Los años acaban delatándose,
publicando sus vicios.
Los recuerdos libran
su íntima batalla con las palabras.
La vida dicta severas instrucciones de uso,
disciplinas muy precisas,
maneras de medir el espanto y soportarlo.
Los años ocultan escenarios vacíos.
En el ocaso, en esa plenitud que no estalla,
perfilas nombres, fechas, argumentos.
Es más tarde cuando viene
Kafka con su libro de quebrantos.
El tiempo es un mcguffin.
Me lo dijo anoche
un personaje secundario
en una película menor de Alfred Hitchcock.
No hay comentarios:
Publicar un comentario