22.11.06

BORAT : Paleto en Hollywood





Cada poco sale una lumbrera que nos seduce a todos con una película distinta, ajena a la ortodoxia, fundamentadas en parámetros originales, finamente sustentada sobre una irreverencia sublime. Me viene a la memoria el Zelig de Woody Allen o Reservoir dogs de Tarantino. Ambas, a su modo, crearon un modo de hacer cine que ha dado productos nobles y productos infames a mayor gloria de la taquilla golosa de nuevas fórmulas con las que hacer caja.No veo yo Borat un hallazgo tan sobresaliente como muchos quieren ver. No hay un atisbo de estos indicios de genialidad en sus ochenta minutos largos. Borat es un guignol grandilocuente y ampuloso de la sociedad norteamericana actual y escrute con una mirada burda y nada complaciente, de paleto con culturilla, el way of life yankee y nos entrega un análisis escasamente riguroso, pero certero, en su hilaridad casposa, de los tiempos que nos han tocado vivir.


Las miserias de estos hijos de Bush, los que le votaron y los que no, se explicitan admirablemente en este film.

La mirada vitriólica, políticamente incorrecta, desarma toda idea bondadosa de la cultura americana que podamos poseer: nos obliga a considerar que el mundo está lamentablemente gobernado por sujetos tales y que el tal Borat, impecablemente interpretado por el cómico británico Sacha Baron Cohen, se queda, en realidad, a medias, porque podía haber ido ( si cabe ) más lejos todavía y enseñar las vergüenzas de un país con más saña, con más desprecio.


Borat es una película mediocre, puestos a ser objetivos, pero necesaria. Su visionado se impone como un ejercicio útil para documentarnos sobre aspectos de la cultura americana que desconocemos y que Michael Moore, que me vino a la mente en varios tramos del film, no puede exponer con tanta agudeza.

¿ Humor grueso ? Con toda segurirad. Vastísimo. Hasta cotas indecibles.

Peores cochinadas hemos visto, y al menos en esta ocasión el objeto de la mofa está totalmente admitido como sujeto mofable.


p.d.: absténganse almas de rubor en las mejillas, timoratos, intelectuales de la semiótica pura, sobre todo, escasas ganas de ver una película fea, que no mala. Fea. Feísima. Eso es lo que es.






21.11.06

SAW III : El gore franquiciado




Saw III es una franquicia con vísceras y carteles de infarto: es fast food orgánico y retorcido para almas inquietas ya de vuelta de casi todo y ajenas ( o indiferentes ) al rutinario programa de cine serio con amores que se rompen y brochazos sentimentales de familias en crisis.
Saw III es cine de serie muy B con un tufo a gallina con conciencia de que los huevos que pone son de oro. Los motivos del prodigio en taquilla y del innegable tirón en el mercado del dvd provienen de su planteamiento ingenioso, inteligente, en ocasiones, aunque la fórmula, por sobada, se ha quemado pronto y ya no, la verdad, para mucho.
La hibridación entre cine gore y cine comercial da para que el fenómeno dure diez años más. Nuevas generaciones se refocilarán con las proezas del Jigsaw, que vendrá a ser el nuevo Freddy Krueger dispuesto a degollar la moral del espectador más benevolente, cauto y timorato.
Hay una muy ligera, brevísima referencia a Seven, aunque en el campo narrativo y en el craso campo estilístico brillaba a una altura infinitamente mayor, dándole al género un empaque nuevo, una dignidad de la que adolecía por mor de toda esa riada de adolescentes que van al cine para ver cómo el cabrón de turno degüelle a la rubia con silicona y botox en el cerebro.
La decena larga de films con ese estilo entre lo apocalíptico y lo venéreo puebla con intención de residencia perenne las estanterías más briosas de los videoclubs de barrio, que son mi perdición cuando las pantallas no entregan golosinaje de postín o cuando el tiempo, en fin, qué vamos a decir, no da para ir a la sala grande con toda la frecuencia que uno quisiera, pero no nos apartemos del propósito fundamental de estas letras.





