20.3.07

Es mentira





James Dean tiraba piedras

Las Cuatro Y Diez

Fue en ese cine te acuerdas en una mañana
Al Este del Edén
James Dean tiraba piedras en una casa blanca entonces te bese
Aquella fue la primera vez tus labios parecían de papel y a la salida en la puerta nos pidió un triste inspector nuestros carnés
Luego volví a la academia para no faltar a clase de francés tu me esperaste hora y media es esa misma mesa yo me retrasé
Quieres helado de fresao prefieres que te pida ya el café cuéntame como te encuentras aunque se que me responderás muy bien
Ten esta foto es muy fea el más pequeño acababa de nacer oiga me trae la cuenta calla que fui yo quien te invito a comer
No te demores no sea que no llegues a la hora al almacén llámame el día que puedas date prisa que ya son las cuatro y diez
AUTE

19.3.07

4 roses, my friends











Tras todo lunes de resaca hay un martes de perros.

BOSQUE DE SOMBRAS : Peckinpah cantábrico






Podría ser otra película de visitantes metidos en una espiral de violencia en un ambiente hostil lleno de lugareños malvados, pero queda en otro thriller rural acunado por todos las convenciones del género. Huele a Sam Peckinpah ( Perros de paja ) y da también tufillo a John Boorman ( Deliverance ), aunque no hay un plagio flagrante y queda todo en una evidencia muestra de respeto y tributo hacia esos dos maestros del cine, pero Bosque de sombras ( The backwoods ) lastra un guión de una precariedad asombrosa teniendo en consideración el trabajo casi artesanal de un director ( Koldo Serra ) que mima su trabajo y lo reviste de una calidad fuera de toda discusión: brilla la fotografía, el aspecto actoral y una suerte de localización de exteriores de la que no teníamos noticia en el reciente cine nacional.
El argumento nos castiga con una lentitud que exaspera: no es una morosidad apetecible sobre la que descanse algún mimbre del guión. Todos tenemos certeza del rumbo sobre al que a virar la trama. En parte porque hemos visto Perros de paja o quizá porque el trabajo de la escritura no ha estado tan a la altura como todo lo demás. Ni un absolutamente genial Gary Oldman ( que gana enteros en este papel pequeñito en su carrera, pero grande en su filmografía de calidad ) consigue que podamos involucrarnos más en la película.
Bien abastecida de los clichés al uso que pueblan el género, Bosque de sombras no se preocupa en retocarlos, en conducirlos a su terreno. Los patrones estilísticos están filmados con soberbio estilo: queda uno muy gratamente impresionado por la luz ( hay escenas que se quedan fijadas a la memoria después de ver la película ), pero se desastra el conjunto con un estrépito que nos encorajina pues quisiéramos ( es mi caso ) que la cinta contuviese otros méritos para llegar con plenitud hacia donde apunta: hacia una película redonda en un debutante, miren ustedes qué asunto más difícil. Lo consigue Jorge Sánchez-Cabezudo en su primorosa La noche de los girasoles, ya criticada en estas páginas.Este retrato abrupto y seco sobre la violencia y la incomunicación acaba por defenestrar sus innegables aciertos con un final también abrupto y seco en donde no sabemos más y ( puestos a estar fascinados por la trama ) bien que lo querríamos. Esa falta de información no contribuye a que la reseña sea más golosa en adjetivos hermosos y se adhiera ( sin disimulos ) a ese lamentable inventario de películas estupendas ( algunas casi obras maestras ) que se mueren por alguna hemorragia revisable, por algún fallo en la tornillería que hace que el edificio se venga abajo justo en el momento en que más estábamos disfrutando de su escalada.
A destacar la presencia de un Lluis Homar en estado de gracia en el papel de garrulo vengativo rodeado de garrulos tarados. Las tres películas que le conozco ( La mala educación, Los Borgia y ésta ) demuestran un oficio enorme y un futuro ( y ya tiene el hombre sus años ) a considerar.




