8.4.25

La eternidad


He dado a beber mi corazón a los pájaros.
Les he instruido en el desorden,
confiado el tumulto de la sangre,
enseñado las lagunas estigias,
la alquimia del verbo, la boca del lobo.
Ellos me han contado los primores del aire,
la sustancia primeriza del vuelo.
Los vi picotearlo. Abierto, seco,
mi corazón era una palabra vacía.
Ahora todo es azul, todo ala e infinito,
y no sé del roto de la tierra
ni me duele la costumbre del tiempo.
Blonda de luz el aire,
temblor para mi afán de altura.
Tengo un corazón nuevo.
Sabe de la pérdida y del olvido.
Será de la eternidad mi corazón.
Arderá para que exista la ceniza.

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