos noticias si Scorsese no hubiese visto chispa en sus fotogramas. Hong-Kong no es Japón, pero Asia es Asia.

Tetsuo es delicadamente anormal: fragmentaria, revolucionaria en su planteamiento-nudo-desenlace y, a lo David Lynch, perturbadora y adictiva. Nunca he usado el adjetivo "agradable" porque Tetsuo no es un pastelito para la sobremesa después de un solomillo al roquefort con un buen rioja. Parece un batido experimental de manga, Iron Maiden y tornillos psicodélicos.








El fetichista del metal no es plato degustable, aunque hemos visto a personajes de Scorsese realizar brutalidades parecidas. Hasta el atormentado cerebro de Lynch, ya citado, nos regala martirios y aberraciones que no desentonan en este artefacto incontrolado y tóxico.

Lo primero que llama la atención es ese blanco y negro sucio y una muy particular forma de contar la historia: no hay casi diálogo, una música estridente nos acongoja ( literalmente ) y los personajes parecen fantasmas, espectros acelerados, mínimas entidades vitales movidas por el capricho de algún dios rudimentario y cabroncete que les infringe mil dolores pequeños y algún tormento gigantesco para no acostumbrarlo a banalidades.

Este hombre que se mete metal en el cuerpo como el que saborea un pastel de manzana es el icono de la depravación moral del hombre o no es nada de esto y tan sólo estamos asistiendo, perplejos, alucinados también, a nuevos modelos de procurarnos placer ya que los que tenemos ( el sexo natural, con sus espasmos y sus calambres ) van menguando su capacidad de satisfacernos. O es que los japoneses multitecnificados, hipermotivados por la ruidosa revolución de las máquinas, han erigido al metal en su dios fundamental y ofrecen estos sacrificios para contentarlo igual que los mayas de Gibson extraían corazones del pueblo para darle gustito a sus deidades cósmicas.

No frivolizo con esa violencia gratuita: es detestable el abuso, la moda reciente de inventar nuevos lenguajes para hablar sobre la violencia, que es antigua y ha despertado el interés de todas las generaciones de seres humanos que sobre este perro mundo han sido, pero Tetsuo, el hombre de hierro, vale para quien necesite escaparse durante un rato ( dura una hora ) de todas las convenciones narrativas y discursivas del cine clásico ( que va de Sed de mal a Bambi ) y desee ( y debe desearlo de corazón porque si no es así va a salir tocado del experimento ) ir más allá, bucear en territorios no hollados.

Vi en mi videoclub que hay un Tetsuo II: el cuerpo del martillo. No voy a descubrirla: puede que me pierde algo grande. Mi ración de espanto anual está cubierta. Shinya Tsukamoto no va a ser mi director favorito, pero se va a convertir en el atormentado favorito de mi lista de atormentados ( Lynch, Lynch, Lynch, ya no estás solo ).

Esta mescolanza de lo biológico con lo metálico, esta hibridación anti-natura da un poema metalúrgico, el primero de la Historia del Cine. Cyberpunk para terminar un siglo.Tornillos, mutilaciones, taladros en sinfónica comandita para revolver el estómago inocente. ¿ merece la pena ? En cierto modo, por supuesto, aunque después de esta ingesta masiva de truculencias sensoriales cabe la posibilidad de sacar de la estantería de casa el dvd de Titanic y dejarnos llevar por el melifluo canto de sirenas de su tragedia.




8.2.07

V DE VENDETTA : Robin Hood en el Parlamento








Detrás de V de Vendetta está Orwell, que ocupó mis primeras lecturas serias. También hay un sano ejercicio de contravenir reglas que se antoja fundamentales en la sociedad del Bienestar ( téorico ) de esta civilización nuestra. Se contraviene la legitimidad de un Estado ( aunque sea de Derecho y aparente fórmulas democráticas en su ejercicio ) y se da cuartel al terrorismo: se le acredita como legítimo y hasta convenimos que, en ocasiones, todas las palabras se manifiestan huecas cuando chocan ( frontal y brutalmente ) contra la ciega inercia de un Poder podrido, de un Estado Canalla que ha traicionado sus fueros, su organigrama básico en aras de la barbarie, sea cual fuere su máscara visible. ¿ Y entonces de qué hablamos ?