Saw, insisto, es cómplice de esa argamasa perverse y pide, a cada entrega, otra más extrema: más escorada al truculento atropellamiento de asesinatos.
Y si las dos primeras entregas resultaban agradablemente desconcertantes ( yo hasta tuve mi rato de reconciliación con el género en la primera, la mejor, sin duda ), ésta tercera resulta decepcionante, por repetida. No desearía que el amable lector pensase que la película es mala: no es eso. No importa aquí dejar claro si es bueno o mala a los ojos de este cronista espontáneo. Lo verdaderamente noticiable es que el fenómeno Saw va hacia adelante: triunfa, arrasa, da en la curiosa diana de la sensibilidad de este nuevo público moderno, ávido de sensaciones fuertes, deseoso de salir de la sala con un punto de azoramiento, de nervio loco girando como una peonza en la boca misma del estómago.
Me imagino yo que el guionista, cuyo nombre ignoro, se ha cansado ya: ha tirado de los vicios anteriores, también de alguna virtud aceptable, y ha producido, sin esfuerzo, una continuación no desechable, aunque innecesaria. El dinero, en este caso, es el reclamo, el perro de Pavlov, la guinda que pone color al cocktail.
En esta entrega el guionista se ha fugado con la hija del productor y ahora no dudo que anden tomándose en nuestro nombre un daikiri en cualquier Hilton del Caribe, lejos del tumulto de Hollywood, bien amamantados de lujuria ajena.
En este número de la cuenta, Jigsaw, en adelante el psicópata en continuo problema con el mundo, se muere, aunque ya sabemos que lleva muriéndose dos películas. Se muere, digo, pero se apaña una secuaz con idéntico grado de perturbación que perpetra, a su modo, no desvelemos más, el alambicado plan de venganza de su mentor en el crimen.
La serie se atropella de sobresaltos y ya no asusta: el rebanamiento número diez no inquieta lo más mínimo. El primero, a qué negar esta evidencia, sí que nos puso el alma en un tris de desbocarse y dar de bruces con el caballero de la fila de delante, que parecía, en la distancia, en la retaguardia, un maniquí, un sujeto completamente desarmado por la elocuencia canalla de las imágenes.




Vendrá el Saw IV este verano: esperan y verán. Vendrá Jigsaw, el Puzzle castellanizado, con nuevas argucias, con una mala leche renovada y colas de público ávido de marcha.
Vi anoche en mi videoclub de cabecera a dos mozalbetes que se explicaban, a su manera, las formas y los fondos de los Saws anteriores. Uno la defendía con ardor. El otro, más atinado, las arrumbaba al pantanoso almacén de las películas de consumo rápido. Fast food, digo yo, pero no seamos falsos: el cine está plagadito de bodrios de esta calaña, y más quisieran muchos llegarla a éste a una meridiana altura, porque aunque despotrique en su contra con adjetivos airados y saña edulcorada, admito que he entrado y he soportado, sin excesivo rubor, con dignidad, el tramo largo de retorcimientos ( ésa es la palabra más ajustada ) mentales. Y quién sabe, igual estoy en la fila siete, en agosto, cuando quieran darnos otra sesión de carne quemada y de borbotones de marketing. Además la sorpresa del final, en esta ocasión, cuela menos: o nada.



Así que otra de tortura para la masa.

15.11.06

STORM : Noir estridente de escaso pulso






Storm es un film sueco que no dirige Bergman que es tanto como decir un grupo de pop que no sea Abba o Roxette. Por lo demás, bien podría haber sido namibio o belga. Ahora el cine tiene estas cosas: que sus argumentos suceden en un país abstracto, descontextualizado. Así ( imagino ) cualquier espectador puede identificarse mejor con lo que se cuenta.
En Storm esta reflexión ( lícita ) marra: la pareja protagonista se embarca en una cruzada que a ratos parece un tratado de psicoanálisis y por otros vemos un thriller metafísico de profundos principios kantianos. O sea. Que los directores ( dos perpetran el evento ) se han liado más de la cuenta y, al final, han parido un entretenimiento de masas con pedigree de arte y ensayo que no entra por los ojos y que se escapa ( es mi caso, a ver, voy perdiendo con los años entereza mental y no aguanto tres chorradas seguidas ) por algún hueco cerebral que no tengamos bien cerrado.
A mí se me fue entero. Además tardé poco. Pudo ser la tarde o el estado de ánimo o una simbiosis de ambos con un plus de cansancio laboral previo.
Storm es un film desconcertante, que no quiere decir malo por entero. No se adscribe a las claras por género alguno y bucea sin entusiasmo el proceloso mar de los abundantes mini-géneros que va presentando a modo de pase de modelos sofisticado. No se preocupa en ningún momento por recalar estilística o narrativamente en ninguno. Quizá ( por su premeditada falta de pretensiones serias ) no le haga falta.

Storm es de una mística chirriante: a lo mejor el cine sueco post-Bergman es todo así y el público nórdico está ya harto de pastores que peroran sobre la fe y sobre el pecado en una granja perdida en un bosque. El maestro Bergman, que a mí me aburre muchísimo, era así.
La fascinación ejercida por alguna de sus portentosas imágenes ( las calles oscuras, la cámara en picado, torcida, sobre el pavimento ) no salva el film, pero no lo lastran al total olvido. Hay momentos de cine cuidado: no hay dos chapuceros, pero tampoco brilla el pulso de una mano firme que sepa, en todo momento, qué hace y con qué objeto. Esta falta de claridad expositiva está, a mi modo de ver, previsa en el muy sucinto libreto.
Interesa el batiburrillo entre lo naïf y lo hardcore, ese limbo inexpresivo de su compleja ( y abobada ) trama. El estilo de Storm es su no-estilo. Y eso tiene un mérito sea la película sueca o sea, como digo, mozambiqueña.
Tenemos la creencia de que la historia no es el atractivo fundamental sino que hay otras posibilidades: estamos más pendiente de no perdernos que de llegar a puerto. ¿ Es eso síntoma de un film malo ? No lo tengo claro del todo. No le resto un encanto, un pintoresquismo, una cierta dirección artística, una composición sencilla de la escena que pincela una trama con vocación de ciencia ficción o thriller o terror modernos, pero algunos diálogos desarman mi paciencia y me producen un desasosiego intelectual enorme, que me perturba horas después de haberlo visto. Esta estridencia de modernidad en tres actos enteramente prescindibles concita, no obstante, condescendencia, aunque sea únicamente por el riesto que supone, en Suecia, en esta Europa con tanta necesidad de cine que aúne taquilla y crítica, hacer esta película. No seamos, entonces, duros en exceso, pero en lo que a mí respecto prometo no recaer en su visionado salvo que el olvido me perturbe o me vuelva blando como un croissant a las ocho de la mañana. Ah, y si alguien la ve y tiene más tino que yo a ver si me explica las tormentas que van y vienen y el sentido último de la caja de marras.
Igual necesito un psicoanalista. Argentino, a ser posible.

6.11.06

INFILTRADOS : Scorsese estaba escondido






Más que una película , Infiltrados es un regreso, una restitución de la confianza retirada. Gangs of New York era un espectáculo tan grandilocuente como artificioso sobre los inicios de una ciudad y el nacimiento de sus clanes. El aviador era un tour de force dramático, un biopic, una hagiografía desnatada del glamour de una época y de un personaje. Infiltrados es una cinta cosida con los retales de todo el cine anterior del maestro italo-americano, pero los retales son suyos y en esta ocasión ha hecho de sastre primoroso con entrega, con vuelos muy altos y el resultado es asombroso.
No estamos ante la obra maestra que fue Uno de los nuestros, que hablaba de la misma sustancia, pero es la mejor cinta, a mi entender, de este soso y enclenque año cinematográfico. Brilla por su manejo del tiempo: el arranque enfebrecido con Gimme Shelter de los Rolling Stones principia ya por donde van a ir los abundantes tiros: cine brioso, cine con texto, cine hipnótico. Brilla también porque Scorsese es un contador de historias fabuloso: lo ha sido siempre. Lo que le importa es que los acontecimientos que conforman el texto literario sean lo más nítidamente explicitados al espectador y éste no se vea arrojado a una montaña rusa de historias secundarios que nada aportan al relato en sí, una trilogía hongkonesa sobre las mafias que arrasó en Asia.
Para que esto resplandezca, Scorsese no abusa de la banda sonora: se limita a ir dejando caer canciones sin que éstas se subordinen en exceso a las imágenes como había hecho en Casino o en la ya citada Uno de los nuestros o como hace magistralmente Tarantino. Llama de forma poderosa la atención un tema irlandés atacado por una banda de hardcore metal que suena dos o tres veces en la parte central de la película. La atención primordial del director es partir de una zona cero de los sentimientos, así lo refirió en las ruedas de prensa que vimos por televisión. Esa zona cero de la emoción permite una épica metafísica, un desconcertante ejercicio de renuncia absoluta a cualquier referencia religiosa. Dios no existe. No está. Abandonó a todos y ahora los mire desde arriba, extremadamente atento a las desavenencias de todos esos tipos que su caprichosa mano arrojó al mundo.
Scorsese está obsesionado por la violencia en la condición humana. La violencia física y también el grado cada vez más complejo de violencia semántica. Todas sus películas ( ésta en un grado muy alto ) se configuran como vehículos de investigación de esa obsesión. El final ( que no será aquí desvelado ) lo deja todo en su sitio y retoma la frase con la que se abre este guignol fantástico de la verdad y de la impostura. "Antes", cuenta una voz en off al comienzo del film, "teníamos la Iglesia, que era una forma de tenernos a nosotros". Y ahora sólo campa a sus anchas la Mafia con su Dios doméstico, con su demiurgo pequeñito, que es un Jack Nicholson hecho un cabronazo perfecto, histriónico, sobrealimentado de ego, hiperbólico, pero convincente y amedrantador. El suegro perfecto.
No cerraré este opinión sin mencionar a Leonardo di Caprio, un actor enorme que ha sido ya reconocido por directores como Spielberg o Scorsese, que lo requieren sin cesar. Dolerá ver en adelante esas carpetas pegadas al pecho de las adolescentes de Instituto que exhibían, coquetas y ladinas, la cara de Leonardo cuando era el rey del mundo. Ahora tienen a Orlando Bloom.

