17.2.07

FUNNY GAMES : Un dedo en el ojo







Toda la película está ya resumida en sus primeros minutos: una pareja burguesa con un hijo se dirige con su Range Rover hacia su casa a orillas de una lago. Arrastran una barca de dimensiones obscenas. El entretenimiento consiste en ir adivinando, gozosa, lúdicamente, qué piezas de ópera van sonando en el reproductor de cd. De pronto la música clásica deja de sonar y la banda sonora del film apabulla con una machacona apisonadora de hard rock industrial, ruido reposado sobre dudosas bases melódicas .El resto es un desasosegante thriller cuya consistencia reside en las implicaciones morales y en las justificaciones sociales de una pareja de psicópatas que abordan la plácida vida aburguesada de una familia con la inexcusable tarea de matarlos sin que en ninguna circunstancia del film se nos informa sobre la naturaleza del crimen o sobre las consecuencias de su ejecución.
A tal efecto, Funny games se reviste de provocación y va transitando, sin apenas recursos estrictamente cinematográficos, por lugares trillados por otros films, pero que aquí están ampulosamente llevados a un extremo brutal, aunque jamás nos escandalice ninguna escena porque lleve aparejado un componente violento explícito: aquí no se el pornográfico y truculento gore de otros adalides de la provocación como el Tarantino de Pulp Fiction o de Reservoir dogs o el pseudointelectual Oliver Stone de Natural born killers.