V de Vendetta vindica el fascismo, la toma individual de decisiones que afectan a los demás por mor de un no justificado sentido del orden que probablemente nadie más comparte ? Para no escandalizar en exceso a las mentes bienpensantes y al bolsillo de la distribuidoras que van a dar salida al film, la obra de Alan Moore, viñetista gráfico sobre cuya obra también fueron llevadas al cine La liga de los hombres extraordinarios y Desde el infierno, se aligera notoriamente: se desarma de su mala leche y se inviste de una mediocre ( pero tolerable ) rebelión contra el Gobierno, que estrangula al ciudadano, según vemos, y le roban canallamente la libertad.

Sin caer en la pose pop, que hubiera sido quizá lo más predecible, V de Vendetta utiliza una estructura visual rica donde prima la ideología sobre la acción y donde los personajes, sin ser tampoco profundos ni dignos de Shakespeare, satisfacen al espectador exigente que busca un poso dramático acorde al riesgo de la propuesta. Este Robin Hood moderno que es V, autodeclarado libertador del pueblo oprimido y decidido con denuedo a poner un tren de bombas debajo del Parlamento Británico, es también el tutor forzado de una Evey ( Natalie Portman ) pura y neutra, que ignora los dobleces de la política y acaba, como presentimos durante todo el metraje, identificada con V al punto de ser capaz de proseguir su Obra en su ausencia.

Todo muy subversivo, aunque aromatizado con un reparto muy llamativo ( Hugo Weaving, Natalie Portman, Stephen Rea, John Hurt o Stephen Fry ).














Todo muy anárquico, aunque relativizado por los hedores evidentes de la corrección polìtica en estos tiempos convulsos.Escrita por los hermanos Wachowsky y dirgida por James McTeigue, asistente de dirección de la célebre y sobrevalorada serie Matrix,V de Vendetta es una obra regular, que conmueve y suscita un diálogo. Como hay pocas películas regualres, que conmuevan y susciten un diálogo, declaro V de Vendetta una de las mejores películas que este espectador razonablemente crítico ha visto en los últimos tiempos, aunque esta vez haya sido el dvd el intermediario y no la apetecible pantalla grande.

Por lo demás, chapeau.