¿ se rendirán los académicos de Hollywood al maestro esta vez ? ¿ le dejarán fuera ? Insondable es la alfombra roja.










addenda a 27 de febrero: Ya tiene Martin Scorsese su óscar a mejor director. Y además es la mejor película del año, a juicio de los académicos. Todos estan aliviados en Hollywood. La dedua está saldada. Todos respiran. Lástima que Hitchcock muriera sin ver cómo el Kodak Theatre, pongo por caso, se pone bravamente en pie y aplaude hasta sudar las manos. Han olvidado los flecos morales que suscitó que el remake oliese, en exceso, a copia del original hongkonés. No importa. Le han perdonado y elevado al altar de las estrellas, pero él ya estaba.

3.11.06

MALEFICIO : Fantasmas light


Como uno es inocente y se cree a pie juntillas casi todo lo que le cuentan, doy por sentado que esta película se basa en hechos reales. Caso contrario, borrada la inocencia, anulada la bondad sentimental de que todo el mundo dice la verdad, pensaría que lo que han hecho es copiar y pegar escenas de los Exorcistas que por ahí andan sueltos y de alguna que otra mala cinta de serie B con maldiciones y niñas que se agitan en la cama, presas de alguna forma invisible del Mal. El tópico de la casa encantada se viste aquí de casa encantada decimonónica, un punto gótica. Tampoco se han esmerado en exceso en adecuar la época ( siglo XIX ) con la historia que se nos cuenta. Previsible en exceso, regala una cámara nerviosa que barre la pantalla y pone de los nervios al paciente espectador que en ningún momento se ha visto verdaderamente empujado a mostrar un mínimo interés. Por momentos a mí me pareció un estrenos tv con un presupuesto holgado y dos actores de postín ( Sissy Spacek y Donald Sutherland ), pero ninguno da a la historia sustento dramático porque los guionistas han disfrutado más en concatenar escenas de impacto que, en muchos casos, nos resultan demasiado familiares, en lugar de hilvanar con amenidad el episodio de espíritus yendo y viniendo como les place por las escaleras decimonónicas.
No ha podido el tal Solomon borrar de la memoria cinéfila colectiva ese grano que fue Dragones y mazmorras, aunque la chiquillería perdiera el seso por ir al cine a su ración de fantasía pobretona.
El muy quemado recurso del sobresalto se espesa: se acoge a la idea de que el cine de terror funciona a base de ruidos y crujidos de escalera, de niñas que aparecen y desaparecen en un columpio o de tomas en blanco y negro para que advirtamos ( es que somos idiotas ) que es el fantasma o el espíritu o el sobresaltador de turno el que mira y nosotros, tontos, de verdad, miramos por sus terroríficos ojos. Todo ya muy a la asiática.




Tobe Hopper es más truculento, pero conoce mejor el tema. Hasta un mandado como es Sidney J. Furie hizo una más que apreciable El ente, que viene a decirnos más o menos lo mismo, pero sin ambientación. Es que estamos ya hartos de encantamientos americanos, que parece que fuera de Tennessee, Nebraska, Nevada o Wichita Falls no hay Poltergeist ni endemoniados. Es lo que les pasa por tener una Historia tan cortita: que tienen que tirar de anecdotario y convertir en episodio nacional lo que fuera de sus fronteras es una chorrada absoluta.
Esperamos, ansiosos, a Clint Eastwood y sus Banderas de nuestros padres. Esa Historia, al menos, es más contundente: nos afecta más a todos. Yo ya no quiero más fantasmadas.



