12.11.08

El sueño de anoche...


Así viene a ser: máquinas de coser Sigma de hambruna con Franco presiden saloncitos pulcrísimos en mi sueño de anoche. Retrato de abuelo lejano que muere cada noche en el frente. Una virgen cosida a rezos con todo el oro de Moscú bordado en el manto. Una radio Telefunken de cuplé y doctrina, de rosario y goles de Gento que ameniza las infinitas tardes de Domingo en los inviernos que los viejos cuentan en cuanto les damos cuartel. Luego desfilan pobres de Berlanga con barba de tres días y dientes comidos por la fiebre y por el gris estable de la tristeza. Son pobres sin ira, pobres de la guerra que se han convertido en fantasmas que andan y abren la boca y bailan la copla que distrae del miedo. Esta noche a ver si cae una pin-up de los cincuenta (jaquetona, promiscua) con una juke-box inflada de blues de fondo. A ver si va bien (no albergo ilusiones) y mañana elevo el tono plomizo al que llevo unos días empujando sus lecturas.

9.11.08

Rue de...


Hace ya muchos años, demasiados tal vez, mi amigo Fernando Oliva me regaló este cuadro en el que, en sus palabras, estaba yo. Ignoro si continúo dentro. Los años borran y los años manipulan el texto de los recuerdos, el vocabulario exacto con el que levantamos el júbilo de los gozos compartidos, pero el cuadro de mi amigo sigue en la pared, a la vera de este teclado desde donde escribo de modo que lo veo a diario y busco, en los dibujos, en la críptica caligrafía de su genio de hombre renacentista, mi propia esencia. Carezco de los instrumentos para hurgar en la trama de símbolos como debiera. En algunas cosas me encuentro y me siento a gusto. En la noche, en los libros, en las notas musicales, pero hay asuntos que se escapan a mi gobierno y entonces es cuando echo en falta a mi amigo Fernando. Ubrique tampoco está tan lejos. Mapas que coartan a veces el normal desempeño de nuestras inclinaciones afectivas.

Y la nave va...


Pide este jerifalte de la cosa mística que se pase a consulta lo de las bodas entre iguales. Puestos a reclamar referéndums se me ocurren a mí unos cuantos y en algunos, a la luz de los tiempos y a lo peregrino de los razonamientos de muchos, habrá indicios fiables de que la sociedad va por un lado y los gobernantes de la moral cristiana van por otro. Y mientras no se percaten de la anomalía geométrica y concilien excesos y se bajen del burro medieval de su discurso no tendremos paz en este mundo casquivano y pecaminoso y sonarán trompetas apocalípticas por encima del Parlamento y de las aulas de Educación para la Ciudadanía, ya sean contadas en español de Azorín o en inglés de Chesterton. Cada vez que pasa por mi cabeza el asunto de la fe y de su carencia me da una jaqueca diminuta que se amengua a medida que me envalentono y salgo a la calle y respiro y noto que el mundo, a pesar de su fiebre y de sus relativismos, sigue funcionando y gira. Lo principal es que gire.

Obama, oh yeah (y II)




