9.2.08

Titiriteros, saltimbanquis, payasos, vedettes...


Los titiriteros acuden al rescate de ZP. Han montado un tinglado mediático de querencia fonética llamado PAZ, Plataforma de Apoyo a Zapatero. Es motivo de chanza en los medios afínes a quienes no comparten su alegría socialista y es modelo de orgullo cultural para quienes entienden que los cómicos siempre han sentido debilidad por la izquierda, caso de que algún resto de ideología pura se aloje todavía en los políticos que nos administran. Eso de llamarlos titiriteros explica más de lo que oculta: evidencia un ancestral odio por la farándula, que salvo las normales excepciones, se ha dejado llevar por la sensibilidad y cierto sentido de la responsabilidad artística. Desde el bufón que hacía reir al rey al cantautor que, alejado de palacio, rimaba las miserias de sus inquilinos. Apoyar a un candidato u a otro no deja de ser un acto de absoluta normalidad democrática. La puya mediática, agitada desde según qué medios, únicamente abastece de crispación a la sociedad. No es una historia nueva. Sucede siempre. Sucede en todos lados.
En los Estados Unidos se ve a Robert de Niro acompañar a Barack Obama en estrados y mítines. Fleetwood Mac dio su apoyo incondicional a Bill Clinton en su primera campaña presidencial y una de sus canciones emblemáticas (Don't stop) se convirtió en himno. Barbra Streisand apoya a la señora Clinton en éstas. Aquí fue Norma Duval la que se lanzó a elogiar a Aznar en su primera refriega pública con González. No era titiritera: era una vedette. Qué más da. Gente de poco fiar.

Dictaduras modernas


De lo que se trata al fin y al cabo no es de administrar lo público y confiar a un razonable procedimiento de registro las incidencias y la abundante prosa técnica que genera el gobierno de la sociedad sino de inventariar el tedio. No lo dicen, pero ése es el motivo que los estimula. Tres escasas veces me he topado con un burócrata patológico, uno consciente del valor capital de su gestión detrás de la ventanilla. Funcionariado aburrido, carente de incentivos lúdicos en su trabajo, espoleado por el ominoso discurso del orden y de la estricta observancia de un rigor, el burócrata no alcanza a comprender la disfunción que le aqueja, esa ya inaplazable sensación de que el tiempo le ha pasado por encima como un cuádriga conducida por un gigante. Enfrente está el usuario. El que va de cristal en cristal mendigando una porción de cordura, un trozo de comprensión. Saben lo que digo. Una vez que se ha sentido ese dolor tan íntimo, tan cercano al absurdo más grotesco, tan kafkiano, no es posible acudir a una ventanilla en la que haya que entregar, sellar o compulsar unos documentos sin que un ramalazo de horror te sacuda la espalda. ¿Y si se repite ? Forges, como suele, lo borda.