30.10.06

LA PRUEBA DEL CRIMEN : Los hermanastros de Tarantino


Hay películas, ya lo hemos escrito muchas veces, que conocen con antelación su destino. La de ésta es engrosar las ubérrimas estanterías de los blockbusters de turno y alimentar el ocio adolescente un sábado noche en donde apetezca quedarse en casa y amodorrarse en el sofá con el home cinema a un volumen apropiado y ver colorines en las nuevas teles de plasma. Estrictamente sujeta a este contexto, La prueba del crimen es eficiente. Entretiene, sin más. Entrega dos horas de cine sin dobleces, que va al grano y, en ocasiones, lo revienta a base de pisotones torpes.
Trata de un hombre que corre asustado, tal es el título original del inglés: una steadycam briosa lo persigue y en la persecución, en el vértigo que nos ofrecen, el guión se cae, las hojas se derrumban en alguna acera de la ciudad que retrata y el viento las esparce. Luego no hay voluntad de agacharse, ordenarlas y darles otra vez una oportunidad. Porque el argumento no es malo. Lo incorrecto, lo que no funciona, es la forma en que este realizador novicio ( participó de guionista en Cazadores de mentes, otro producto de videoclub cien por cien amortizable ) concibe el espectáculo de la agonía de su protagonista, que lucha desesperadamente por solucionar un problema que se le ha ido de las manos. Da igual que en los papeles librados para paginación de revistas de cine y webs en la red, se insista en que se ha mimado muchísimo el trabajo del storyboard. Yo no lo aprecio así. Ha sido una oportunidad perdida, pero tampoco hubiéramos perdido mucho si todo se hubiese avenido a un mínimo sentido del orden, de la lógica narrativa. A mí me pareció que la confusión malograba un guión digno, si bien ya visto en trozos de otras cien películas que corren parejas a ésta y que tocan los mismos rigores de la sociedad moderna.
Esta gente al margen de la ley vive tan al día que sus sufrimientos no nos calan, nos tocan de rondón, nos rozan y después nos abandonan. Caso de que Scorsese, pongo por caso, hubiese dirigido el film, otra opinión tendríamos.




La burrada de cosas que suceden en una noche no se creen: no hay veracidad en el trajín de Joey Gazelle ( Paul Walker, guaperas de postín ) en busca de la pistola que puede devolverle la vida, pero no hay que destripar el único interés que posee la cinta, esto es, su primer tramo, la historia en su arranque. Ahí uno se las promete felices. Luego el júbilo deviene paroxismo, aburrimiento. Todo es muy largo. Hasta el final es un torpe engaño, que gustará ( no lo dudo ) a muchos. Podría haber durado treinta minutos menos y no tendríamos que pensar en Scorsese o en Scott o en el inefable Peckinpah, que sabía como nadie retratar la violencia, el caos, el linde finísimo entre los bueno y los malos sin que el espectador tuviese en ningún momento claro de qué lado decantarse.
Si lo que quería Kramer era retratar cómo una familia americana desestructurada se reestructura otra vez, ha marrado, se ha ido por los cerros de Úbeda, provincia de Jaén, pero allí los tales cerros son los valles de Minnesota, pongo por caso. Pues eso: a Minnesota.
Tampoco cuela ese carrusel de colores que van del azul magenta al gris mesopotamia, todo bien digitalizado para que (insisto) su merchandising videoclubero dé el cromatismo deseado y el comprador/alquilador de la cinta se jacte con los amigotes de lo estupendamente que se ve su lcd de 32 pulgadas made in Corea.
Para colores bonitos, La sirenita, que ahora sale en dvd con mayor profusión de lindezas y hasta canciones nuevas.
Posdata: mi abuela decía que en las películas modernas había mucho disparo, mucha gente canalla, mucho embrollo, con lo bonito que es no meterse en líos. No vio, la pobre, La prueba del crimen.
Así que no diré, después de este ejercicio de disección anatómica, que es mala. No diría yo eso. Home cinema, lcd, braserito ( ya mismo ). Y a disfrutar de la casa. Para cine con sala grande, no da. La sala de cine merece otros respetos.