Haneke obvia el regodeo: se instala en los planos larguísimos, estáticos casi, de personajes varados en la tiniebla de la inmoralidad ( los yuppies que asaltan la casa y ejecutan su siempre absurdo plan ) y personajes lastimosamente anclados en la incomprensión y en la impotencia de no saber el objeto del juego al que han sido empujados.
El episodio de la ópera mutada en ruido metálico es la referencia: ahí está, aunque leí que Haneke no lo tenía claro del todo, la línea argumental de todo el film: cómo la vida se sustenta en muy frágiles cimientos y cómo el azar ( qué si no ) puede variar el acomoditacio y merecido ocio de estos burgueses amantes del bel canto hacia la tragedia sin paliativos.
Lo que la cinta no plasma con alguna elocuencia es la razón de estos cabrones que usan la violencia como juego, un juego divertido, como dice el título. Kubrick hizo La naranja mecánica con una muy clara idea de qué pretendía esa aparente apología de la violencia. La novela de Burguess ya principiaba un sólido alejamiento de toda idea frívola de la violencia. Drugos y nadsat fatigaban las calles en busca de diversión como estos niñatos de Funny games. Incluso hay un tributo a ese film en éste: Alex ( Malcolm McDowell ) es lenguaraz, vivo, culto y refinado, y tiene a un adlátere lerdo, fofo y primitivo, su “drugo”. Igual sucede aquí. Los dos personajes están construídos con idénticos mimbres psicológicos si es que alguna psicología pueda usarse para razonar el comportamiento de ese tipo de gentuza.
Haneke deconstruye la gramática del thriller con psicópata y prisionero que sabemos que va a morir antes de los títulos de crédito: lo hace eliminando todo signo de gratuidad erótica: la mujer es obligada a desnudarse pero nunca hay más piel enseñada que la necesaria . Tampoco se ensaña en las muertes que se van produciendo: las retrata asépticamente, casi sin un empeño en denunciarlas. Es significativa la última, que parece un accidente de la climatología más que la pérdida trágica de un ser humano.
Los secuestradores o los asesinos o los yuppies tarados ( qué importa ) juegan también con el espectador, que es una pieza más en la trama: lo implican en el juego, le obligan a determinar una postura o a razonar con ellos la lógica de lo que está sucediendo. Hay incluso una escena en la que la película se autorebobina: lo que parece un final feliz o, al menos, el camino para que ese final feliz se produzca es violentamente censurado por el asesino. Cuando su amigo es escopeteado, busca nerviosamente el mando a distancia de la televisión para echar atrás lo que acaba de suceder ( nosotros vemos como la cinta va hacia atrás efectivamente ) y borrar esa incomodidad ( que su amigo muera ).
Lo que esta agresiva e incómoda cinta promete es un espectáculo transgresor como pocos: la exquisita educación de los asaltantes va aditamentazo su comportamiento esquizoide, su impulso criminal. Duele pensar que una mente lo suficientemente despierta y culta como para pedir huevos por favor y excusarse por parecer maleducado luego sea capaz de disparar a un niño o reventar un futuro con esa pasmosa facilidad.
Esta turbia constatación de que el mundo va mal y de que todos los que en él andamos fagocitamos las mismas débiles promesas de que quizá algún día va a ser mejor no puede sustraerse de ser catalogada como la película insoportable que reposa en nuestra colección de películas a la espera de que un amigo con ganas de emociones fuertes nos pida algún entretenimiento nocturno.
Hablando exclusivamente de cine, Funny games no es cine: es una especie de experimento basado en las técnicas del cine, pero se escapa de esa categoría conceptual cuando Haneke contradice todo sentido lógico de la narración y se queda dos minutos parado en un fotograma, que bien pudiera parecer un cuadro. Yo me sentí desasistido, ajeno de pronto a todo cuanto había visto antes. Deseé ( y lo hice vehementemente ) poder rebobinar la cinta hacia delante. Lamenté no tener a mano un mando a distancia ( ¿ el de la película ¿ ) para poder avanzar unos minutos y perder de vista el plano fijo, reventón, exasperante, tedioso, abusivo, de un hombre con la pierna destrozada en una silla o una mujer cerca del cadáver de su hijo, al que han matado, pero no lo hemos visto.
En muy concisas palabras, hay que tener muchas ganas de pasar un mal rato para dejarse atrapar por Funny games. Caso de que esas ganas existan o de que uno no tenga no puñetera idea de qué va el asunto ( cosa que me pasó a mí ), hay que apencar luego con el mal rato. Saber llevar el resto del día. Dormir a pierna suelta después de verla sin que pesadillas tenebrosas sobre la maldad y sobre la mala leche de muchos, algunos de los cuales igual están irremediable y lamentablemente cerca de nuestra plácida vida.
Parece que Haneke va a volar a Hollywood para hacer allí un remake de su Funny games con estrellas del celuloide ( Tim Roth y Naomi Watts ).
Ignoro por completo si he visto una película buena o mala. No caben aquí calificaciones, jerarquías, sometimientos a una escala que a veces no es fiable. Aquí hay que desconfiar de todo. Hay que tragar saliva. Hay que cerrar los ojos. O abrirlos mucho. O no pensar. O pensarlo de golpe todo y a una velocidad muy rápida.
Qué mundo. Qué mierda.






16.2.07

KLIMT : Playboy artie, biopic desastrado







Klimt es una desapasionada visita a la Historia del Arte reciente: un viaje amateur, sin visos de perdurabilidad en la memoria, a la mente de un obseso del color, del erotismo refinado de ninfas rodeadas de oro y de flores.

No hay casi nada memorable en este telefilm vistoso que llega a las pantallas con el reclamo de John Malkovich, creíble, aunque excesivamente perdido en un personaje también excesivo. Raoul Ruiz establece un juego de lentes muy original: factura un film extraño, subyugante, conciso en su brillantez involuntaria, pero deja una impresión tan etérea como los limbos de esos cuadros oníricos y flambeados de sueños.

Se presupone un interés por el personaje que luego deriva en un interés por lo que el personaje representa: el erotismo, la cordura fugada, la presencia de gente importante en ese convulso principio de siglo ( Melies, por ejemplo ).

El academicismo, la ortodoxia y la corrección formal de la que huía Klimt se refleja perceptiblemente en la ausencia de ortodoxia y de corrección formal de esta película que desatenderá muchas esperanzas y abrirá, no lo dudo, otras, pletóricas de deseos de saber más sobre el pintor austríaco porque este biopic es pobre en información y rico ( desgradaciadamente rico ) en florituras de biógrafo enamorado de su biografiado.