8.2.08

Por todos los infiernos


Todo vale para vencer al laicismo. Benedicto XVI ha declarado que el infierno existe: que no es un estado mental. Contradecir a su predecesor puede convenir para sofocar el relativismo que estrangula la recta vida moral. “Las imágenes de la Biblia deben ser rectamente interpretadas. Más que un lugar, el Infierno es una situación de quien se aparta del modo libre y definitivo de Dios”, dijo Juan Pablo II. El limbo o purgatorio, ese estado provisional de purificación, está demolido desde que el Papa negó su vigencia y propuso la idea de que la metáfora continúa siendo útil. Suena a antiguo ese conocimiento perfecto de la utilidad del lenguaje poético para formular el credo y el catecismo cristiano. Nada entonces nuevo. El infierno que el Papa repone en los logotipos no da miedo . Dan miedo otras cosas. La economía montaraz, el precio de la fruta en el mercado, la frivolidad de los políticos y la política de lo frívolo. Los conflictos escondidos y los que se ven. La corrupción y el desprestigio de la educación. Por eso el Santo Padre ha emitido este dictamen teológico: no se puede liquidar el infierno. No al menos ahora, cuando lo laico parece que está sacando pecho y se está echando a la calle y hasta algunos gobiernos secundan y hasta alumbran este rebelión.
El pueblo que cierra su corazón a Dios es el inquilino propuesto para este infierno recién escriturado. Los malvados que se dejan contaminar por las golosinas del pecado condenan su vida eterna. El limpio de intenciones, quien disfruta la visión beatífica de Dios, hospeda su inmortalidad en el cielo, que a lo deducido por la cartografía del infierno, tampoco debe ser un estado mental. El Papa entra en embeleso místico o en desatino metafórico y entrega un fascículo de la pompa celestial. Blande el miedo pero subordina la salvación a la conversión a la fe y da al naúfrago espiritual asidero en la tierra para que su ingreso en la eternidad no sea chamuscamiento perpetuo y condenación infinita. Así funcionan las cosas: embeleco y pesimismo, pecado y cárcel. La holganza excesiva y el abandono de la fe hocican al hombre con sus demonios. La viña desvastada por jabalíes de la que habla Ratzinger precisa activistas católicos que la replanten. A lo mejor habla de eso Rajoy cuando publicita la reforestación de España con un número escandaloso de árboles. Será para no ver el bosque. O para emboscarse en él y pasear al arrullo candoroso de los jilgueros y las pastorales mecidos por el septentrión. Poesía pura.

4.2.08

Urna show II

I
La vida entera está llena de contradicciones. Yo soy incapaz de entender la pintura abstracta o el dodecafonismo, aunque no les quite un ápice de importancia en la forja del patrimonio de la cultura . Mentiría si digo que me gusta la ópera, aunque hay arias que me conmueven. De esta forma precaria he ido accediendo al Arte considerado como una revelación y mi espíritu se ha ido alojando en ese mullido terreno de lo sensible. Ahora me es imposible no estar al día en cine o en música y en rara ocasión estoy al margen de lo que pasa en el mundo. Me tengo como una especie de mendigo cultural y no estoy seguro de que mi pobreza sea conjurada algún día. Ojalá me escolte a la tumba. Lo que me subleva es que me tomen por idiota. Que el conferenciante, ufano en su tarima, circunspecto, solemne frente al atril, insulte la paciencia de este mendigo de belleza y le suelte un cuento de infantes en donde el lobo es malo y la niña huye a casa de la abuela. El lobo, ya lo dijo Propp, no es malo del todo. La niña, añadió mi amigo K., es una perversa de mucho cuidado que busca hacerle la puñeta al lobo y quedar estupendamente. Estos días de atropellos culturales y de informaciones interesadas (estamos en precampaña, éste es el verdadero fondo de la tropelía) dura lo que dura un discurso de un político en una plaza de pueblo. Lo que tarda un conferenciante bien pagado de sí mismo de repetir el discurso con el que ha triunfado en otros ateneos del disparate, pero el que lo contrata cubre expediente y rellena el hueco. Alguien apreciará el esfuerzo. De lo que se trata, bien en el fondo, es de dar a la gente lo que quiere, como decía el título de un disco de The Kinks.
II