PEQUEÑA MISS SUNSHINE :Viva la familia unida






Indie: dícese del cine que se aparte voluntariamente de los circuitos tradicionales y que se gesta con la muy clara intención de ser independiente, no contaminable de los tics del cine de consumo mayoritario. Entonces Pequeña miss Sunshine no es una cinta indie, como la venden, aunque Sundance la avale con su marca de fábrica. Independiente, apartado de los circuitos tradicionales y de pretensiones comerciales masivas ( al estilo de Piratas del Caribe o Spiderman en cualquiera de sus entregas ) es su humildad, su desgana por apabullar: no existe nada en el guión que pueda despertar el asombro del espectador acomodado en un cine de traca de feria, enfebrecido de tiros o de efectos especiales indiscutibles. Aquí no hay una película fácil y eso ( bien mirado ) le da un status de pieza rara en este mundo nuestro en el que todo se conduce por la vía de lo asequible, de lo fácilmente masticable, pero como la cinta ha participado en los Oscars de Hollywood y ha entrado en el aro ( digamos ) de la industria, pues parece que deba ser evaluada, criticada, entendida como una película más de entretenimiento familiar al estilo de las citadas anteriormente, ambas dignas y del agrado de este escribiente digital.
Pequeña Miss Sunshine es una road-movie antológica, alegremente ácida, corrosiva en su forma sencilla de mostrar las enfermedades de una sociedad, la americana, demasiado entregada a satisfacer placeres de forma inmediata y convertirlo todo en fast-food, en producto de consumo rápido, sea una hamburguesa, sea un libro, sea una película.

Ésta va de una familia disfuncional, que es una palabra muy de moda. Los Hoover son el paradigma de la familia rota: nadie tiene la cabeza donde debe. Hay un adolescente entre lo grunge y lo nietzscheano que no habla para imponerse una disciplina ( ay si San Juan de la Cruz levantara la cabeza ), un abuelo pornógrafo que esnifa heroína en los ratos libres y aconseja el amor libre y el fornicio como hobby, un padre enganchado a la sociología light a lo Paulo Coelho, un cuñado gay( experto en Proust, un fracasado que hizo la mejor prosa del siglo XIX) recién salido de una intento de suicidio, una niña regordeta que quiere ser miss y una madre abnegada, auténtico pulmón de una familia destinada a reventar en cualquier minuto del día. Welcome to hell, dice el mozalbete autista en un momento del film.

Amable, ácida, perversa, íntima, coloquial: hay muchos adjetivos. La cualidad, sin embargo, más dominante es el optimismo, el hecho crucial de que una carretera marque el norte, el futuro. O que una furgoneta desmantelable en pura chatarra no ceje en su destino final: el hotel de Redondo Beach ( California ) en el que va a tener lugar un concurso singular, la elección de Miss Sunshine, el aberrante concurso de niñas en donde, al final, se produce el desenlace fabuloso, una especie de clímax metafísico en el que uno se reconcilia con la bondad del cine, con su bendita catarsis. Dicho de otro modo : ahora que no es posible verla en cine, acudan al videoclub más cercano. Tienen uno cerca. O uno de esos cajeros impersonales que expulsan el dvd como si fuese un preservativo en una noche de parranda y tuviera uno todas los instintos enfebrecidos.

Vaya. Corra. No verá la mejor película del año, pero sí ( rotundamente ) una de las más frescas, irónicas, mordaces y, sobre todo, agradables.




18.3.07

EL DESVÍO : Serie B mayúscula / Cine negro clásico




La siempre denostada serie B, apaño de presupuestos escasos y pulso creativo con las majors, que imponen su criterio estético a golpe de talonario, tiene en El desvío ( Detour ) una de sus cumbres y el tiempo, ese juez implacable, la ha respetado y consolidado como un film de culto.
Esta road-movie ( el término no estaba todavía explotado ) se grabó en el asombroso espacio de seis días y costó la aún más asombrosa cifra de 20.00o dólares. Hay carreteras perdidas, estampas sombrías de esa América profunda tan cómplice en la iconografía del cine negro, sórdidas habitaciones de motel, mujeres de vivir dudoso y hasta expresionismo alemán traido a los EE.UU por una caterva formidable de directores que vieron en Hollywood un vehículo para agrandar su arte y hacer Historia ( Lang, Sirk, Wilder o este Edgar G. Ulmer, de fama menor ).
No es que el guión sea formidable. No hay un elenco en estado de gracia, como suele decirse. La razón por la que esta película engrosa la nómina de clásicos es su genuina condición de rareza, su habilidad para hacer una gema del cine con mimbres tan frágiles ( el dinero, el plantel anónimo de actores, el guión de serie B ) a la par que otro film de condicionamientos parecidos como So dark the night de Joseph H. Lewis.
Flashbacks, voces en off y una maestría absoluta en el tratamiento del paisaje abrupto hacen de Detour una obra convulsa, abierta a muchas lecturas. La más evidente, su hermosura, su manera de contar una historia ( todo pasa por el tamiz de los ojos de Robert, el protagonista, el pianista que va en busca de su novia y se tropieza, en el camino, con un asesinato que no ha cometido y una mujer fatal, otra, que le chantajea ). Tom Neal, el actor que le da vida, toma en la vida real las riendas de la serie B y del cine negro ya que fue a prisión en 1965 por matar a su tercera mujer.

El mar encabritado

Ni se le ocurra tararear a Mozart
Soledad Gallego-Díaz
Publicado en El País el viernes 16 de Marzo de 2.007

Cada vez que la Orquesta Nacional interpreta a Mozart y lo hace con una
partitura que haya sido publicada hace menos de 70 años, paga derechos de
alquiler por uso colectivo, no a Mozart, por supuesto, sino al editor de esa
partitura. Cada vez que hace una fotocopia de alguna de las partes
instrumentales de esa partitura, digamos los violines o los clarinetes, lo que
hasta un sordo comprende que es imprescindible para que la orquesta funcione,
vuelve a pagar por derechos de reprografía. Cada vez que se publica una nueva
edición crítica de una obra clásica, las orquestas se echan a temblar: algunos
directores quieren trabajar con esas partituras (que quizás han modificado
algunas notas del total de la obra) y eso supone pagar, no por su compra (que
las editoriales no permiten) sino por su alquiler, una y otra vez, cada vez que
la orquesta actúe. Y por supuesto, si el concierto va a ser retransmitido por
radio o por televisión, hay que volver a pagar otra vez, otra cantidad, por uso
público. También hay que pagar si en el programa de mano se les ocurre
reproducir el texto de algunas de las partes cantadas de una obra, si se ha
sacado de un libro publicado, igualmente, hace menos de 70 años.
Hace relativamente poco a un Instituto Cervantes en un lejano
país se le ocurrió digitalizar El Quijote y colgarlo de su página web, con tan
mala fortuna que eligió una edición que tenía menos de 70 años. La reclamación
de derechos fue tal que tuvo que retirar el texto a toda velocidad. Es posible
que la lectura de El Quijote en público con motivo del Día del Libro sea un
delito: depende de la edición que se haya elegido. Habría que investigarlo.
De momento, lo que está claro es que a partir de ahora va a ser delito que
las bibliotecas públicas presten libros gratuitamente, sin pagar un canon a sus
autores. Se suponía que la no existencia de un ánimo de lucro, su papel en la
promoción de la lectura, su función como difusores y conservadores de la obra de
esos autores, justificaba que el préstamo de libros no se sometiera a la
omnipresente Ley de la Propiedad Intelectual. Vana suposición. Se diría que la
ofensiva neoliberal contra todo lo que es público ha alcanzado su propia
caricatura. Como escribió alguien recientemente en uno de los centenares de
blogs que han surgido en contra de esa iniciativa: si todo es privado, reclamo
el uso de mi nombre y me niego a que Hacienda lo escriba en el sobre en que me
manda cartas.
Justo es decir que la culpa de lo que va a ocurrir con las
bibliotecas públicas no es del Ministerio de Cultura, que defendió hasta el
final su negativa a imponer ese gravamen, sino del Tribunal de Justicia de la
Unión Europea, gran defensor de los derechos de autor y de reproducción.
Que
lo haya decidido así el Tribunal europeo sólo quiere decir que existe una
directiva de la Comisión, la 92/100, que impone ese canon. Es ahí, en Bruselas,
donde los ciudadanos de toda Europa deberíamos protestar contra esa mezquina
interpretación de la propiedad intelectual. ¿Acaso los libros de las bibliotecas
no han sido comprados y pagados? ¿Qué es lo que van a perder realmente los
autores? ¿no serán en realidad las sociedades gestoras de los derechos las que
están actuando como codiciosos recaudadores? ¿Empezarán a pedir pronto que los
ciudadanos que tenemos libros en casa paguemos un canon ante la evidencia de que
también los prestamos? ¿Qué les parece aumentar el precio de los libros un euro
para que la Sociedad General de Autores y CEDRO (Centro Español de Derechos
Reprográficos) cobren por adelantado el riesgo de que se vaya a prestar a un
amigo o vecino?
La ministra de Cultura ha dicho que no serán los usuarios
quienes paguen el canon por el préstamo. Está bien. Lo pagarán los presupuestos
de las bibliotecas: ¿será un gran éxito para los autores conseguir que haya
menos dinero para comprar nuevos libros? Al parecer hay muchos escritores que no
quieren que las bibliotecas les paguen por el préstamo de sus libros. Quizás se
pueda elaborar la lista de quienes renuncian a ese derecho y limitar las compras
de las bibliotecas públicas a los autores que se inscriban en ella. Una última
cuestión, ¿se aplica el canon a los libros prestados en bibliotecas de colegios?
Si es así debería crearse inmediatamente otro canon para dar un euro a cada niño
que consiga leer el Viaje a la Alcarria. Qué menos.