Mal aconsejado, Ruiz se reviste de una intelectualidad forzada que pretende ( y consigue a medias ) recrear un periodo de la historia del siglo XX trascendente y relevante en aspectos sociales y artísticos.Cierta incontinencia en el uso del desnudo femenino podría inducir que se trata de una película erótica con ínfulas de biopic convenientemente documentado, pero no hay lucimiento ni empeño en las escenas meramente sensuales ni en la plasmación de una época o en la explicitación de las razones de un genio.




La sífilis que devastó el tino de este pintor ha desastrado también el pulso cinematográfico de un director en posesión de un material convincente, válido para levantar un tributo al Arte, del que el cine escasea. Malkovich tampoco es el buen actor que conocemos: como si entendiese que no es ésta la película por la que va a ser recordado. No es la propuesta que hubiésemos deseado porque se manifiestan muy a las claras formas inequívocamente neutras de ofrecer lo que, en principio, se supone apasionado.


Acudí en busca de suntuosidad y salí embadurnado de tedio. Me quedó, en materia de vida de pintores, con El loco del pelo rojo o con Sobreviviendo a Picasso, que sin ser nada del otro mundo, explicaba con mesura e interés la vida del artista malagueño con un apoteósico Anthony Hopkins. Malkovich, ajeno a este mundillo de Belle Epoque transmutada en gris paleta de emociones mutiladas, sobrevive, como Picasso, pero no más.

Addenda: y las mujeres, como si fuesen modelos niponas, tienen un cuidado rasurado del pubis que en nada corresponde a aquellos tiempos... (pero, vamos, esto es una apreciación muy personal...)

15.2.07

SYRIANA : Cuentos del oro negro






Syriana es un meritorio puzzle cuyo ensamblaje rige los destinos del mundo o, dicho de otra manera, Syriana es un compendio práctico de geopolítica finisecular, un mirada inteligente a los poderes en la sombra.

Ya no es Dante ni es ese amor que él ponía como motor del mundo. “El amor que mueve el sol y las estrellas”. Ni como decía el ya tristemente ido Hilario Camacho que cantaba que el peso del mundo es amor. Donde antes Dante o Camacho, cada uno con sus maneras y conforme al tiempo que les tocó vivir y morir, ahora es un príncipe árabe, quizá instruido en Cambridge, sibarita de los pecados occidentales, aunque fiero baluarte de su idiosincrasia popular.

Y el peso del mundo ( ahora ) es el petróleo y su turbamulta acelerada de alucinados que en algún reservado de lujo en un hotel de muchas estrellas rigen nuestros destinos y organizan la colocación de las fichas en el tablero.

Syriana es también un espectacular documento sobre las complejas estructuras del discurso financiero del mundo, pero no es una excelente película. Tampoco es buena. Transita una mediocridad forzada, un territorio en el limbo entre el documentalismo salvaje de un Michael Moore en vena o la ficción verosímil de John Le Carré.. La malean los leves indicios de que toda la trama está pillada por excesivas pinzas. Arrastra infranqueables obstáculos.

La coreografía de la burocracia internacional exhibe bufetes de abogados de una sagacidad sorprendente, conspiraciones dentro de los despachos del Estado, analistas financieros con influencias formidables, príncipes árabes con lámparas mágica bajo los zapatos de mil dólares y talibanes del terror, los terroristas de siempre, ignorantes y exvotos jubilosos de su causa, que suele siempre coincidir con nuestras pesadillas.Esta argamasa cualificada de gente importante construye una casa comunitaria y bajo ese techo está el lector y está quien esto escribe. Ahí amamos y lloramos, sonreímos y cantamos. El problema es que la inteligencia de Stephen Gaghan, director y guionista de este interesante ( aunque ya he dicho que fallido ) film obliga al espectador ocioso, no ducho en todas las tonalidades cromáticas de la política y de sus sótanos, a un continuo ( y cansado ) ejercicio de complicidad y la trama, alambicada, generosa en escenarios y en ideas, desactiva con demasiada frecuencia nuestra capacidad de atención, que se ve sobrepasada por una avalancha torrencial y sofisticada de pequeñas tramas que, ensambladas más tarde, procuran una gran trama o La Gran Trama, el puzzle visionario, apocalíptico, el mapa de sombras del mundo.