El pueblo quiere pan y circo, fútbol y toros, paseos a la orilla de la felicidad y sueños dulces para recibir con júbilo el nuevo día, y eso no es una tarea difícil de realizar. La empresa requiere un vasto dominio del cliente al que hay convencer de la bondad del producto. Lo de menos es que luego, tras la compra, haya provecho en su uso. La política es un cluedo donde no hay muertos. Se van dejando pistas, se van dando claves, se cuenta qué puede pasar y se presenta la historia posible y lo limpio y decente que ha sido hacerlo como estaba pensado. Lo de menos es que luego, tras el voto, haya provecho de su uso. Eso de los muertos es la nota irónica del post: la política consiente cadáveres simbólicos, muertos accidentales que afean el programa, pero que se consideran inevitables habida cuenta de las dificultades del propósito. Si es complicado convencer a un individuo de lo que no entiende, me imagino cómo será ilusionar a un pueblo. Por eso las campañas como la que se nos echa encima son materia tan golosa para los tertulianos de las ondas y para los exégetas de lo público que tienen pluma y columna en la prensa escrita. A este dueto le podemos añadir el reseñista libre que tiene su blog y que desbarra a gusto mientras afuera el mundo esconde una gárgola detrás de cada rayo de sol. Se suele pensar que detrás de cada político hay un ser humano que, a la manera del personaje de Shakespare, siente como nosotros, goza como nosotros y sufre los mismos padecimientos que sufrimos nosotros, pero es más tarde cuando esas contradicciones de la vida te ofrecen un punto de vista inesperado. Las campañas electorales son el terreno habilitado para las cabriolas mentales, el espacio cómplice de la pirueta mortal y del agujero en el calcetín. Unos tiran de euros para engolosinar al gentío y otros acuden a la ineficacia ajena para vender la ineficacia propia. Como no he sentido la llamada de lo público y no me tengo por hombre capacitado para ejercer estos menesteres con responsabilidad y dominio suficiente debo ser cauto y admirar que otros sacrifiquen su vida privada y se exhiban al atentísimo ciudadano que, a la manera de algún otro personaje shakespearino, considera que nada humano le es ajeno. Tampoco yo me siento huérfano de protección. Más vale que el Estado estabule como lo hace el gobierno de esta plaza belicosa que es la ciudadanía. Siendo cada uno de su padre y de su madre y habiendo siendo educado conforme a modelos diferentes, me imagino que abrir la ventana de las reclamaciones y hacer propaganda legislativa no es asunto baladí ni merecedor de mofa por quienes aquì (afuera) ejercemos la libre sindicación de nuestra pluma, pero no sé por qué me siento como cuando veo un cuadro de Rothko o escucho una pieza de Webern: que me siento desvalido, privado de los instrumentos que decodifiquen esa información privilegiada que a otros, más abastecidos, les resulta hermosa y les procura el placer que a mí me es negado. Y la cosa acaba de empezar. Tercera entrega en breve...

Urna show I


I

La política es uno más de los rehenes de la fe. O viceversa. A Dios lo reclutan para la campaña electoral y los administradores de la cosa pública buscan teólogos y agitadores sociales para contrarrestrar las puyas de los otros, que opositan para recuperar el cetro de mando perdido. Todos los partidos políticos agitan la misma bandera: el voto cautivo de cuatro o cinco ideas básicas que se airean a pie de calle y enardecen a la masa hasta que abreva en la urna y deposita religiosamente la papeleta, que le ha costado al contribuyente una pasta. Y debe ser así: no hay otra forma y no habría otra mejor caso de que alguien la encuentre para montar un Gobierno, una Oposición y una guarnición legítima de partidos que no son una cosa ni la otra, pero buscan público y hasta levantan el fervor de los entendidos. Una cadena inglesa de siglas obviables ha formulado una encuesta de la que se deriva que el 23% de la población inglesa cree que Winston Churchill nunca existió. O que Sherlock Holmes, el mítico detective fabulado por la pluma de Sir Arthur Conan Doyle, sí que patrulló el Soho a la caza de Moriarty. Esto último lo sostiene un 58% de la masa encuestada. Otros damnificados de esta infamia cultural son Charles Dickens y Cleopatra, que al discurrir de esta tropa de iletrados son personajes de novela, a lo sumo, y muy importantes, eso sí.