DREAMGIRLS : Fanfarria a lo Motown






La crónica hagiográfica tan en boga no tiene en este espectador un fan devoto: suelo evitar como pólvora caliente ese tipo de cine que crece alrededor de un mito o, en su ausencia, sobre un personaje con calado público, cuya notoriedad y relevancia suple las carencias de la historia porque, a fin de cuentas, todo el mundo sabe por dónde va a ir la historia y no se precisa demasiada pulcritud en su evidencia.
Dreamgirls cumple las condiciones exactas para haber sido candidata a no verla jamás, a pesar de que la música de la Tamla Motown me entusiasma ( estas The Dreams son un remedo muy aceptable de aquellas The Supremes y Jennifer Hudson es una Diana Ross vocalmente creíble ) y el reparto tiene las campanillas suficientes como no dejar de sonar hasta que te pones en la cola del cine. Anduve en esas durante algunos días, pero luego la tentación ( es buen nombre ) me condujo como res al matadero de la butaca.
Dreamgirls no es Chicago, que me resultó insoportable. Tampoco Cotton Club, que admiro. Bob Fosse hizo la ácida All that jazz ( Empieza el espectáculo ) en otros tiempos y ahora la máquina de Hollywood hace musicales porque hay que reflotar algunos géneros que de vez en cuando se quedan perdidos, gozosamente heridos en las vitrinas de la Historia del Cine, sin que ningún lumbrera con olfato ponga la pasta para que un director con talla y un reparto con nombradía hagan que ( nuevamente ) las palomitas y la coca-cola hagan pareja en la fila siete.
A pesar de esta tunda de palos semánticos, Dreamgirls no es una mala película: podría haber sido incluso una excepcional si no se observaran en demasía ciertas irregularidades de planificación, algún descalabro en el argumento y, sobre todo, un débito excesivo a todos los tópicos que sobre el cine de músicos que escalafonan hasta que brillan, rutilantes, en el estrellato de la fama y del dinero se han escrito.
Tenemos el trío de oro con sus roles ya muy previstos: la inocente, la discreta y la carnívora. Tenemos un abuso de números musicales como apoyatura para solventar lo que el guión no alcanza. Tenemos, por último, una ambientación tan impostada y amanerada que pareciera que estamos viendo una película. El cine ( el bueno, al menos ) debe alejarnos de la idea de que estamos asistiendo a una monumental impostura. El cine engaña, pero hay que maquillar la mentira de modo que todo sea asequible para nuestro asombro. Da igual que salgan astronautas, aliens en una bolera o yankees en la corte del rey Arturo. Estamos para lo que estamos: para divertirnos, para disfrutar.
Dreamgirls, en este hilo argumental, no aprovecha el excelente material disponible y se estrella, sin mucho estrépito, todo sea escrito, contra los clichés de la prodigiosa maquinaria del sistema, que sabe siempre dónde pulsar para que el producto dé cuartel al boca a boca y, al final, como me paso a mí, todos dejemos nuestro pequeña contribución crematística .Diana Ross estará muy contenta porque su carrera, siempre tan renqueante, vuelve a estar en danza. El grasiento rhythm and blues de Detroit venderá de nuevo discos aquí y en su tierra porque la música no conoce las etiquetas de las geografías cuando es buena, y ésta lo es grande sumo. Jennifer Hudson canta de maravilla y ver la película trae de rondón la idea de adquirir después el cd con el soundtrack original.
Todo eso está muy bien, pero Dreamgirls está, en su fondo más artístico, hueca: le sobran muchos minutos y le faltan otros tantos. Vale que Eddy Murphy demuestre que es un actor estupendo después de trescientas películas donde ha hecho el tonto, el gordo, el espabilado y el risitas o que Jamie Foxx siga demostrando que ese es su medio natural ( como en la también irregular y plomiza Ray ), pero podríamos haber encontrado un film más brioso, menos chic.Las divagaciones filosóficas de All that jazz quedan aquí tan lejos como Vladivostok, en cuya salas la exhibirán a mayor gloria del espectador siberiano, creo que digo bien.
Yo, por si acaso, me apunto en la libreta de obligaciones buscar en la estantería mi copia de la cinta de Fosse y ahí todo mi amor ( por demás, escaso ) al musical o al biopic melómano quedará cumplidamente satisfecho. O Moulin rouge para poder oir una de mis canciones favoritas ( Your song de Elton John ) melifluamente llevada al paroxismo teatral por Nicole Kidman y Ewan McGregor.

7.2.07

EL NOMBRE DE LA ROSA : Sherlock Holmes en el limbo







Durante un tiempo estaba muy considerado eso de haber leido El nombre de la rosa. Umberto Eco era un escritor con más sombras que luces para el gran público y era la primera vez ( no luego la última ) que un catedrático de Semiótica se enfangaba en ficciones en lugar de fomentar cuanto le era propio, esto es, el ensayo sesudo de título inasequible para los no iniciados ( Lector in fabula, Apocalípticos e integrados u Obra abierta ). Eran todo libros de cabecera del universitario de Letras o del siempre curioso lector, curtido en filigranas del pensamiento, buceador incansable de la, en palabras de un buen amigo, la trastienda del lenguaje. Después del libro, best-seller, boom, hito en la literatura de consumo de los ochenta, Eco tiró de esta nueva adquirida fama y dio luz a sus Apostillas al nombre de la rosa: opúsculo de varia lección en el que el escritor, a modo de extras en los dvd que consumimos, interrogaba al lector, cuestionaba la naturaleza propia del hecho de la lectura y daba, a tutiplén, sin miramientos, prontuarios, anecdotarios, capítulos ajenos a la trama del libro, pero ensamblables en ella.











¿ Y todo este amasijo de reflexiones de cuerda literaria para escribir sobre la película ? Pues un poco de todo eso tiene el film, que se aroma del mismo carácter culturalista ( gozosamente semiótico, como querría Eco ) que el libro. Annaud no cae en la trampa de hacer un film sobre un libro: es obviamente innecesario y, por demás, inútil. Annaud recrea un universo detectivesco-medievalista sucio, áspero, relegando los abundantes latines del libro y su corpóreo discurso teológico a pinceladas leves que no alteran, en ningún momento, el espíritu ágil de su obra.