Syriana precisa un opúsculo para explicar los espacios en blanco en nuestro cerebro. Precisa también una dosis grande paciencia: la necesaria para soslayar esos huecos, los trozos aparentemente deslavazados, toda la urdimbre de esta paranoia global. Al solventar estas inconveniencias, la película fluye con otro ritmo, el que Gaghan le imprime: vertiginoso, agilísimo, contaminado de la adrenalina de estos tiempos de fundamentalismo religioso, relativismo moral ( por mucho que le pese al Santo Padre de Roma ) y fiebre bursátil.

Barnes, un George Clooney convicente, que engordó más de veinte kilos en un mes y se dejó crecer una angustiosa barba, abandona su gesto socarrón habitual para ser el agente de la CIA enviado al próximo Oriente para asesinar a un heredero de un emirato petrolífero que está siendo sospechosamente asesorado ,a ojos yankees, por un ambicioso analista financiero ( Matt Damon ). “La mayor adicción de los EE:UU es el petróleo extranjero barato”, dice Gaghan, autor también de un guión muy libremente basado en el libro de memorias de un agente americano en Oriente Medio, Robert Baer.El tráfico de influencias en esas altas esferas que desconocemos no imagino que da para argumentos tipo Jean Claude Van Damme: todo debe ser así, espeso, de una espesura densa y orgánica. Y es esta densidad la que lastra al film a donde debe: al dudoso sueño de las películas de ciencia ficción política, género con no abundantes títulos, pero con su legión de fieles que ven en pantalla sus reflexiones sobre las cuestiones aquí tratadas, que no son pocas ni irrelevantes, a poco que se afine el oído y prestemos toda la atención que sabemos a lo manifestado en estas dos horas y poco de trapos sucios y de oro negro.

Los personajes son piezas accidentales del argumento: no hay un esmero en crearlos cercanos sino más bien todo lo contrario: no existe empatía, se nos antojan mercenarios, gente definitivamente irrecuperable para vivir en la sociedad de todos los días.

Es de recibo elogiar su distanciamiento ideológico: su asepsia, su indiferencia casi. Lo que se nos muestra, y que únicamente al final medio entendemos, no requiere una vinculación del narrador. Los acontecimiento son “bigger than life” como dicen los críticos americanos del show business. Igual a este cronista de la actualidad cinematográfica le faltan todavía dos o tres hervores de Historia y cuatro o cinco cucharadas soperas de geopolítica internacional para pillar todas las sutilezas del guión que, francamente, apabulla, intimida, deja al espectador ( a éste que escribe en particular ) fuera de onda, desinteresado por cualquier pensamiento profundo y relevante que pueda querérsenos colar. Y no dudo que los haya. Y grandes. Yo no llego a tanto.Ni voy a hacer ningún cursillo intensivo para verla en breve o dejarla para cuando mi mente está menos agitada por la falta de tiempo libre. Que de todo hay.
Addenda: Curiosidades / Frases

1.- Syriana es el nombre para referirse a un hipotético nuevo escenario en Oriente Medio.

2.- George Clooney : "No hay ninguna intención en la película de presentar a los musulmanes como malos ". Ni como buenos tampoco.

3.- Matt Damon: " Nadie puede decir que sea proárabe o antiárabe. Ni antiamericano. (La película ) habla por sí misma. No da una respuesta". Tampoco hace las preguntas adecuadas o hace muchas y nos quedamos asfixiados por tanto signo de interrogación.

4.- Stephen Gaghan: " Para hacer la película, hablé con espías, traficantes de armas, petroleros, políticos, intermediarios, miembros de casas reales, terroristas. Un agente de la CIA me ayudaba, quería que yo le entendiera, que lo pillara bien. Era un mentiroso profesional, pero creo que me ha ayudado a capturar la esencia". Igual habló con un solo personaje y resultó ser, al tiempo, espía, petrolero, político, traficante, miembro de una casa real.....

