2.11.07

Un día en las carreras




-¿Ya has olvidado aquellas noches en la Riviera, cuando los dos contemplábamos el cielo? Éramos jóvenes, alegres, inocentes. La noche en que bebí champaña en tu zapato, dos litros. Hubiera cabido más, pero llevabas plantillas. ¡Oh, Hildegarda! No es que me importe, pero, ¿dónde está tu marido?
- ¡Ha muerto!
-Seguro que solo es una excusa.
-Estuve con él hasta el final.
-No me extraña que falleciera.
-Lo estreché entre mis brazos y lo besé.
-Entonces, fue un asesinato. ¿Te casarías conmigo? ¿Te dejó mucho dinero? Responde primero a lo segundo.
-¡Me dejó toda su fortuna!
- ¿No comprendes lo que intento decirte? Te amo. Pensarás que soy un sentimental, pero ¿te importaría darme un mechón de tu cabello?
- ¿Un mechón de mi cabello?
-Y no te quejes. Te iba a pedir toda la peluca. Cásate conmigo y tendremos nuestra propia familia.
-Oh, sería maravilloso. Y dime, cariño, ¿tendríamos una bonita casa?
- Pues claro, ¿no estarás pensando en mudarte?
- Temo que después de llevar algún tiempo casados encuentres una mujer hermosa y te olvides de mí.
- No te olvidaré. Te escribiré todas las semanas

1 comentario:

Tito Chinchan dijo...

Jajajajajajajaj,que diálogo, genial!!!

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