Digamos que las apostillas de Eco se reverdecen ( muy metafóricamente escrito ) en la película: todo se adelgaza, todo se simplifica, todo se deja contaminar por una precisión formidable, la que diferencia el cine ( palabra en movimiento ) con la literatura ( palabra que precisa del decodificador necesario, esto es, el lector cómplice ).

Annaud es ambicioso: plantea su film como un muy exigente incursión en la Historia y lejos de pretender monopolizar un proyecto que le era especialmente grato se hizo acompañar por un director de fotografía mítico ( Tonino Delli Colli ) que bebió en Rembrandt, en Caravaggio para impregnar de su luz las tinieblas de las abadías del medievo.

La trama de El nombre de la rosa es muy sencilla: en vísperas de que en una abadía benedictina se celebre una cumbre teológica algunos monjes aparecen siniestramente asesinados. Fray Guillermo de Baskerville y su joven discípulo Adso de Melk observan la influencia maligna de cierto libro. Crimenes, libros: nada nuevo.

Detrás hay una visión descarnada de la tiranía de la Iglesia Católica y del papel notabilísimo de los monasterios a la hora de transmitir ( o de ocultar o de cercenar ) una cultura. El propio bibliotecario ( homenaje magnífico a Jorge Luis Borges ) es ciego. Y el libro que se constituye causa de todos los crímenes es uno de Aristoteles sobre la risa porque, a decir de Jorge de Burgos, el bibliotecario ciego antes citado, la risa prefigura el conocimiento, su verdad más lúdica y menos controlable, y aunque haga la reseña más larga transcribo lo que dice acerca de ésta porque no tiene desperdicio alguno:

"La risa libera al aldeano del miedo al diablo, porque en la fiesta de los tontostambién el diablo parece pobre y tonto, y, por tanto, controlable. Pero este libropodría enseñar que liberarse del miedo al diablo es un acto de sabiduría.Cuando ríe, mientras el vino gorgotea en su garganta, el aldeano se siente amo, porque ha invertido las relaciones de dominación: pero este libro podríaenseñar a los doctos los artificios ingeniosos, y a partir de entonces ilustres,con los que legitimar esa inversión. Entonces se transformaría en operación del intelecto aquello que en el gesto impensado del aldeano aún, y afortunadamente, es operación del vientre. Que la risa sea propia del hombre es signo de nuestra limitación como pecadores. ¡Pero cuántas mentes corruptas como la tuya extraerían de este libro la conclusión extrema, según la cual la risa sería el fin del hombre! La risa distrae, por algunos instantes, al aldeano del miedo. Pero la ley se impone a través del miedo, cuyo verdadero nombre es temor de Dios. Y de este libro podría saltar la chispa luciferina que encendería un nuevo incendio en todo el mundo; y la risa sería el nuevo arte,ignorado incluso por Prometeo, capaz de aniquilar el miedo. Al aldeano que ríe,mientras ríe, no le importa morir…"

Un Sean Connery absolutamente magistral hace de Fray Guillermo de Baskerville y dota al personaje de una liviana chispa de gracia, de elocuencia y de naturalidad. No ocurre así con un novato Christian Slater en el papel del aprendíz, cuyo hieratismo ( luego amplificado con los años de oficio ) igual hasta conviene.




5.2.07

APOCALYPTO : Alucinación pre-colombina, gore académico







Lo que Mel Gibson nos propone es un viaje a un subidón de peyote o a una de sus muchas lisergias por exceso de ego, pero Apocalypto es un obra de arte absoluta, un artefacto multidisciplinar que extrae lo mejor del cine de aventuras de toda la Historia del Cine, que ya es Historia, para dejarnos tan exhaustos como satisfechos, complementamente ebrios de jungla y de orgullo primitivo por gracia de un montaje prodigioso en un lenguaje ya conocido, pero revisitado aquí con astucia, pericia y mano ferrea para que salga todo perfecto.
Gibson necesitaba muy poco para irse por los cerros del Yucatán y facturar un blockbusters de mayas en peligro que únicamente hubiese contentado a la tropa adolescente golosa de gore con fuste.