La plana mayor de las letras universales se acuartela en la fotogenia de Obama para cubrir el acontecimiento político de este todavía balbuceante siglo XXI. El otro día hasta un comentarista futbolero se marcó una de opinión al airear su alegría por el triunfo del demócrata mestizo. Cuentan del tal Obama maravillas que yo no alcanzo a razonar porque no me manejo con soltura en la alta política, pero advierto (en mi sencilla capacidad de observador) que el próximo presidente de los Estados Unidos ha ganado ya algunas batallas antes de entrar en el Despacho Oval. La primera es la del entusiasmo. Siempre me fascinó el ciego vértigo de la masa que jalea las soflamas de los líderes. Aquí, en Génova o en Ferraz o en los mítines en pabellones polideportivos, se ofrece el mismo espectáculo. Yo nunca me he mezclado con estos gentíos, aunque me imagino que el colocón debe ser parecido al que he sentido en conciertos de rock cuando me he arrimado a pie de escenario y he brincado y cantado hasta que el pulmón izquierdo (y los ojos y el hígado y todos las neuronas juntas, en comandita) me ha dado un pitido y he tenido que domesticar ese entusiasmo.
Maniobrar con estos arrebatos de júbilo colectivo que obstruye el normal juicio de las cosas parece difícil. Todo lo que no despertaron otros líderes norteamericanos lo posee (con creces) éste. Le hacen sitio en el mapa de los conflictos para que saque de la manga algún truco inédito y consiga lo que otros (bendecidos por las buenas intenciones) no pudieron, pero ahora que se va Bush Jr. uno se pregunta si realmente todo está tan al alcance y hay fórmulas que allanen lo devastado y borren las sombras que ahorcan la luz.
El empacho Obama va camino de ser un género en sí mismo: su telegenia, su discurso positivo, su épica de humanista, su verbo locuaz e íntimo no dejan demasiados secretos bajo la alfombra. El mismo país que laureó a Bush ha pasado el testigo a Obama. ¿Y entonces? España tiene también su legión de anti-ZP y de anti-Rajoy y la fotografía de Aznar planea por las provincias del reino concitando sentimientos legítimamente antagónicos. Hasta Franco, el dictador, regresa a la vida pública en estos días de desescombramientos y levantamiento de recuerdos. Nada nuevo pues. En cambio, el tal Obama agota ya en su periplo hacia el Capitolio. Cansa el abuso, que no es evitable, por otro lado. El modelo político es un modelo mediático. La política es una mercancia que se vende y se compra de modo que las grandes compañías de márketing y las consultorías de propaganda son las que escriben el texto de la realidad.


6.11.08

Homer vs. God o La fábula del jabalí desatento


I
La Fundación Bertelsmann ha emitido un (al parecer) completo y fiable informe sobre la vigencia de los valores religiosos en 21 países de la Comunidad Económica Europea. El texto es prolijo y lo que ha adquirido relevancia pública y pasado a ser titular de la prensa es que los europeos católicos desoyen las admoniciones de los jerarcas de la Iglesia y no confían en lo que puedan decir acerca de la política (que hoy en día es más que nunca una cosa casi ya únicamente monetaria) o del sexo. En estos dos asuntos, el católico practicante emite juicios más en consonancia con quienes no practican de forma que la jerarquía eclesiástica predica en solitario y parece condenada a confirmar año tras año que su vigilancia de la moral no depende del público que la secunde sino de su propio y santo ejercicio unitario. En parte no extraña que la religiosidad ignore ese desacato popular a sus consignas. La Fundación de marras añade que en estos 21 países la religión se sigue con más fervor entre mujeres y ancianos. Que uno de cada tres españoles admita rezar no quiere decir que la estadística pueda ser sacralizada. Tengo yo un amigo que no cree, pero al que todavía le cuesta abandonar ese rato de plática nocturna con Dios antes de soñar con la hipoteca y desvariar con el sórdido fondo del alma concupiscible, que ése es otro asunto. Eso de no creer está a la orden del día. Está (sobre todo) propagarlo, anunciarlo, confesar a bombo y platillo, sin pudor, que la fe es irrelevante y que el que la profesa no deja de ser un sentimental, un ser frágil que no ha conseguido liberarse de las trabas de una educación más pendiente de lo etéreo y de lo divino que aferrada a lo terreno. Y ahí está mi amigo, pidiéndole a Dios que le ayuda a elevar la cumbre de los días y le permite, entre la zozobra del azar y las puyas de la rutina, acostarse en paz con el mundo y con su atribulada alma. En ésas, a la postre, estamos todos. Incluso quienes no tenemos interés alguno en platicar con nadie a quien no podamos ver cara a cara por ver si nuestra cháchara le produce rubor, interés o vergüenza.
II
Ratzinger explicó que Europa "era una viña devastada por jabalíes". El informe confirma que los jabalíes van en aumento y que las vides, a lo visto, van a menos. Homer Simpson, por el contrario, le pide a Dios que deje de mirar cómo las mujeres se cambian de ropa y atienda sus súplicas. El jabalí, al final, tira al monte, y la Historia revela que el monte es el vasto dominio del instinto, que en ocasiones se amotina en su cárcel cercada por argumentos y pide, a voz en grito, airado, convertido en una zarza ardiente, pecados con los que restituir su naturaleza crápula, su querencia por los placeres inmediatos.

Being C.C. Baxter...


¿Quién no ha sido C.C. Baxter en alguna ocasión?