5.- Syriana se filmó en cinco idiomas y en cuatro contienentes.6.- El reparto es numnerosísimo: más de cien personajes de los cuales casi setenta tienen diálogo

7.- Clooney, el galán de Hollywood aquí gris y eficiente como agente de la CIA-mercenario, consintió el engorde y el poblamiento salvaje de la barba, pero no afeitarse, como quería Gaghan, su cabeza. No hay exigencias del guión que puedan con el amor propio de algunos divos.

14.2.07

MATINEÉ : Hormigas atómicas en la Bahía de Cochinos




Matinee debe ser tomada muy serio, aunque adopte maneras frívolas y su estilo sea una apuesta descarada por el cine pulp de los cincuenta y de los sesenta en donde los norteamericanos dormían con el miedo a ser abducidos o a que el grifo manara agua radioactiva que les convirtiera en escarabajos capitalistas.

La seriedad de Matinee estriba en su contexto: el aliño habitual de este tipo de películas es la prolífica serie B de aspecto casposo y cutre, de presupuesto escaso y fantasía desorbitante que abundó durante la Guerra Fría en los EE:UU como descompresor cultural de la tensión bélica y del ruido estremecedor de las bombas que, no cayendo, apuntaban a todos los lados.

Estremece pensar que la ficción de Dante se aliña con terrores cotidianos extraídos de esa realidad convulsionada por el litigio entre rusos y americanos y toda la turba de países adscritos a uno u otro bando que torpedeaban la estabilidad con pequeñas guerras civiles interesadas. La guerra fría era la amenaza para escombrar el mundo y Lawrence Moosley, un John Goodman prodigioso, es el mago de la impostura, el genio gordo de las ferias de pueblo que engaña a las familias para que compren su mejunje, que es cine de palomitas, cine desactivado de toda pretensión de durabilidad, como el propio cine de Dante o como esta película. Tenemos así cine dentro del cine, una película que habla sobre las películas de una época en donde Bruce Banner, el héroe de la Marvel, el Hulk verde afectado por las radiaciones en una prueba militar, era el icono de un futuro borroso. Mant, la película que Moosley publicita estupendamente en Matinee habla de todo esto: de hormigas atómicas y de rayos perversos, de sueños en la Luna y de hombres trabajadores que abren mucho los ojos cuando se sientan en una sala de cine para dejar que la magia, la mentira, la falsedad, el engaño, los retiren de la barbarie del mundo durante dos horas.

Luego están las matinales históricas de la juventud, ahora perdidas por mor de las nuevas filias tecnológicas que apelan al individualismo, al segregacionismo social y a cierto exclusivismo elitista. Dante, que fue primero caricaturista y después montador para Roger Corman, de quien aprendió que se podían hacer buenas película a bajo coste, posee un estilo desenfadado, generoso en guiños a las series televisivas y rico en niños y en adolescentes, emparentándose en eso con su mentor Spielberg, aunque éste sea más ampuloso en el mensaje, más guignolesco, grandilocuente y refinado.Matinee es una disfrazada sátira burlesca de una sociedad agitada a caballo entre el susto nuclear ( Bahía de Cochinos, los misiles cubanos, los soviéticos en las playas de California como amenaza suprema ) y la cicatrización de las heridas de la Segunda Guerra Mundial. Y el cine contribuye espléndidamente a que nada traumatice en exceso. Lo que Woosley hace es lo que Dante, en el fondo, pretende, aunque éstos sean otros tiempos y las amenazas y los miedos sean también otros y tengan otros disfraces. Dante es un obrero inspirado al que se le ha encomendado entretener a la tropa mientras se arman las barricadas: entretener es distraer, conmover, sugerir, emocionar, enseñar y, en todo caso, procurarnos el júbilo que nos roban los teletipos.

