El árbol ya no era el árbol bajo el que se besaron hacía cincuenta años esa misma noche, pero permanecía erguido, el viento movía impertinentemente las hojas y había un corazón raspado en el tronco en el que no estaban sus iniciales.
. Junio 1992. Ramón y Cajal, 63 Acudirán esta noche los amigos. Nos harán felices de nuevo. Pondremos los viejos discos. Haremos una barbaco...
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