Lo malo de que la muerte nos conduzca al cielo es que desde allí el cielo no se ve. La idea (no su volcado, que yo he calzado como he podido al texto) es de Monterroso. El cielo es un paraíso prometido, pero hay que tener cuidado en desearlo mucho y en afanarse por acceder a él, no vaya a ser que una vez hayamos ingresado en él no nos cuadre algo y echemos en falta el viaje. Aquí se acuerda uno de Kavafis y el verso repetido hasta casi retirarle significado alguno, el de pedir que el camino sea largo. Lo bueno de no creer que tras la muerte haya cielo alguno que nos aguarde es que podemos concedernos la posibilidad de que estemos equivocados y darnos de bruces con él cuando nos abrace la aplazada Parva. No lo hemos buscado, pero nos aguardaba. No sabemos nada, quizá haya cosas de las que debamos no saber. Por la intriga. Por no rebajar el asombro o retirarle nuestra confianza.
12.10.20
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Breviario de vidas excéntricas / 25 / Acadio Azpilicueta
Debería haber una cierta impunidad en algunos crímenes, hasta en los de más crueldad. Una del tipo que te permita más tarde proceder con en...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Hay vida después de las novelas históricas, aunque las estanterías estén secuestradas por dinastías y pasillos secretos, por cetros perdidos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario