12.3.15
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3 comentarios:
La política debe su existencia y sustento a material extraído de las miserias humanas. Sustancia en putrefacción que solo por azar y la voluntad de unos pocos a veces augura un hálito de belleza.
La desafección por la política es síntoma de otras desafecciones; una, la del propio género humano consigo mismo. No nos queremos y no nos soportamos. No tenemos ganas de querernos, vamos. Y de ahí, el resto. El amor a las máquinas, Emilio. Ese es el que manda. De las máquinas vendrán felicidades, pero no serán las mías.
Eduardo
Llevo la radio encendida en el coche, pero en cuanto corro el peligro de escuchar la necedades de cuanto político ronda por el panorama, cambio de emisora o directamente apago la radio. Son todos políticos y no hay ni uno que diga algo que me interese. El y tú más es repulsivo y nauseabundo. No saben el asco que dan. Emponzoñan todo el debate nacional. Solo me ha sorprendido Albert Ribera cuando Alonso del PP lo calificó del partido de Naranjito y aquel con sentido del humor lo aceptó incluso como seña de identidad. Un gesto realmente inteligente. Pero no abundan. Son extraños. Son putos políticos, incluidos ya los de Podemos. Ya hablan como la casta. Nos tratan como a subnormales o disminuidos psíquicos. That's política. Para ellos.
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