Matinee es un retrato costumbrista muy atinado de la América “fría” salpimentado con la sal gorda del humor más burdo ( el que se ve en la película en blanco y negro de Woosley ) y con otro humor, corrosivo esta vez, duro, aunque no hiriente, que explica la patología de un pueblo atrincherado en el estupor por el porvenir.Durante el desarrollo de la historia es posible oler a un Vietnam en ciernes y descubrir que los adolescentes que protagonizan la sesión no tienen ni puñetera idea de lo que es el comunismo y si esa ideología puede desmontar el american way of life que sus padres han edificado con sangre, sudor, barras y muchas estrellas.

LOS AMIGOS DE PETER : With a little help from my friends





En Los amigos de Peter concurren circunstancias muy favorables para que la impresión de su visionado sea excelente y dure lo suficiente como para que la película sea recordada con un cariño especial. La primera es un reparto deslumbrante: Kenneth Brannagh, que dirige, Emma Thompson, su esposa entonces y el siempre eficiente Stephen Fry, visto recientemente en Hijos de los hombres, que son tres de los mejores actores británicos de su generación. Luego está el primoroso guión de Martin Bergman, Rita Rudner y el propio Brannagh, que bascula entre la comedia a lo Woody Allen ( diez amigos se reunen tras diez años en casa de uno de ellos, el tal Peter, Stephen Fry ) y la mirada ácida, sentimental, burlona, más escorada al drama a lo Woody Allen también ( los diez amigos no sólo se cuentan batallitas y hacen chistes sobre la vaginitis de la hija del presidente sino que le meten los dedos en la boca y rascan allá donde el picor después muta en daño ).La película se beneficia del estado de gracia del reparto, pero también de la implacable evidencia de que los sentimientos y las confesiones que afloran en esa reunión en casa de Peter ( y su luctuosa conclusión inaplazable ) son asequibles a cualquier corazón sensible, íntimamente trenzados a su propia experiencia vital.No precisa Los amigos de Peter la maquinaria abigarrada de otros filmes de Brannagh, tan amigo del bizarro verbo shakesperiano y de las complejas estructuras narrativas como En lo más crudo del crudo invierno o el Frankestein de Mary Shelley. Al modo en que Love boat, aquí Vacaciones en el mar, abría su andanada frivolona de amores de crucero caribeño, de pequeñas orgías del azar, el film de Brannagh descubre también un muestrario apetecible,

predecible, es cierto, pero sincero, de arquetipos, que van configurando la concatenación de revelaciones, confesiones y decepciones que lastran a Peter a confesar, al final, lo que verdaderamente atenaza su corazón y todos saben / todos sabemos a qué viene la función.

Brannagh renuncia a su querencia al texto vitaminado de epítetos y rimbombancias para ofrecer un entretenimiento dignísimo que, en ocasiones, bien pudiera confundirse ( y eso es una loa ) con un episodio suelto de la BBC para televisión, pero que vemos con agrado, plácidamente conmovidos por la riqueza de unos personajes desafectados y cuerdos, sinceros, agarrados a la vida, lúcidos y cercanos.