El peso del mundo es amor

El apasionamiento o el odio son posturas arbitrarias, reconciliaciones de la razón con el instinto, matrimonios muy precarios que acaban en una discusión en un portal bajo la lluvia. La vida es un prodigio que se gasta en nada. Vivir es un milagro, pero en ocasiones no está el cuerpo para deslumbres y el alma (allá donde esté, sea lo que sea, exija lo que exija) pide un receso, una especie de suicidio sentimental entre el viernes y el lunes mientras digital plus marea con las series de éxito en las que los americanos demuestran que el ser humano es ruín y que actúa con maledicencia y cierto desparpajo amoral que, visto en detalle, resulta hasta atrayente. Así los días flaquean en las sílabas átonas. Así las noches tutelan vigilias de bourbon y Charlie Parker, y los años se deshilachan en recuerdos y los recuerdos se acuestan con otros recuerdos y nacen bastardos que contamos en historias que a menudo parecen hasta nuestras. Nada que no pueda ser sometido por el peso del amor, que cantaba Hilario Camacho con su jersey de cuello vuelto y las gafas a lo Lennon. El peso del mundo es amor, y quien no lo vea claro es porque habita las sombras y se mueve a capricho por su turbia extensión de bajezas. O me está afectando en demasía algún fármaco imprudente y la voz me sale encabronada y menos lírica de lo que las circunstancias demandan. Mañana es Jueves y a lo mejor llueve otra vez. Todo parece una película de Douglas Sirk. Hasta ahí alcanza mi cinefilia patética.

5.11.08

Obama, oh yeah


Conforme al triste parte de noticias que alumbran las agencias a mayor gloria del desencanto y de la tristeza, parece que la sacralización urbi et orbi del señor Barack Hussein Obama es la noticia del siglo XXI. Una del tipo que neutraliza todas las demás o las convierte en cosa baladí. No parece que el abordaje del demócrata a los mandos de la nave del mundo rebaje el miedo de la clase media y de la más baja todavía a llegar a fin de mes sin quebrantos en la cuenta de ahorros o jaqueca hipotecaria a mitad de la noche. El tal Obama, que viene a enmedar las tropelías del infame Bush, trae un recetario de prodigios que, a la luz de los focos, en mitad de un pabellón reventón de parroquianos de su verbo, suena fantástico. Tiene el hombre hasta una fonética reconocible a la manera de los antiguos charlatanes de feria que embaucaban al personal con chascarrillos de aldea y relatos mágicos donde siempre triunfaba el bien y el príncipe rescataba a la princesa del torreón encantado. Ahora no es (tal vez) momento de ponernos pesimistas, aunque el hábito nos predispone a dejarnos caer en la pesadumbre y pintar negro donde la luz cae en cascadas de luz hipnótica. Visto en la prensa, en esas fotos perfectas que ocupan las portadas, el tal Obama se maneja mejor en la iconografía del pop que en los presumiblemente grises y poco glamurosos despachos en que la burocracia y la alta política entran en plomiza coyunda para conducir este calamitoso mundo.
Mejor que ocupe el Despacho Oval el tal Obama, al que no se le conoce desviación moral relevante, que McCain, honorable prisionero de guerra y, a lo leído, hombre íntegro y trabajador, distanciado de su incapaz predecesor, que no se va a preocupar en exceso si su alegre comandita de votantes arrambla con la teoría de la evolución de Darwin y montan a las puertas de la Casa Blanca un manifiesto pro-creacionista con dibujos a carboncillo de Adán y Eva. Caso aparte, y ya definitivamente a salvo nuestra integridad en materia estética o ideológica, es que hubiésemos tenido que soportar cuatro años a la tal Palin, una profesional del desconcierto, que igual empuña un rifle y habla sandeces de Trivial Pursuit a propósito de la geopolítica que se queda en trance frente a un crucifijo y declama versículos del Antiguo Testamento. Lo trágico es que un parte de la ciudadanía yankee haya reflexionado sobre la conveniencia de que semejante ejemplar de cazurra mediática pudiera coliderar la gestión de un país como los Estados Unidos y, como bonus track, el gobierno de buena parte del resto del mundo, por no decir el planeta entero. Su incompetencia es digna de un gag de los hermanos Marx y, a pesar de todo, ha habido una monstruosa cifra de adeptos a su causa. En esto de que alguien pueda votar a quien le plazca con su voto no hay objeción alguna. En el fondo, ese libérrimo albedrio es el pilar fundacional sobre el que se edifica la democracia entera, pero hay extremos en los que uno sospecha que el votante está untado o carece (a fuerza de manipulación o de simple y llano desconocimiento) de la capacidad de razonar el alcance de un acto tan aparentemente simple como depositar una papeleta dentro de una urna. No hace falta (o sí, hace falta) retroceder en la Historia para encontrar cómo tiranos notables accedieron al poder por estricta comparecencia del pueblo.
Anoche me acosté con la convicción de que nada, en el fondo, cambiaría hoy en el mundo después de que una parte mayoritaria del pueblo americano diese su confianza al tal Obama. No entran en mis alcances que un sencillo hombre (por mucho que se haga acompañar por excelentes asesores y competentes obreros de su causa, que debe ser por fuerza la nuestra) pueda modificar en demasía este mundo embravecido, conflictivo hasta el desmayo, emponzoñado y victimista, que se deja engañar por mucho profeta de verbo fácil y maneras pomposas y que luego únicamente recita la misma vieja balada triste de siempre. El tal Obama, a lo visto, a lo oído, se merece un tiempo prudente de pruebas y de gestos para que las convicciones que no logramos quitarnos del sueño no sean confirmadas por los titulares de prensa. Suele pasar.

