Por
la gracia de la palabra, comido
por la fiebre de lo inconsútil,
de lo libre de fragmentarse,
acudo a lo evanescente.
Me
congracio con lo etéreo,
me
sustancio en lo sublime,
distingo
entre lo mucho lo único
y
con arrobo novicio lo flipo.
Hay intrigas mínimas sobre las que se construyen novelas enteras, días sin fuste que preludian epopeyas. Así que tenemos a un hombre que g...
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