12.2.07

ORDET / LA PALABRA : Buscando a Dios en los posos del café





Ordet no es una película para quien no tenga un cierto compromiso con el cine como vehículo de satisfacción espiritual. No me estoy refiriendo al cine como transmisor de valores o al cine como mero espectáculo de masas que se mueven en busca de un propósito o el cine como caramelito para endulzar las mañanas dominicales con la familia.
Ordet es una evidencia de que los milagros existen: de que el comportamiento humano se ajusta a unos cánones espirituales y que hay directores que tienen la suficiente sensibilidad ( y la adecuada maestría ) para explicitar con unos elementos mínimos una filosofía, un metafísica.
Los Borgen, una familia campesina amantísima y políticamente correcta, aboca su vida de retiro bucólico a la fatalidad por un hijo obsesionado por la religión. Hay una resurrección que no sabemos si se atiene a la eficaz lectura de la palabra de Dios o a un salida de guión del danés Dreyer, que era un creyente de tomo y lomo y escribía guiones como quien hace una pastoral o eleva su cántico para que Dios le dé cuartel y oiga su súplica. El padre es el referente religioso familiar y de alguna forma transmite a su hijo mayor esas preocupaciones: Johannes lee como un maníaco a Kieerkegaard y se cree, por momentos, Jesucristo . Ordet ( La palabra ) cuenta lo que todos sentimos con independencia de nuestra filiación moral. La mía, por demás escasa, cuando no, nula, se dejó llevar por la apastelada voz de Johannes y consentí el rubor de la fe aunque fuese por dos escasas horas. . Tener fe, entiéndase, no obedece estrictamente a mandato o devoción religiosa. Tampoco esta reseña se ha propuesta hacer un ensayo sobre las profundidades del alma humana. No es el lugar y no hay ni empeño ni conocimiento en el tema para llevar ninguna tesis a ningún puerto.
La fe que profesan es una fe utilitarista: convenida para afrontar los embites del día, la dureza del campo, la peregrina sensación de que otro mundo mejor probablemente pueda existir. El único que en verdad cree es el loco, el iluminado, el lector voraz que todo lo transmuta en obediencia ciega a la palabra.





Dreyer filma como si de una representación teatral se tratase: en muy pocas ocasiones, que yo recuerde, una cámara es un espectador cómodamente sentado. Es cine teatral sin otra traba que el diálogo fluido de todos los personajes. Esta cámara es la que, sin embargo, también deambula por los estrictos límites de una habitación cuando lo que en esa habitación pasa es relevante para el desarrollo de la, por otra parte, muy escasa ( argumentativamente ) trama. Hay una escena en la que el doctor y Johannes se ensarzan en una acalorado discusión teológica. Uno conmina que la fe es la salvación del mundo y el médico, lastrado por su laicismo militante, cientifista, arguye que el mundo se salvará por la acción política y por el materialismo crítico. Todo eso bien pespuntado por el movimiento de la cámara, que nos hace involucrarnos de una forma absoluta en el pensamiento de cada púgil en este combate místico.
El espectador de esta película tiene conciencia de que este cine está fuera de toda jerarquía: que más que función cinematográfica está asistiendo a una revelación moral dispuesta como si fuese una película, un concatenado razonado y lógico de fotogramas. Quien haya colocado el cine como un modo de vida debe ver Ordet al menos una vez en la vida. Este cronista no asevera que cada espectador se deje invadir por la sutilidad de su propósito. Habrá quien vea el numen y habrá quien, teniéndolo enfrente, no lo perciba. Al fin y al cabo, razono, la fe es eso. O se cree o no se cree. El cine es eso: o estás dentro o únicamente te entretiene.
La palabra, el verbo, se hizo carne lúcida, vértigo de ideas.
Otro aspecto muy a considerar es la belleza de las escenas que suceden extramuros: el viento agitando el maíz, la modestísima coreografía de las nubes.... Esos detalles enfrentan la naturaleza mental del film ( la religión, la redención, la carne, la salvación, el milagro que sabemos que va a llegar en cualquier momento ) y la el orden secreto del universo, que no precisa cánticos, rezos o digresiones morales para emocionar.



Es preciso insistir en el halo de sentimiento puro que exhala todo el film. Dreyer está ebrio de vida. Ordet es un monumento absoluto al cine con mayúsculas, un hito, un verdadero tributo a la naturaleza moral del hombre por encima de sus desviaciones, de sus pecados y de su errática permanencia en el mundo.