Vínculo: Richard Stallman y la apoteosis de la ciencia-ficción en materia intelectual.

Propaganda

Los principios de la propaganda



Goebbels era un genio de la propaganda. Su particular forma de
hacer política tiene mucho que ver con las teorías de P.
Quentin
. He aquí su doctrinario. Trate el amable lector de aplicar
estos principios a la actualidad política, nacional o foránea, da lo mismo.
Ponga nombres. Diga siglas. Busque en esta madeja de preceptos los que más se
adaptan a los principios ideológicos de algunos de los partidos políticos que
nos gobierna. Al hilo de la prensa, advierta también la rabiosa actualidad que
conllevan.

Principio de simplificación y del enemigo único Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".


Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.


Principio de la vulgarización. "Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar".


Principio de orquestación. "La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas". De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad". Una mentira dicha cien veces es una verdad siempre demostrable.


Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones. Cuando la información apabulla, no se puede asimilar. Cuando algo incomoda, hay que fomentar la creación de un punto de atención nuevo para hacer que se olvide pronto el que verdaderamente importa.

Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias. Vuelta al rumor: cuando alguien pretende que una mentira se imponga a la realidad sólo precisa construir un vehículo de transmisión adecuado.


Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas. Cuando no hay novedades explotables, es muy fácil y da muchos réditos acudir a la Guerra Civil o a la Santa Inquisición. La literatura, el cine y hasta las comidillas de bar facilitan este regreso a las catacumbas de la Historia por mor del beneficio de los partidos.


Principio de la unanimidad. Llegar a convencer mucha gente que piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.

«La propaganda es un intento de influenciar la opinión y la conducta de la sociedad de tal forma que las personas adopten una opinión y una conducta determinadas» Bartlett

Lecturas / lectores




Preguntaban a los oyentes en la radio sobre el último libro que habían leido. Los más daban título y autor y lo tenían fresco en la memoria. Solían ser el tipo de lector que acaba un volumen y empieza otro. Otros, en un desgraciado sin embargo, no se dejaban someter a un cuestionario tan íntimo, y revelador, y hablaban generalidades. Que si les gustaba la novela negra o los ensayos. Que si gustaban de Joyce o de Pérez Reverte, pongo por caso. Apunto yo mi último libro devorado y revelo el recién abierto ( Breve historia del saber, Charles Van Doren / El quinto día, Frank Schätzing )



¿ Tiene el amable lector también esos dos libros en la memoria reciente ? ¿ Libro acabado, libro empezado ? ¿ Leemos tanto, de verdad ?