II

En política la población exhibe comportamientos erráticos al modo en que los ingleses razonan su patrimonio cultural. Hay gente que vota a la Derecha porque cree que la Izquierda no existe. Que es un cuento ruso. O gente que vota a la Izquierda porque ha llegado a la conclusión de que la Derecha es un monstruo de dos cabezas y que Franco no ha muerto y lo tienen hibernado en el programa electoral de su afínes. Mientras esto sucede, el paro sube en 132.000 personas en Enero y la Conferencia Episcopal pone a Zapatero embrutecido, que es un estado de ánimo óptimo para arrancar la Precampaña y levantar al electorado durmiente y dar al insobornable un ración extra de líder carismático. Cañizares, el arzobispo de Toledo, coloca graciosamente a Dios como avalista del documento que ofrece orientación al elector dubitativo. Scarlett O'Hara se limitaba a ponerlo por testigo, pero los tiempos requieren otros compromisos y los discursos nunca son lo bastante incendiarios y precisan de estos reclamos antológicos, apocalípticos, destinados a abastecer de militancia a los que ya van sobrados de ella y a encolerizar a quienes, faltos de fe, se toman la cosa religiosa como algo ya estrictamente personal. Que esto es lo que está pasando últimamente como consecuencia directa del enconado litigio Estado-Iglesia.

III

Los guionistas de Hollywood cesan su hostilidad y retoman la pluma. Ahora a ver qué escriben. Si eso pasara en España las consecuencias serían desastrosas. Aquí somos muy belicistas y en cuanto nos dan micrófono soltamos toxinas en form de discurso fundamentalista. De lo que se trata, me ha dicho mi amigo K., es de que todo el mundo sepa que tenemos una opinión formada y que tenemos madera de polemista. Anoche en la sosa y bochornosa por momentos entrega de los Premios del Cine hubo agasajados que en la tarima del éxito soltaron soflamas contra lo que les vino en gana. No fue tan excesivo como en otras ocasiones (Manos blancas, Aznar, Bush, Guerras, ETA) pero no faltó un ataque frontal e imprevisto: Alberto San Juan agradeció el Goya como mejor actor principal por su papel en Bajo las estrellas, rindió tributo al maestro Landa, parco en palabras en su salutación, y sacó la pólvora semántica pidiendo la disolución de la Conferencia Episcopal. Si le dan cinco minutos dinamita las Sagradas Escrituras y se ofrece voluntario para convencer al pueblo indeciso de la conveniencia del laicismo puro y de la apostasía como modelo de coherencia moral. Los obispos tiene argumentario tras este mandoble homicida que ocupa hoy todos los titulares. Zapatero resta y el set concluye en mes y poco. La red decidirá los puntos. Aquí, al menos, sabemos que Winston Churchill era un político gordo que fumaba puros. Lo de Yalta es materia reservada todavía.

Coltrane plays the blues: El disco de hoy


Swing y blues: las raíces del alma que sufre y manifiesta su dolor bailando o gimiendo. Coltrane fue un obseso del blues y casi siempre evidenció ese amor en sus discos. Éste es un tributo inconsolable, la quintaesencia del blues bajo la manta sonora del jazz.

3.2.08

El puerco espín y la depresión capitalista









"Me gustaría ver a Richard Burton o a Sir Laurence Oliver hacer Macbeth, memorizar todo ese texto y tener una erección"
Ron Jeremy
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El porno es una pervesión óptica, escribe Roman Gubern. El crítico, catedrático de Comunicación Audiovisual e historiador del cine añade: "Leí en Science que para curar a un chimpancé con depresión confeccionaron una película porno simiesca, con actos de diversos monos. Y funcionó".
Ron Jeremy es el tipo de las fotos(1969 y 2007), el mono feo, el mono gordo y peludo, el puerco espín ladino que escandaliza a las señoras y exalta el morbo silente de las mozas concupiscibles, el Tarzán de garaje que se frota las gónadas después de ejercitar una aerofagia en el plató, pero la AVN, que ausculta la salud del género y hace balance de sus gestas con el fisco tutelando los números, dice que Ron Jeremy es el actor con más películas, el semental máximo, el hombre que contribuyó como pocos (John Holmes está en la lista) a que la industria del entretenimiento adulto (eufemismo XXL) sea a día de hoy la mayor fuente de ingresos del ocio audiovisual en el mundo, sólo superado por el imperio de los videojuegos. A distancia el cine convencional y el negocio de la música. Y Ron es también el que demuestra que Estados Unidos es el país de las oportunidades. Él supo aprovechar la suya. La oportunidad. Dejó las clases de Educación Especial en Long Island y consagró su talento al noble y lucrativo espectáculo de la coyunda amorosa, que es otro eufemismo porque este blog nunca ganará lectores con posts obscenos ni dejará caer en su modesto pero trabajado archivo visual nada que se aleje de la ortodoxia y de la formalidad temática. Pero hoy hemos abierto una brecha. El puerco espín merece una nota en el bestiario del blog. Al término de su carrera cinematográfica consta que intervino en casi 2.000 películas y que conoció bíblicamente a casi 4.000 deprimidas féminas. En la actualidad hace cameos en series de TV y en películas de bajo coste y posee su propia línea de alimentación. El producto estrella es una salsa picante. No pierde ocasión para defender la vigencia y la moralidad del porno y la infamia y la locura de la guerra de Irak. El exceso de fornicaciones no le ha dejado tarado ni falto de criterio.