11.2.07

El Fausto moderno o Pícaros en Miami Beach


Los tentáculos del cine son alargados y alcanzan aspectos de la realidad que creíamos bunkerizados, ajenos a la ficción. O quizá no. El estadounidense Gerald Fraller ha subastado su alma por Internet. El hombre ha meditado su acción y para justificar esta extravagancia, esta actualización del mito de Fausto en la Florida de Bush, o de su hermano, en fin, tal para cual, ha contado las miserias de sus 28 años de existencia en este perro mundo. Ha venido a decir que la vida está llena de calamidades y que todas le han caido a él sin que todavía conozca si merece tantos palos, pero un día el bueno de Gerald tuvo una idea magnífica y ahora ocupa telediarios, renglones de rotativos y hasta tiene su propia página www.winmysoul.com. Hasta ha reflexionado sobre la posibilidad de ayudar a otros con idénticos problemas ( la vida perra, la depresión, el hastío existencial, las penuarias financieras ) aunque su ingenio no pueda equipararse al suyo.
Lo de la venta del alma es el asunto estrictamente cinematográfico que nos preocupa a nosotros: Gerald privilegia a quien compre su alma, en pública y digital subasta, a tomar las decisiones que, por lógica, le competen en exclusiva a él, esto es, poner nombre a sus hijos en caso de que un día los tenga, elegir el día de su boda, escribir su epitafio o participar de los beneficios que esta iniciativa de la picaresca humana pueda dar en su cartilla de ahorros. Se reserva el derecho a recuperar su alma, su vida, su capacidad para tomar unívocamente decisiones, pagando a su tomador anímico la suma de un millón de dolares.
Hasta hoy ha recaudado en su página web algo más de 3000 dólares. Cada dólar participado da opción a una parte de todo el paquete de privilegios que Gerald ofrece de su arrastrada vida, que ya no lo es tanto y va a dejar de serlo totalmente a poco que la noticia cunda más y atraiga a mayor número de curiosos. Si Goethe levantara su atormentada cabeza....
La vida cobra estas tasas para que algunos seres humanos sean felices como lo son otros. La revista Variety informa que Tobey Macguire, nuestro inefable Peter Parker de la franquicia Spiderman, ha comprado los derechos de la historia.
He aquí el lado cinematográfico de la vida. O como decía Aute en una memorable canción " Que toda la vida de es cine y los sueños, cine son..... "

10.2.07

Padre e hijo



Stan Lee: este hombre con cara de suegro áspero ocupó parte de mi adolescencia. O quizá sea el hombre del traje rojo a rayas con esos ojos que parecen soles estirados. La deuda de este escribiente digital con Spiderman es enorme. Entretuvo muchos sábados de lluvia, que es una manera sentimental de explicar que todos necesitamos, a cierta edad, un héroe. Y éste fue el mío. Talludito ya, me dejo caer por el cine, presto y feliz como una lombriz, cuando el amigo Sam Raimi filma entregas de la sustanciosa franquicia. Mi hijo ha entrado en el vicio. A lo mejor incluso con menos edad que yo. Peter Parker. Gwendoline. Tía May. El Dr. Octopus. El duende verde. Harry Osmond. Norman. El hombre de arena. Mary Jane. Me dejo alguno. Ah sí, Kingpin, un mafioso vestido de Armani con doscientos kilos de músculo y un cabeza como una bola de billar asesina.





Spiderman 3 está al caer. Mayo llega pronto. Ahí cuelgo otro post y hago mi comentario sobre mi héroe. O debo decir el héroe familiar.

9.2.07

Parecidos razonables


Malintencionado, hábil jugada de márketing, homenaje: todo vale en este cine de ahora para llamar la atención sobre sus hijos, que son los nuestros. The Good german ( El buen alemán ), la película de Steven Sodenberg que produce George Clooney, emula el diseño ( el artwork que dicen los americanos ) de la mítica Casablanca.
Falta ahora ver El buen alemán para ver si el homenaje se queda en el cartel o hurga más adentro.
Buenos tiempos para la imaginación.

King of California: todos buscamos algo


Producida por Alexander Payne ( Entre copas, About Schmidt ) y dirigida por un novato ( Michael Cahill ) cuenta la historia de un padre de familia obsesionado con la idea de que en algún lugar de California hay un tesoro enterrado. Su hija le ayudará en la búsqueda. Un Michael Douglas de la guisa que se aprecia en el cartel promete un entretenimiento para este 2.007 recién alumbrado.
Trailer en este clic.



Breviario de vidas excéntricas /40 / Carla y Ezequiel

   La idea de la vanidad enfermiza de un Dios ofendido por los que no creen en él a la que alude Bertrand Russell cuando se determina a expl...