Apocalypto habla de muchas cosas, aunque nunca hace las veces de altavoz pedagógico de una época ( la civilización maya ) por mucho que algunos hayan querido desmontar este tinglado alucinante de cine puro y duro con discursos que apelan más a la controversia absurda. No vamos al cine ( yo, al menos, no voy nunca al cine ) para que me enseñen cómo fue la vida de los eunucos o de los soldados de Cristo o de las tropas de Hitler en Stalingrado. No es que ignore toda ese rico utillaje cultural: lo aprecio en la medida en que el aprendizaje nunca sobra y vale más que sea lúdica y festivamente, pero el cine ( o la literatura ) es ficción y Apocalypto exhuma ficción: la ficción le chorrea por todas las lianas de la jungla y por todos los litros de sangre que Gibson ha tenido que comprar en Internet para que la película sea lo bastante cruda. Sin esa crudeza, me temo, igual no nos la hubiéramos creído. Yo creo. Y hermanada a la creencia va mi disfrute en la sala de cine.
Hacía mucho tiempo que dos horas no pasaban en diez minutos. ¿ Hay mejor crítica de una película ?Leí que siendo los mayas astrónomos consumados no debía pillarles por sorpresa un eclipse, como pasa en el film. Es posible que fueran astrónomos consumados, pero el eclipse es el mcguffin de Gibson para que Garra de Jaguar tenga cien minutos más de película para que todos disfrutemos con su vértigo selvático, con su carrera por la vida, por su coraje y por su mujer, que alumbra en una apoteosis de lluvia un hijo submarino. No se puede pedir más.





Leí también que era predecible y simple, lineal y voyeurista. Añado yo: es explícita, pornográfica en su sólido muestrario de detalles y, muy escoradamente, épica porque nuestro héroe corredor es el demiurgo, el dios posible, el hombre que ha venido al mundo para no dejarse arrebatar la vida, aunque un ejército pequeño de sanguinarios den la suya para ejecutar una venganza y consumar un capricho.
Gibson ha recuperado la Historia ( o una historia ) de los mayas, pero lo que se narra es la Historia de la Humanidad, que es la supervivencia de unos por la injerencia cafre y animal de otros. Para finiquitar la trama, a Gibson no se le ocurra otra cosa que darnos una ración de barcos españoles en la playa: como si nos viésemos en el espejo, pero Garra de Jaguar y su familia lo tienen claro: van a esconderse en el bosque y buscar un nuevo comienzo. ( Absténganse lánguidos de espíritu, impresionables de corazón y dejen que los demás les digan la suerte que tuvieron al perdérsela )