27.10.06

EL LABERINTO DEL FAUNO : Un cuento de hadas perverso











Ofelia tiene una tiza que abre puertas en las paredes de un casa rural que sirve de cuartel a un destacamento nacional.
Afuera, en el bosque, están los maquis y un laberinto con un fauno y hadas.
Hay un capitán de falangistas que, en realidad, es un demonio, aunque se afeita con delectación y

mimo, se limpia con exquisita pulcritud sus botas de mando y escucha en un desvencijado tocadiscos copla.
La mamá de Ofelia está embarazada de su segundo esposo, el capitán. El hijo que viene la tiene enferma. Una planta de mandrágora bañada en leche que Ofelia coloca debajo de su cama puede curarla. Ese remedio se lo confiesa el fauno a la niña a cambio de que se centre en su verdadero cometido: superar tres pruebas.
En la prueba uno, hay un sapo. En la dos, un hombre pálido con ojos en las manos. En la tres, un laberinto.
El laberinto del fauno, la película de Guillermo del Toro es un prodigio absoluto, un encantamiento de ciento doce minutos, una subida al cielo de los cuentos de las hadas y una bajada al infierno del alma humana, contaminada por la barbarie de la guerra, pero la fantasía de Ofelia, su mundo de insectos encantados y de portales que obsequian la felicidad de otro mundo, se imbrica con el real y lo solapa de forma que lo que sucede en uno acaba modificando los acontecimientos del otro. Del Toro lleva con maestría estos dos tonos, el adulto y el infantil, y no se aprecia fractura en la fluidez narrativa de ambos.
Los actores están en estado de gracia. No hemos visto trabajar así a Maribel Verdú. Tampoco a Sergi López. Ariadna Gil, en su más breve papel, borda su madre atormentada por el bienestar y el sacrificio.Alex Angulo, el médico. Y la niñ, Ivana Baquero, que iba para princesa y queda en hijastra de capitán fascita hace una interpretación portentosa.






26.10.06

LA DALIA NEGRA : Una empanada




Las convenciones del género criminalista no son muchas, pero están sólidamente asentadas en el imaginario cinematográfico colectivo. Policias corruptos. Despachos de detectives con inmensas cortinas de humo de cigarrillo negro. Cadáveres en la orilla de un río, a ser posible cerca de una fábrica. Mujeres fatales, rubias, en muchas de las veces. El cine negro se ha nutrido de estos tópicos para afirmar su nombradía en la Historia del séptimo Arte, pero Brian de Palma las ha dado enteramente de lado. Se ha ido por la tangente, se ha dejado embaucar por un guionista ramplón que confunde el género negro con la serie Aterriza como puedas, y nos ofrece una patética nuestra de cine negro hecho a la moderna, esto es, con medios, con actores con gancho, con una fotografía admirable, aunque desasistido en su evidencia más explícita: el guión.
Parte Brian de Palma de una historia real que todavía cursa sus vericuetos en criminalistas de postín y aficionados varios a los misterios del Hollywood clásico: el asesinato de la aspirante a actriz Elizabeth Short, La Dalia negra, encontrada en un solar,el cuerpo partido en dos, con señales de quemaduras y la boca obscenamente pintada a cuchillo de una oreja a otra. El material es convincente, pero marra de Palma en el tratamiento de la historia. Se ocupa en exceso de los dos policías protagonistas ( el comienzo pugilístico es largo, tedioso y despista en demasía ) y se desocupa sobremanera de personajes que parece que van a tener un peso, pero que más tarde se abandonan, se dejan por completo y únicamente dan colorín a la trama ( el papel de la exuberante Johannson ).
Brian de Palma ha querido componer una épica noir y ha garabateado un collage aburrido cuyo decorado nos hace recordar la gloriosa serie negra de antaño ( o de ahora: L.A. confidential, magistral ).
La película decepciona por dos causas: por la película en sí ( mala, sin ambages ) y por el cúmulo de buenas sensaciones y golosas expectativas que ha ido creando entre el público, ávido de retomar un tipo de películas que ( desgraciadamente ) ya no abundan. Ha estado uno esperando este caramelo varios meses y luego resulta que está manido, añejo y la fresa que prometía no es tal sino un sabor amargo, pegajoso, insulso tras varias lamidas.
Tintineaban en nuestra memoria películas admirables de este mismo director como Los intocables de Eliot Ness o Atrapado por su pasado, que tocan también este tema, pero aquí Brian de Palma ha estropeado el material de primer orden de James Ellroy ( que parió L.A. confidential, sin ir más lejos ) y se ha ahogado, sabiendo nadar en aguas más peligrosas.
No vale en su excusa que el guión es denso y muy poblado de personajes. No se admite que el discurso estilístico de De Palma se refocile en unas imágenes poderosas, en un alambique argumental ya conocido en su obra. No vale todo esto porque ya hemos visto en otras ocasiones que Brian de Palma tiene talento sobrado para airear estos inconvenientes con una eficacia creativa indiscutible. Incluso productos de un orden menor en su dilatada obra rezumaban, por tramos, toda su calidad. Recuerdo su Misión imposible, o Femme fatale, aquel pastelazo de Banderas en plan calentón total. Entonces saca uno conclusiones que no admiten réplicas: al hombre le han faltado ganas, o (como suele suceder ) han metido mano en el proyecto muchas manos y al final ha salido rana cuando principiaba príncipe, valga este facilón sonsonete. Venía a decir Woody Allen en una entrevista reciente que en Europa su trabajo era infinitamente más autónomo porque los productores le daban el dinero y un cheque en blanco de ideas para ir donde quisiera, de la forma que deseara. A lo mejor De Palma tiene que dejarse caer por Londres o por París y firmar por estos lares su cine más personal. Puede ser.