17.3.07

LA CAJA KOVAK: Hitchcock & Bradbury









Tiene el thriller nacional escaso bagaje como para que obviemos esta pieza extraña en nuestra cinematografía que tiene valor por sí misma y por lo que representa. Lejos de la cicatería formal de otros productos del género, Daniel Monzón ( un crítico metido a director, el hombre cruzando el espejo ) se aferra al cine de Hitchcock, a sus tramas elásticas y elegantes, en débito con la literatura de Patricia Highsmith y con el cine de serie B de los sesenta ( ahí están los implantes y el malvado del film con guiños a los malos de la serie Bond o de un vulgar Fu-Manchú ). Tampoco falta la mirada agradecida a Ray Bradbury y a la golosa producción americana de los años 50 con amenazas psicotrónicas y tremebundas teorías sobre la alienación.
La caja Kovak es una película trepidante, pausada cuando es preciso, embastada con discretos apuntes cinéfilos y entonada como una sinfonía macabra cuyo final ( en unas muy bien aprovechadas Cuevas del Drach ) merece pasar a la Historia del cine patrio por la sencilla razón de que no estamos, en absoluto, acostumbrados a esa tufillo a final made in Hollywood.

La doctrina de Monzón es el entretenimiento, un meticuloso sentido de la filmación como vehículo de transmisión de contenidos amenos. Y la cinta, completa, es amena a más no poder. Se resquebraja por el artificio del guión, que da en ocasiones la impresión de estar muy forzado, aunque el guionista ( el propio Monzón junto al guionista de Alex de la Iglesia, Javier Guerricaechevarría ) engasta todos los excesos para que todo fluya mansamente, con un empaque a cine clásico estupendo. No en vano arranqué citando a Hitchcock ya que Monzón extrae de la estimable cátedra de Don Alfredo los giros y los retruécanos, los planos monumentales ( las escenas del aeropuerto, las acometidas de la cámara al vehículo que sortea las peligrosas carreteras de la costa ) y, sobre todo, la mecánica de la fascinación, esto es, la forma en que todo el film transcurre hasta su desenlace, que puede parecer ( también ) un punto forzado, pero no cabía otro salvo que entráramos en una más pura versión sci-fi, nada pertinente. Timothy Hutton, Lucía Jiménez y, sobre todo, David Kelly ( el abuelito de Charlie en su fábrica de chocolate ) están estupendos, aunque el papel de Silviia / Lucía esté desdibujada, no explicado con solvencia Si estamos aspirando a ganarnos un territorio en el thriller, no es cosa de pretender ( habida cuenta de nuestra holganza en todo lo que huela a riesgo ) colarnos ya con alfombra y fanfarria en la ciencia-ficción. Tiempo, no hay duda, habrá. Mientras a saborear películas españolas como ésta, tan gratas en lo formal, tan amenas ( insisto ).


Un comentario del director acerca de Gloomy Sunday, la canción que la cinta interpreta Billie Holiday y que fundamenta toda la trama:

"Es una canción muy especial que se llamaba Gloomy Sunday y que tiene una leyenda increíble. La escribió en 1933 un húngaro, Rezsô Seress, y después se suicidó. En los años siguientes, fue una canción prohibida en las radios de los Estados Unidos y de Gran Bretaña porque decían que era una canción que inducía al suicidio. De hecho, se comprobó que muchas personas suicidadas habían escuchado la canción antes de quitarse la vida. Se trata de una canción efectivamente muy triste, con algo muy especial y misterioso en ella, que es una de las canciones más versioneadas de la historia de la música. He intentando hacer que la película tenga un tono muy parecido a la canción, es decir, oscura, inquietante, pero con un gran romanticismo soterrado".



Sunday is gloomy

puede cantar Billie Holiday



My hours are slumberless

Dearest the shadows

I live with

are numberless

Little white flowers

Will never awaken you

Not where the black coaches

Sorrow has taken you

Angels have no thoughts

Of ever returning you

Wouldn’t they be angry

If I thought of joining you?

Seis aforismos

  Los espejos   Al mirarse en los espejos hay que precaverse. Duplican lo que no entendemos. A pesar de la luz, exhiben sin pudor nuestro le...