4.2.07

SHORT CUTS / VIDAS CRUZADAS : Apología del esnobismo






Hay quien admira al ya tristemente finado Robert Altman por su heroica actitud de cineasta a contracorriente, ácrata, decadente, y no atinan a ver que por encima de esa politización de su cine late, hermosa, una mirada pulcra, singularísima que elude toda concesión a la gratuidad ( salvo la muy lamentable Pret-a.porter ) y se ofrece libre, complejo, intelectualizado sin ser hermético en ningún momento.
Short cuts ( Vidas cruzadas ) es un alambique de historias hábilmente engarzadas: el entramado argumental es de una urdimbre espesa, pero el puzzle ensambla con precisión y el cuenta-historias de Altman nos da en la conciencia con una historia llena de vida, que exhala vida, que nos toca a todos y que todos podemos considerar parte de nuestra historia, fragmento de nuestra propia vida.
La rutina de los personajes, que son muchos y de muy variado pelaje, deviene en épica: rutina y épica hermanadas, confundidas, son la fotografía gris de la plomiza patria del director, a la que fustiga como un Michael Moore más lírico, menos frío.
Por Vidas cruzadas desfila una decena larga de seres errabundos, anodinos, perdedores, signados por el fracaso, baluartes involuntarios de una moral bragada en batallas diarias contra la soledad y contra el desencanto. Y de una u otra forma, el mundo de Altman ( o de las historias cortas de Raymond Carver en las que se basa el film se abastece de gente quebrada por el dolor, pero ajena a veces a su evidencia en sus vidas: sólo al final terminan por reconocerlo, como el toxicómano que únicamente se pone serio con su adicción cuando sufre un viaje demasiado voltaico.
Aquí hay pérdidas irreparables y pequeños abandonos más frívolos, pero están barnizados por la fina indiferencia de un director que no mete la mano en lo que cuenta y deja que todo fluya con naturalidad: lo que hace pasmosa la visión de esta película es la capacidad de un genio para montar todas las historias y que sean, al final, una.
El cine coral de Robert Altman es la referencia en la que Paul Haggis ( Crash ) debió beber antes de abordar su oscarizado ( injustamente ) film. O Paul Thomas Anderson y su muy superior Magnolia ( con el mejor Tom Cruise delante de una cámara que yo haya visto ).Altman no deja a nadie solo: ni un pastelero, aparentemente inconsustancial, innecesario, nos parece obviable, aunque sólo salga en pantalla escasos diez minutos. Hasta el terremoto del final es un personaje.
Vidas cruzadas o Short Cuts ( Cortes cortos o atajos, un título de una sonancia estupenda en castellano ) es un collage prodigioso de historias: la deliberada atomización de su trama, la excesiva maquinaria actoral, se resuelve después en un bien engrasado ascenso al desenlace, que trae también su moralina, pero no digamos lo que no debemos.
En estos tiempos de cine desguionizado ( ésa es mi reclamación en el desierto de un espectador solitario ), Vidas cruzadas es alegato ácido de la importancia de contar con un texto de altura. No he leído en su totalidad la obra de Carver, pero sí algunos de los relatos que orientan el film. Luego cada uno cogerá la historia que más le guste ( o que más le conmocione, en fin... ) Yo me quedo con la del policía que interpreta Tim Robbins, detestable, cabronazo hasta el paroxismo, y su historia de reconciliación conyugal por vías verdaderamente insólitas.Consiguió el León de Oro en la Mostra de Venecia, que además concedió, inusualmente, el premio de mejor interpretación a todo el elenco. . En los Globos de Oro crearon para Vidas Cruzadas una categoría especial que daba también al reparto el premio interpretativo. Altman aspiró ( fracasando ) al Oscar a mejor director.

2.2.07

QUO VADIS, BABY ? : El detective melancólico





Vi este Quo vadis, baby ? con cierta desgana: no me entraba el título, más deudor de las comedietas de humor burdo y erotismo casposo de un Ozores que de lo que la cinta pretende, un thriller o un drama intimista, que de ambos hay. La decepción tardó en llegar, pero acudió a su cita: no puede uno albergar buenos sentimientos, dejarse llevar por las intuiciones y sospechar, entre el marasmo de cine europeo ligerísimo o pesadísimo, una película de interés que reflote mi opinión ( últimamente negativa y en grado sumo ) del cine italiano, que otrora me procurara tantos ratos buenos cuando uno en esto de ver películas con cierta asiduidad y con mucha pasión.
Quo vadis, baby ? es un híbrido extraño entre la historia detectivesca, de cuidado detallismo y guión previsible, pero sobrellevable, y la hondura con pretensiones del drama de personajes, en donde yo me dejo llevar por Cassavettes o por Ivory y no por Salvatores, que quiere dar mucho en mucho campo y queda en poco en escasos metros.Pareciera ( esa impresión tuve durante el último medio tramo del film ) que el director ha tirado de algún solucionario de problemas y ha atajado por el camino más corto, que suele coincidir con el peor y con el más evidente. Se salva el arranque, que está trenzado con hebras más personales y donde se plasman las preocupaciones más terrenales de un director excesivamente conmovido por los telefilms, escuela válida para cierto cine de exigencias menudas y de recorridos cortos.
El título no merecerá el repudio absoluto porque (insisto) tiene maneras de otro cine, que ya querríamos, pero que no vemos. El argumento podría haberse estirado hasta redondear un noir puro y obviar toda intención dramática: ya sabemos que los detectives son duros y tiernos a la vez y que, como decía Rubén Blades en su Pedro Navaja inmortal, " si naciste pa' martillo del cielo te caen los clavos".Estos clavos dejan el ataúd a medio cerrar o a medio abrir, pero el cadáver no atufa en demasía: se deja querer, se preocupa por desentumecer su cuerpo devastado y hacer que el espectador (con un sano espíritu samaritano ) salga del cine confiado en que la próxima vez ( la habrá ) no dará oportunidades a títulos tan nefastos.
Oscura, pero también primitivamente evidente, combina brillantez y mediocridad a partes iguales.