2.11.08

Dice Doce que no es Borges...

Cada noche juegan al ajedrez. Terminan durmiéndose, pero siguen con la
partida en sueños. El primero que despierta pierde.


Anoche soñé, bendita ilusión...


El mercenario de las letras a tiempo completo y mecanógrafo de su alma César Vidal se me ha aparecido en sueños estos últimos días. Su rostro de vecino del cuarto que acaba de venir de comprar el pan, su presumible vocación de ciudadano educado que paga la contribución y saluda con entusiasmo en los parques a sus estajanovistas lectores no da induce a pensar que se gane la manduca con la literatura (!) pero el rico artesonado de la cultura popular patria da otros cromos que se avienen con pasmosa facilidad al modelo presentado: Juan Manuel de Prada, verbigratia. Con ambos, escribiendo a tutiplén, a mano doble si hace falta, la integridad de la esencia de lo carpetovetónico está asegurado. La patria está en peligro, Dios está en solfa, la Iglesia pasa apuros, el Relativismo invade los escaños de los diputados y hasta en las escuelas de los pueblos de España se enseña a disentir con una asignatura endiablada que se llama Educación para al Ciudadanía.
Confieso que no sigo la escritura de Vidal salvo alguna accidental recaída a pie de stand de libros (y libros suyos en las grandes superficies hay como mendigos en las puertas de las parroquias) pero que he tenido amplia oportunidad de bucear en la prosa de De Prada, al que reconozco un clásico sentido de la sintaxis, un estilo reconocible, pero en el que naufrago a fuerza de nadar contra corriente: llega un momento en que las brazadas me vacían de oxígeno los músculos y necesito que me rescaten. Nada que objetar: hay escritores (articulistas de periódico en este caso) más afínes a mis vicios lectores que también me aturden y me dejan k.o. a poco que eche un rato de sillón en sus páginas: Manuel Rivas o Manolo Saco. Los dos orbitan en planos lo suficientemente alejados de De Prada como para que el amable lector no saque conclusiones erróneas y me adscriba ya, sin mayores indagaciones, en un lado o en otro del espectro político (o moral o estético) del país.
La última aportación de Saco a su periódico evidencia de qué estoy hablando y pone a las claras la facilidad con la que algunos periodistas se exhiben y manifiestan, a voz en grito, sin ambages ni prudencias intelectuales, su ideario y su cruzada. Y conste que, puestos a perderme en algún cataclismo mediático, prefiero las soflamas enfebrecidas de Saco que las medievalistas y catecumenales de Vidal o de De Prada. Capítulo aparte, en este rápido repaso dominical de escritores de prensa que aparecen en mis sueños, merecen Arcadi Espada o Rafael Reig, amanuenses de sí mismos, cómo no, pero tan nutritivos y de prosa tan adictiva que todavía me cuesta, a pesar de ciertas discrepancias inevitablemente legítimas, no caer en el enredo de sus textos. Los dos figuran en mi listado de lecturas favoritas, en este Espejo. Buen Domingo.

Breviario de vidas excéntricas /40 / Carla y Ezequiel

   La idea de la vanidad enfermiza de un Dios ofendido por los que no creen en él a la que alude Bertrand Russell cuando se determina a expl...