Tenemos lo que tenemos: una ocasión perdida, un film decepcionante. Este cine requiere más turbiedad, por decirlo de alguna manera: pide menos contención en las formas, un aire más extrovertido. No basta con que los decorados sean portentosos. Tampoco con que haya una rubia muerta y una mujer fatal que lo emborrona y enfanga todo.
Lo mejor ( para terminar este descuartizamiento ) es la parte de ficción dentro de la ficción: las escenas en blanco y negro de la aspirante a actriz Elizabeth Short, luego macabramente asesinada, en sus pruebas de casting. Ese personaje, en su brevedad, convence más que los otros ciento y pico minutos de tedio.
Todo muy lamentable. Todo muy triste. Con lo que a mí me gusta Sam Spade.

24.10.06

THE GUARDIAN : Pirotecnia submarina





Escasemente meritoria, no redundará en la muy alicaída carrera cinematográfica de Kevin Costner, lastrada desde Bailando con lobos, aquel tour de force de historia de los Estados Unidos, que reventó taquillas y puso al actor y director en primera plana del cine del último tramo del siglo XX. Como nadie vive de las rentas, Kevin Costner ha ido procesionando, con mucha pena y algún contado émulo de gloria, por cintas cuyo hospedaje final era la estantería del videoclub de turno. Nunca la memoria del cinéfilo. Aquí todo discurre por territorios trillados, aunque hay que reconocer un factura espléndida y un argumento bastante entero, que falla en la complicidad del espectador cuando éste vive fuera de los USA y no se ve reconocido en estas aventuras de salvamentos en alta mar, que aquí nos suenan ( verdaderamente ) a propaganda del espíritu americano. Y de ese género estamos bastante abastecidos, desgraciadamente.
El héroe retratado es admirable. No entramos en esta crítica en valorar el aspecto estrictamente épico de la trama, que lo tiene. No es de recibo cuestionar a este Cuerpo de Nadadores de Rescate de la Guardia Costera: merecen, a lo visto en el film, nuestro respeto. Da igual que vengan de Suecia o de las costas de Florida.
El papel de Costner es goloso: es el experto rescatador ( y no hay Cangurolandias ) que vive una experiencia tremebunda ( la pérdida de compañeros, graves heridas en sí mismo ) y que es destinado a tutelar a jóvenes cadetes que principian maneras y ansían emular a su héroe. Hasta este punto, nada nuevo. La cosa mejora un poquito en el tratamiento de los sentimientos personales, de cómo las personas se involucran para llevar a cabo sus proyectos y de cómo el espíritu didáctico de la filantropía eleva el alma del ser humano y la convierte en un cimero ejemplo de valor y entrega a los demás. Sé que este marasmo de buenas intenciones es un pastelazo para el espectador que busque en el cine sensaciones de más intenso calado, pero The guardian contiene escenas de acción muy logradas y por eso ( en esa mezcla de cine a lo Frank Capra y cine a lo Renny Harlin ) la película no es mala por principios.
Los tópicos que maneja el argumento son los tópicos de toda la vida, amplificados ahora: convertidos en catecismo del aspirante a héroe. Que Andrew Davis tome los mandos de esta película garantiza, por lo menos, un rato ameno, limpio, carente de dobleces, entregado al disfrute de una imágenes convincentes y un tratamiento honesto de lo que está narrando. Davis brinda un perfil psicológico muy básico de los actores: no sabe llegar a más. Sí que se esfuerza en reproducir con imaginamos que fidedigna visión el mundo de este Cuerpo de Militares. La cinta, en eso no hay margen posible de duda, logra implicarnos en la gesta de sus integrantes.
En otro orden de cosas, o es el mismo, podemos colegir que la vida de Ben Randall, el papel de Costner, es la vida de Kevin Costner. Esto es, héroe venido a menos que se presta con empeño a conducir a otros allá en donde él estuvo y en donde triunfó. El cine. La vida. Qué importa.
Me pareció muy significativo el rol de hombre ya curtido en mil batallas que Kevin Costner abandonó al albur de sus seguidores en su visita a España, de promoción. Vi un hombre entero, consciente de su languidez, de su decaimiento, de su falta de perspectiva. También de su declive honroso. Sus comentarios, recuerdo que algunos muy jocosos, enfatizan esto que digo.
Tenemos pues una película de leyendas vivas, eso que tanto entusiasma al público yankee.
En Lorca, en Logroño, en Córdoba, en Santa Cruz de Tenerife, The guardian no va a despertar pasiones de esas que llamamos universales. Hay sentimientos muy idiosincráticos. Éste lo es en un modo casi extremo, pero ahí tenemos a nuestro Almodóvar, un genio, un visionario, que hace lo suyo, lo castizo, lo íntimo ( lo manchego ), universal.
En onda a otros películas recientes, The guardian se deja envenenar por cierta querencia hacia lo religioso. Pareciera, en tramos del film, que estamos asistiendo a una homilía, a una liturgia de la salvación, a una redención del alma a través de los golpetazos tridimensionalizados de las olas salvajes. Y ahí a mí me sobrecogió e impresionó mucho más La tormenta perfecta.
Ah, se me olvidaba, hay también ( cómo no, cómo no ) romance entre grumete graciosito y chica provinciana.