Angela Baraldi, que encarna a la detective desastrada, melancólica y aturdida por las circunstancias, confiere al film un tono de más contundencia, pero ahí queda la voluntariedad actoral, que no pasa de aceptable. ¿ Por qué espera siempre uno tanto ?
Hay mucho cine para ver: esta noche, sin ir más lejos, tiro a ver Babel, que todo el mundo tiene opinión de la cinta y yo, a dos velas, no puedo entrar en las conversaciones de café con los amigos.


MEMENTO : Escrito en la piel









Películas con líneas argumentales aparentemente dispersas que al final convergen no han sido nunca santo de mi devoción cinéfila: en ocasiones, el director acaba entregándose con mayores bríos a la pirotecnica formal que al refinado y coherente hilo natural de las cosas.
Pulp fiction obró el milagro de mi reconciliación con ese cine de divergencias, de miradas que se cruzan y de destinos revocados que acaban afiliados a la misma estructura narrativa.
Christopher Nolan hace en Memento un recomendable ejercicio de rebobinado para que sepamos, al final de la película, qué pasó al principio. Lejos de que este recurso excesivo, probablemente innecesario, lastre el resultado final del film, aquí lo catapulta a niveles de hondura dramática absolutos de modo que no se concibe Memento sin que todo esté así tan en atropellado.
Esta abolición de la línea temporal se asienta sobre la propia naturaleza del personaje protagonista: Leonard Shelby ( un entregado Guy Pierce ) padece una enfermedad que le imposibilita para recordar los hechos más recientes. Esta realidad fracturada en la mente de Leonard es la realidad fracturada del film: su obsesión por desmontar el plano cronológico y fatigar al espectador ( bendita fatiga ) con un puzzle de estética cartesiana más cerca de la literatura de Cortázar que de la escritura del Hollywood más utilitarista.










Acudir al tópico del deslavazamiento narrativo, insistir en exceso en su amnesia como motor de investigación criminal, es restarle aciertos, minusvalorar un muy trabajado ejercicio de composición que deja los obvios campos abiertos, las dudas necesarias para que ninguna evidencia sea tajante y todo se avenga al frágil territorio de la especulación: no sabemos a ciencia cierta si el asesino ( John G.) muere cada vez que Leonard da con un John G., aunque mejor no revelar más de la trama, que es lo suficientemente esquinada, inteligente y perversa como para atrapar nuestra atención ( y luego nuestra rendición sin condiciones ) durante estas dos más que recomendables horas de cine.
Film híbrido entre el videoclip ochentero y el cine negro de escuela, Memento es la crónica de un desajuste moral, la historia de una venganza ( la mujer de Leonard es asesinada y violada ). Se rodó en un mes escaso y a pesar de recibir un excesivo número de malas críticas ( se remarcó el hecho de que el barullo argumental impedía adquirir un conocimiento nítido de por dónde iba la historia, lo que yo consideraba obstáculo para tomarme en serio el film, como escribí al inicio de esta reseña ), ganó la batalla del público y es a día de hoy, a tan escasos años de su estreno, película de culto por lo muy original de su planteamiento.
Sólo es nuestro lo que perdimos, escribe Jorge Luís Borges magistralmente. Leonard posee el objeto físico de la fotografía, la escritura epidérmica que le vale de prontuario de acciones: la rutina como método de composición de la realidad. Y ese inventario de recursos deben, además, guiarle por la maraña de la investigación ( bizarra, poliédrica ) que conduce a revelarnos por qué razón tenemos al comienzo del film un hombre con la cabeza abierta y quién fue el asesino y violador de su esposa resultando que al final ( o es el principio ) advertimos que quizá ( y no estoy contando nada relevante ) todo resulte un barroco puzzle en el que el montador sabe de antemano que la pieza que falta no está en la mesa sino en su bolsillo.

Elogio interior del mar

  Los paseos marítimos son la representación que más me agrada del verano. Recorrerlos sin prisa, bajar luego a la orilla y ver el mar desde...