Aquel viejo colegio,
los primeros guateques,
el primer cigarrillo
y los castos amores.
Todavía la inocencia
soñando disparates
—rebeldías con regusto
a pan y chocolate—.
Señor, cómo nos mata
el tiempo. Cómo vamos
quedándonos desnudos
y solos, como fríos
esqueletos de otoño.
Pero no te preocupes,
corazón,no me llores.
Si anochece y no hay nadie,
let it be.
link
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Breviario de vidas excéntricas / 10 / Lucio Saavedra
Al principio, después de cada bronca con Irene, Lucio Saavedra se refugiaba en Verdi o en Puccini. Se perdía desconsoladamente en las arias...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Hay vida después de las novelas históricas, aunque las estanterías estén secuestradas por dinastías y pasillos secretos, por cetros perdidos...
1 comentario:
Todo sin quitar nada estuvo presente en mis años mozos. Colegios y cigarrillos, guateques, la rebeldía, hasta el pan con chocolate. Como soy joven para Beatles teníamos otros discos, pero quizá no había mejor verso para terminar el poema.
Saludos de Perú
Publicar un comentario