Toma ya.

18.10.06

LAS PARTÍCULAS ELEMENTALES : Europa sin glamour



Lo que en la novela de Michel Houellebecq era inteligencia, descaro y pesimismo, todo bien engrasado para que la maquinaria narrativa fluya y la mala leche y la escatología del autor rezume por cada sintagma,en la película de Oskar Roehler, novato con ínfulas de autor ya cotizado, se rebaja a frívola reflexión sobre la decepción del hombre burgués en la Europa del Estado del Bienestar, aunque no le falta su aditamento de cinismo, su particular evidencia de la inconsistencia de la sociedad europea actual.
Trata de dos hermanastros diametralmente opuestos. Uno, culto y refinado, triunfador nato, volcado en su trabajo ( Es un biólogo molecular ). El otro es un patán comido por diversas fiebres venéreas. Ambos, en una edad ya talludita, descubren el amor y la película va desgranando cómo el amor les va cambiando. O en realidad no les cambia nada. El azar, el destino, que en la magnífica novela de Houellebecq ejercía un papel notable, viene aquí a destrozar esta aparente vida de galanteos cuando las amantes de ambos caen enfermas y deben recapacitar sobre si regresar a la vida anterior o ( definitivamente ) asumir cierta responsabilidad y afrontar la enfermedad con entereza y aplomo.
Hay un ajuste de cuentas que el director explicita muy sutilmente. La novela ( vuelvo a ella insistentemente porque esta es una película literaria basada en un boom literario ) hacía más sangre. No había dulzura. Aquí los personaje son entregados con mucho tacto: se les adivina carnales, cercano. Los sentimientos que les mueven son los que nos mueven a todos y el abandono que sufren en la infancia es el abandono que, en alguna ocasión, sentimos todos cuando se produce el destete total y entramos, hocicados, impelidos por una fiebre absoluta, en la sociedad para trabajar, buscar un piso, arreglar una hipóteca, tener hijos, en fin, ese vértigo que únicamente tiene ya finiquito en la jubilación o en la tumba. Y algunos dirán que tampoco allí.
Las partículas elementales es una película del desencanto, de la tristeza, pero este lastre se deja seducir por cierta esperanza. El autor se desmarca de la crueldad de Houellebecq: reviste su trama de locura, de humor también, de verismo. La espesura del libro se aligera porque esto es cine y es una labor dificilísima hacer imágenes la avalancha de ideas y conceptos ( políticamente incorrectos casi todos ) que el novelista alemán plasma en sus novelas.
Es quizá la película de amor del año, pero no hay abrazos sudados, ni miradas perdidas en el follaje de la compenetración pasional: hay emociones, renuncias, riesgos, entregas, vicios y concesiones.
Quienes hayan disfrutado el libro ( como yo ), verán siempre una película falsa, que se escora en exceso de los planteamientos de su argumento, pero entretenida, nítida, muy bien trabada y, por supuesto, rocosa y ácida.
Además Moritz Bleibtreu hace un trabajo excepcional, hipnótico. Sólo verle merece entrar en el juego de su trama.

Breviario de vidas excéntricas /40 / Carla y Ezequiel

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