Blues de la frontera



El Roto


2.2.08

Rehabin' the zombie


En la puerta del infierno Keith Richards ha montado un stand para firmar discos. Acuden toxicómanos, divas del papel couché enganchadas al polvo de estrellas y libertinos de todo signo que han visto en su mirada torcida un hueco por el que despeñar su vacío mental. Cuando le pesa la mano, abandona el púlpito y se deja caer por el mundo. Lo vemos en un cocotero o lo vemos en una timba de cartas en Malibú mientras sus guardaespaldas vigilan que el bourbon no esté rebajado con agua. No tenemos la certeza de que tenga sensibilidad: probablemente la perdió a finales de los sesenta y desde entonces se desplaza como un zombie y ejecuta los riffs como un zombie. Fuma y bebe como un zombie. Los zombies afiliados al star system tienen jacuzzi y una cuenta corriente lo suficientemente abultada como para meterse Colombia en vena y salir ileso. Se colige que el azar o la bondad divina intercede en su causa y sortean la muerte como el que esquiva una pedrada en un parque infantil. Pensando mal (o pensando bien, no alcanzo aquí a elegir) tal vez Keith vendió su alma al diablo en algún cruce de caminos habida cuenta de su amor incombustible por el blues, que es la madre patria del chasis que levanta la música que ha iluminado su vida.
Si buscas en la red, hay un tsunami morboso sobre el episodio de la esnifada parental. O cuando dijo en una entrevista que se metía por via oral un medicamento para las hemorroides llamado Preparation H . Tampoco se molestó en negar que en 1.972 se renovó todo el torrente sanguíneo. Eric Clapton le imitó años después y en la misma clínica helvética. Preguntado sobre si continuaba consumiendo heroína, Richards deslumbró a su parroquia con la confesión de que las drogas le seguían satisfaciendo igual, pero que las industrias farmaceúticas habían retirado justo las que más le gustaban. Como si a mí me birlan el chocolate Lindt.
Al mito le conviene esta épica mugrienta, este descenso a los infiernos. El zombie que se mantiene con vida milagrosamente es también un guitarrista formidable. A veces la leyenda mata al hombre. Richards es el pulmón de la mejor banda de rock and roll del mundo. De todas formas si la cara es el espejo del alma, el azufre de este tío está quemado, podrido.

R.E.M.: Uno de Abril




Hay bandas a las que uno se entrega con apasionamiento: representan el entusiasmo, el talento, la creatividad en el rock, que es un terreno donde las novedades son escasas. El primero de abril sacan al mercado Accelerate. Mi amigo Rafa Ferrer tira de entusiasmo también y me pone al día del asunto. Carezco de su vocación, pero a lo mejor estoy cerca. En esto de las entregas incondicionales hay también grados. El mío es enorme. El suyo es inconmensurable. Además ese día es mi cumpleaños. Ya tengo regalo.

Breviario de vidas excéntricas /40 / Carla y Ezequiel

   La idea de la vanidad enfermiza de un Dios ofendido por los que no creen en él a la que alude Bertrand Russell cuando se determina a expl...